Cine

Ulisses, un “prisionero” con memoria que apunta al Goya

Albert López, cuidador original de la mítica orca del zoo de Barcelona, se reencuentra con ella un cortometraje documental nominado al Goya

La orca Ulisses en su pecera del SeaWorld de San Diego, observada por Albert López
La orca Ulisses en su pecera del SeaWorld de San Diego, observada por Albert López

Han pasado casi treinta años, pero si hay un día que el adiestrador Albert López recuerda a la perfección es el 9 de febrero de 1994: «No sé si habría hecho algo distinto, y aunque luego me marché a San Diego para supervisar el traslado, fueron días tristes», explica en entrevista con LA RAZÓN. Aquel día fue en el que se concretó la «mudanza» de la mítica orca Ulisses del zoo de Barcelona a su nuevo hogar en Estados Unidos. Aquel evento, que abrió incluso los informativos, ponía en cierto modo fin a la estrecha relación entre el cuidador y el animal, que había llegado a la Ciudad Condal en julio de 1983 y durante años compartió protagonismo con el mismísimo Copito de Nieve.

«Ulisses», la película de Joan Bover nominada al Goya a Mejor Cortometraje Documental, narra la historia del traslado, la de los años de la separación y la de un reencuentro en San Diego justo antes de que llegara la pandemia: «No soy alguien que mire mucho hacia atrás, así que no he perdido mucho tiempo pensando en qué podría haber hecho distinto o mejor», confiesa López sobre un traslado que, en el fondo, podría haberse evitado con más esfuerzo por parte de la administración. Y sigue: «Con Joan (Bover) rodamos como para siete largometrajes, pero lo que se ve en el corto, creo yo, es lo más verdadero. No hay diálogos, solo se escuchan las narraciones de las noticias. No hay confesiones o grandes revelaciones, solo el contexto del reencuentro que se pudo organizar. Es un documental que apela a los sentimientos», añade convencido.

La película, redonda en lo estético y contenida de manera extraordinaria en su relato, es también una especie de alegato animalista contra el cautiverio. López es tajante: «Los zoológicos no tienen sentido en 2022. Tampoco lo tenían en 1983, pero ahora creo que es algo más obvio. Hay que recordar siempre que el último lobo de Tasmania murió en cautividad. La conservación de la especie no puede ser nunca la excusa para la destrucción de su hábitat, es como poner una tirita en una herida ya infectada. Nuestros esfuerzos como sociedad deben centrarse en dotar de hábitats a esos animales, para que la vida pueda volver a brotar y mantenerse de forma natural», opina vehemente, antes de seguir, sobre documentales como «Blackfish» o «Tiger King» que, desde perspectivas distintas, han abordado la misma tesis: «El cine tiene un poder inmenso. La gente no es consciente, pero es que una película como “Buscando a Nemo”, que no puede dejar más claro que hay que dejar a los peces en su hábitat natural, casi extingue a los peces payaso. Y algo parecido ocurre con “Blackfish”, que ni mucho menos ha vaciado SeaWorld después de las atrocidades que se han demostrado que cometió. Las entradas valen más de cien dólares», recuerda indignado López que, sin desvelarles el final del documental, se convierte por mérito propio en una de las grandes historias del cine español de este curso.