José Mercé.
José Mercé. FOTO: Gonzalo Pérez Mata La Razón

José Mercé: “cuando un hijo muere, nunca se puede olvidar”

El de Jerez de la Frontera publica “El Oripandó”, su trabajo más personal y autobiográfico escrito y producido por Antonio Orozco, una obra entre el flamenco y la vanguardia

Bisnieto de Paco de la Luz, sobrino de Manuel Soto Monje y primo de Vicente Soto “Sordera”, José Mercé pertenece a una saga de patriarcas del cante gitano que lleva el flamenco en las venas. Se crio en el barrio de Santiago de Jerez, donde lo llamaban “El Rubio” y cantó la escolanía de la Merced, a la que debe su nombre artístico. La vida le ha dado alegrías, pero también golpes muy duros como la muerte de su hijo Curro. En “El Oripandó”, el vigésimo álbum de su carrera que salió ayer a la venta, Mercé se abre por dentro y habla por primera vez de esos momentos tan difíciles. Un disco compuesto y producido por Antonio Orozco, que cuenta con las colaboraciones de Pablo López, Lang Lang, Dorantes, Mala Rodríguez y Tomatito. Según Orozco: “Así vive, así ama y así respira José Mercé”.

¿Considera que ha llegado el momento de contar su vida?

Sin lugar a dudas era el momento justo, de poder liberarme. Después de tantos años quiero decirle a la gente lo que soy, mi historia, mi mundo, mi familia, mi gente, y así ha sido.

¿Cómo surge este proyecto?

Al coincidir con Antonio Orozco en el programa La Voz, le dije: Me gustaría hacer algo contigo. Él calló, pero otro día me preguntó muy serio si mi propuesta era verdad. Creo que eres el único que tiene la sensibilidad para entenderme. A partir de ahí, miles de conversaciones con mi familia para saber todo de mí y el resultado es mi vida plasmada en esta obra, porque, más que disco, prefiero llamarla así.

José Mercé.
José Mercé. FOTO: Gonzalo Pérez Mata La Razón

¿Podría haberla hecho alguien que no fuera Antonio Orozco?

Imposible, he tenido la gran suerte de dar con la persona ideal. Era algo que tenía dentro y quería sacar, pero debía encontrar quien supiera explicarlo y nadie mejor que él. Hemos estado tres años trabajando en este proyecto, pero disfrutando mucho y aprendiendo de él, porque esta es una nueva forma de decir las cosas.

¿Cuesta mucho desnudarse emocionalmente?

Muchísimo, pero me ha hecho feliz sacar todo lo que llevaba dentro. Sacar toda esa pesadumbre ha sido una liberación personal, casi una terapia, un poner las cosas en su sitio. Me ha hecho sentirme otra vez como un niño con los juguetes de los Reyes. Estoy convencido de que esto es un antes y un después en mi carrera profesional. Y esto ocurre cuando se hacen las cosas de verdad, con corazón, sentimiento y queriéndolo, si no es imposible.

¿Es su disco más arriesgado?

Es muy vanguardista, yo siempre he tratado de arriesgar, pero como en este en ninguno. Quiero mostrar algo nuevo, que no sea más de lo mismo, algo que me dicte el corazón, que lo sienta y me llene y, si puede ser, que tenga un poco de revolucionario.

Suena a Mercé, pero también a Orozco

Por supuesto, el sello de Antonio está ahí claramente, pero también suena a siglo XXI.

Mezcla el flamenco, ¿dirán algo los puristas?

Hay algún tema pop, pero los cánones principales del disco están basados literalmente en el flamenco. La música flamenca es tan grandiosa, que cabe de todo. Hay una bulería que es rock, hay tango, taranto, cartagenera, martinete con el yunque y martillo, que es lo más puro y primitivo, la toná, la debla, y canto una rumba donde entra Mala Rodríguez rapeando, pero todo tiene un sentido.

¿Hay que evolucionar?

En todos los conceptos, como en la vida. En el argot del flamenco, el cuarto de los cabales lo vamos a tener siempre, la ortodoxia, pero esto no significa ser menos puros, el que hace el cante grande o chico es el intérprete. En el mundo del flamenco, el fandango es un cante pequeño, la bulería festero y la seguiriya o la soleá son cante grande, pero si quien lo canta no transmite nada, dónde está la grandeza.

José Mercé.
José Mercé. FOTO: Gonzalo Pérez Mata La Razón

Hay letras que son los testimonios de sus hijas y nietos.

Me emocioné y eché a llorar al cantarlas sin saber por qué, no sabía que las letras eran sus palabras grabadas por Antonio. Cuando me lo enseñó me rompí de la emoción porque mi familia es lo más grande, son los que me hacen seguir, y si tengo ilusión y ganas trabajar es por ellos, que son los que me llevan, en especial mi mujer.

“Jamás desaparece lo que nunca parte” está dedicada a su hijo.

Aunque uno no sepa de qué va, es un tema que emociona, al hacer el videoclip, había gente llorando sin saber de qué trataba. La letra es dura y profunda, pero está explicada con una sensibilidad que se saltan las lágrimas porque es todo corazón, emoción y alma. El título ya lo dice, jamás desaparece lo que nunca parte.

¿El olvido existe?

No puede existir, cuando se muere un hijo nunca se puede olvidar, siempre está presente, nunca hablamos de él en pasado aunque falta hace 28 años, sigue con nosotros y ha estado en este trabajo y si esto ha salido bien es porque es verdad que está, es algo que no desaparece ni se olvida nunca. Tengo claro que si estoy donde estoy es por él.

¿Qué significa Oripandó?

Es el sol en gitano, el nuevo día.

¿Este disco es un nuevo amanecer en su vida?

Por supuesto, lo empezamos en las tinieblas, en lo oscuro de la mina, que es la tristeza, con un taranto y una cartagenera, hasta que amanece y sale el sol, que es la luz del día, la alegría, el nuevo amanecer, eso significa el Oripandó. Y hoy me siento hoy con más ganas que nunca.