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Alaitz Leceaga, la marca del destino

La escritora debuta con “El bosque sabe tu nombre”, la historia de dos hermanas marcada por una maldición familiar ambientada a principios del siglo XX

  • Una imagen del País Vasco a principios del siglo XX
    Una imagen del País Vasco a principios del siglo XX
Madrid.

Tiempo de lectura 4 min.

03 de julio de 2018. 16:25h

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J. Ors.  Madrid. 3/7/2018

Una familia, una maldición y unas hermanas gemelas: Estrella y Alma, hijas de los marqueses de Zuloaga, que crecen entre bailes y grandes comodidades sociales. La escritora Alaitz Leceaga (Bilbao, 1982) debuta en la novela con “El bosque sabe tu nombre” (Ediciones B), una historia que comienza en la década de los años veinte de la pasada centuria en el pueblo inventado de Basondo, una aldea encaramada sobre las inquietas y abisales aguas del mar Cantábrico, y que narra el devenir de una niña, tocada con un talento especial desde su nacimiento, que tendrá que afrontar su don y los secretos sobre su linaje que permanecen ocultos.

El encuentro casual de un zapato rojo entre las rocas de un acantilado desencadenó la imaginación literaria de esta autora, lectora voraz de escritoras y novelistas, quien reconoce sin titubeos su larga deuda de aprendizaje hacia obras literarias como “Cumbres borrascosas”, una obra acuñada bajo el signo de la pasión. “Lo primero que me pregunté es qué hacia ese objeto allí. ¿Cómo había llegado? Después tuve la imagen mental de las dos hermanas cogidas de la mano. A partir de ahí la narración creció”, comenta la autora durante un viaje por los escenarios que dieron alas a su fantasía. A partir de ese momento, la historia fue internándose por caminos imprevistos, impregnados de misterio y extrañeza en este libro que está dividido por los cuatro elementos esenciales citados por los filósofos griegos, tierra, aire, fuego y agua; una mención que, en el fondo, es una sutial y secreta llamada hacia lo telúrico, las presencias atávicas que todavía permanecen vivas hoy en día en nuestra conciencia, y quizá una adecuada metáfora de las fuerzas que mueven el espíritu de Estrella, la inquietante protagonista.

“Ahora existen muchas obras que han comenzado a mirar hacia la mitología vasca. Yo conozco muchas de estas historias desde pequeña porque me las solían contar a menudo. Es cierto que existe un auge de lo sobrenatural, pero para mí, no son más que los cuentos que escuchaba cuando era una niña, cuando estaba en el colegio, o que leía en los libros que estaban a mi alcance. Muchas de ellas las aprendí a través de mi madre. En cierta manera, todas esas narraciones constituyen mi primer acercamiento a la literatura. Y es interesante, porque, en realidad no las lees; son historias que te van relatando cuando todavía eres un niño. En el País Vasco, la mitología, los cuentos relacionados con las hadas, son muy cercanos y se transmiten de una generación a otra de una manera natural.

Estas leyendas te abren las puertas a otros mundos que tenemos a nuestro alrededor. Eso es fundamental. Yo estoy marcada por ese conjunto de narraciones y es una lástima que por la vida que llevamos, ahora los padres no se las puedan transmitir a sus hijos”.

El fatídico augurio, la sombra de una leyenda que pesa sobre la familia protagonista, y que sostiene que una de las dos niñas morirá antes de alcanzar los quince años será el motor que pondrá a funcionar una serie de elementos fantásticos, como la perturbadora amenaza que representa el bosque, la presencia merodeadora de un lobo y el desasosegante don que posee Estrella, que, a lo largo de la novela viajará y tendrá que defender con uñas y dientes el legado de su sangre. “Un talento es una bendición o una maldición dependiendo de tus circunstancias de los círculos en los que te desenvuelves. Lo que puede ser una losa al principio, luego no tiene por qué serlo. Al principio, Estrella siente unos enormes celos de su hermana, pero luego, según se va conociendo a sí misma, y más cosas va descubriendo sobre su don, lo que le parecía de antemano como algo malo acaba convirtiéndose en una aceptación de sí misma”. La novelista reconoce que se vio atraída desde el principio por “la percepción que tiene Estrella de sí misma y la que tienen los demás de ella, que en ocasiones no es muy positiva, ya que se ve como una muchacha mala o una pecadora o una esposa terrible. Siempre me han atraído ese modelo de mujeres, que se tratan tan poco en la ficción, pero, como se puede ver en mi novela, Estrella comienza como alguien ambiguo, pero acaba evolucionando hacia otro carácter”. Leceaga bromea con la posibilidad de que un personaje como Estrella tuviera Twitter: “Podría ser una “star” respondiendo o diciendo cosas terribles. Pero este es un tema esencial: Hay un salto entre cómo nos percibimos a nosotros mismos y cómo nos ven las demás personas: entre la imagen que queremos dar y cómo nos están juzgando los de enfrente. No hay forma de cambiar lo que ha pasado, ni tampoco existe una manera de cómo nos van a juzgar. Estrella tiene una gran personalidad y le da igual. Ella piensa: soy así, y no voy a cambiar”.

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