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Rubén Ochandiano contra la corrección: “Estoy aburrido de no poder decir nada”

El autor y director de “El alivio o La crueldad de los muertos”, abre la programación de Teatros del Canal con una farsa que critica el discurso biempensante de algunos artistas

"El alivio o La crueldad de los muertos" estará en la cartelera madrileña hasta el 19 de septiembre
"El alivio o La crueldad de los muertos" estará en la cartelera madrileña hasta el 19 de septiembre Alberto Ortega Europa Press

El mundo de la imagen y de las redes sociales crea arquetipos a los que parece que hay que pertenecer si queremos ser socialmente aceptados. En ellas proyectamos la cara más más feliz, y guardamos ese lado oscuro que todos llevamos dentro, como si la tristeza y el dolor no tuviesen cabida en este mundo de imágenes virtuales que se expone públicamente. Esta dicotomía entre el ser y el parecer parece agudizarse en personajes públicos, como los artistas, cuyo discurso biempensante no siempre concuerda con su realidad diaria y es aquí donde el actor y director Rubén Ochandiano ha puesto el acento con “El alivio o La crueldad de los muertos”, una farsa que define como “tragicomedia irreverente y salvaje sobre la creación del mal, que pone de manifiesto el frecuente vacío de este discurso panfletario con el que hemos decidido habitar una conciencia social performativa que tiene más que ver con aquello que muestro que defiendo más que con lo que defiendo de verdad”, afirma. Su estreno absoluto abre la programación de los Teatros del Canal con un elenco formado por Natalia Moreno, Sergio Mur, Jessica Serna, Tomás Pozzi, Alicia Rubio y Albert Mèlich.

La historia está contextualizada en películas como “Eva al desnudo” o “El ángel exterminador” de Buñuel y se acerca a esos personajes de Brecht en “La boda de los pequeños burgueses”. La noche de su cumpleaños, Nata invita a sus amigos íntimos para celebrarlo. Mientras beben y bailan, la fiesta es servida por Jessica, una mujer latina de mediana edad que será testigo de las mentiras, complejos y prejuicios de estos personajes. El alcohol, la ansiedad y el devenir de la noche darán lugar a un fin de fiesta inesperado. “Jessica, verdadera protagonista de la historia, es el hilo conductor, la mirada externa a este grupo de artistas suscritos al pensamiento único, la que está fuera de ese clan”, explica Ochandiano. “Trato de retratar esta tendencia que nos pasa un poco a todos de ver hasta dónde reconocemos quienes somos, en qué momento empezamos a darnos vergüenza y metemos debajo de la alfombra según qué conductas”.

Una de las escenas de la obra que dirige Rubén Ochandiano
Una de las escenas de la obra que dirige Rubén Ochandiano Alberto Ortega Europa Press

“La función es una farsa contra lo políticamente correcto –afirma el autor–. Estoy aburrido de no poder decir nada, que haya que plantearse siete veces si puede o no puede decirse según qué. Entiendo que es un mal de nuestro tiempo y que cualquier movimiento tiene que pasarse de frenada para encontrar luego su lugar natural, pero vivimos una realidad en la que hay que cogérsela con papel de fumar”. Y habla de “la pandemia del primer mundo: la insatisfacción crónica y la incapacidad para ser felices, la neurosis de siempre querer más, de que nunca es suficiente”. Los personajes son actores “porque si hay un colectivo que busca esto de manera desesperada, anclados a menudo en la adolescencia, que anda buscando el bienestar a cualquier precio a través de gurús, terapeutas, acupuntores, terapias, químicos… ese es el de actores, que somos muy dados a esto –afirma– y para hacer comedia me venía muy bien, era un vehículo perfecto para contarlo, un grupo de artistas “políticamente concienciados”, empeñados en adherirse a todas las causas, a veces sin saber de lo que está uno hablando, solo para formar parte del clan, como sucede de manera más acentuada en los últimos años”.

¿El objetivo era interpelar al espectador? “No, lo que yo quería era escribir una historia de amor, que era lo que me apetecía, pero al final acabo escribiendo de las cosas que me hacen reír y del colectivo que conozco, al que más le veo las miserias porque son las mías y las de mi entorno, quería hablar de las cosas que nos movilizan. Esto se juntó a una noticia que leí hace tres años en Nueva York de una trabajadora doméstica y pensé que era una buena mezcla, lo que ocurrió fue que según iba escribiendo me daba cuenta que era material sensible y al ponerla en pie comprobamos que resultaba irreverente, un poco salvaje y muy punki, que resulta agresivo contarlo así y esto hace que la función sea más peligrosa de lo que mi mirada veía, aunque el objetivo no fuese provocar per se. Desde ahí sí siento que puede cuestionar al espectador, hacerlo sentirse incómodo en la butaca, pero envuelta en una estética de farsa y dando espacio al humor, entra mejor”. Y concluye: “Reconozco que llegando a este punto me da morbo, porque también como espectador me excitan los productos, las películas, las funciones que me llevan a ese lugar, aunque no fuese la intención inicial”.

  • Dónde: Teatros del Canal (Sala Verde), Madrid. Cuándo: hasta el 19 de septiembre. Cuánto: entre 9 y 25 euros.

NATA MORENO, LA PROTAGONISTA

Los personajes toman prestados los nombres reales de los actores, con ello Ochandiano trata de difuminar la barrera entre el actor y el personaje. “Hay algo metateatral, jugar a que ellos son los que están viviendo esa historia”. Nata Moreno, la protagonista, afirma que su personaje “tiene mucho que ver conmigo, una mujer directora, que escribe guiones, gran anfitriona y también con un lado oscuro que hay que encontrar para hacer esta función si quieres ser honesto y mostrar al público realmente de qué va esta farsa –afirma–. Se descubren cosas que normalmente intentamos tapar porque vivimos en un mundo de imagen, de redes donde solo mostramos felicidad, la foto estupenda, el niño bonito, el barco cada vez más largo y nuestra propuesta es contar cómo llegas ahí, cómo sudas, cómo llora tu hijo, cómo estás el día que te levantas mal”.
Por otro lado explica que “los temas que tocamos hemos tenido que debatirlos porque estamos muy sensibles, las pieles están como de seda. Creo que vivimos en la sociedad de la ofensa. Esta propuesta apuesta por una mirada un poco punki, que toca ciertas zonas o llagas que social y políticamente son algo incorrectas de tocar y a mí me parece bueno hacer esto –señala–, el teatro siempre ha sido un espejo de la realidad y es bueno que nos podamos tomar esta libertad de no ser tan correctos”. Y apostilla: “Aprender a reírse de uno mismo es un reto sanador, divertido y liberador, ya está el mundo bastante serio como para no reírnos”.
"El alivio o La crueldad de los muertos" ocupa la Sala Verde del Canal
"El alivio o La crueldad de los muertos" ocupa la Sala Verde del Canal Alberto Ortega Europa Press