Kafka, el escritor que despreciaba las vacunas

Acantilado publica las nuevas investigaciones de Reiner Stach, biógrafo del autor de “El proceso”

Un retrato de Franz Kafka
Un retrato de Franz Kafka

Probablemente sea Reiner Stach la persona que más sabe sobre Franz Kafka en todo el mundo. Buena prueba de ello es la monumental biografía que hace unos años publicó en dos volúmenes Acantilado. Pero investigar sobre alguien como el autor de «El proceso» nunca puede ser un caso cerrado, aunque le hayas dedicado el más completo estudio de su vida y obra. Por esa razón, Stach ha seguido indagando y ha encontrado nuevas pistas, algunas de ellas pequeñas teselas que sirven para enriquecer un mosaico complejo. Fruto de esa labor es «¿Este es Kafka? 99 hallazgos» que publica Acantilado.

El libro recoge una serie de episodios, anécdotas y vivencias alrededor del escritor. Son, en muchos casos, puertas abiertas a seguir explorando el personaje. Como cuenta el mismo biógrafo en la introducción que lo que tiene el lector en este ensayo son una serie de hallazgos «en contextos infrecuentes, a una luz también poco frecuente, y rara vez nos ofrecen tonos fuertes o suaves». El conjunto, según Stach, «inadvertidamente nos aleja de los clichés y nos permite vislumbrar que tal vez merezca la pena probar otros caminos para acceder a Kafka».

Gracias a ese casi centenar de hallazgos podemos saber que el autor de «La transformación» en abril de 1911 conoció a Moriz Schnitzer, un fundamentalista de la medicina natural. Por el testimonio de Max Brod, amigo y albacea del escritor, sabemos que Kafka quedó encantado con los consejos que le dio Schnitzer y que fueron a «dormir con la ventana abierta, tomar el sol, dedicarse a la horticultura, inscribirse en la comunidad naturista y suscribirse a la revista que edita ésta, es decir, el propio fabricante. Despotricó de los médicos, la medicina, las vacunas». Y así fue porque Kafka siguió toda su vida esos consejos hasta el punto de hacerse suscriptor de la revista de Schnitzer y acariciar seriamente la idea de fundar una asociación dedicada a la homeopatía en Praga. El escritor llegó a donar dos coronas para una campaña contra las «vacunas obligatorias». Es también muy probable que respaldara la causa que empezó a promover Schnitzer a finales de 1918 contra la obligatoriedad de vacunarse contra la viruela.

Josef K está considerado como uno de los grandes personajes de la historia de la literatura de todos los tiempos. La persecución sufrida por él en «El proceso» todavía nos sobrecoge, pero ¿existió Josef K? Uno de los hallazgos de Stach va en esta línea. Como es sabido, Franz Kafka fue el más célebre de los empleados del Instituto de Seguro de Accidentes de Trabajo del Reino de Bohemia, en Praga, donde, entre otros cometidos, se encargaba las primas vinculadas con los seguros de accidentes que debía pagar cada empresa de la región de Bohemia del Norte. Por Brod sabemos que el autor de «América» se identificaba con algunas de las víctimas destacando de ellas su modestia. «En lugar de asaltar el instituto y romperlo todo en pedazos, vienen rogando», le dijo a su amigo. Lo que probablemente desconocía Kafka es lo que apareció en el «Prager Tagblatt» del 31 de diciembre de 1899, mientras estudiaba secundaria. Se trataba de una noticia en la que se señalaba que «el jornalero desempleado Josef Kafka, de Rotor, cerca de Cáslav, se personó hace dos días al mediodía en el Instituto de Accidentes de Trabajo para reclamar una prestación de asistencia. Como rechazaron su demanda, insultó a los empleados, les arrojó las sillas y cuando los funcionarios trataron de reducirlo, los amenazó con su navaja. Se llamó a un guardia de seguridad y solo entonces lograron quitarle el cuchillo. El hombre fue trasladado al Departamento de Seguridad de la Dirección de Policía». No se ha podido establecer si Josef y Franz Kafka eran parientes lejanos, pero parece que en esta noticia hay ecos de lo que luego fue «El proceso».

Gracias al libro sabemos que Kafka era un tipo divertido y sociable, con solamente un enemigo conocido, el escritor Ernst Weiss, tal vez molesto por el hecho de que Franz nunca habló de sus trabajos literarios en la Prensa. También se nos apunta que Kafka y Brod visitaron los burdeles de Praga, Milán, París y Leipzig. En una de las entradas de su diario, la del 18 de enero de 1922, Kafka recogería alguna pista sobre el tema: «El s. [exo] me acosa, me tortura día y noche, yo, para satisfacerlo, tendría que vencer mi miedo y mi vergüenza, y sin duda también mi tristeza».

La reciente llegada de los papeles de Max Brod a la Biblioteca Nacional de Israel tras años de largos y kafkianos procesos servirá para que sigan apareciendo nuevas e inéditas historias sobre el escritor. Reiner Stach ha abierto esa puerta.