Antonio J. Rodríguez: "El mensaje político hoy está en cada gesto y tuit"

Publica «Candidato», una novelización de las actuales campañas electorales a través de un profesor universitario que salta a la política.

fOTO: Miguel González/Shooting
fOTO: Miguel González/Shooting

Publica «Candidato», una novelización de las actuales campañas electorales a través de un profesor universitario que salta a la política.

Antonio J. Rodríguez se ha desmarcado con una novela que opera como espejo o metáfora del juego de ambiciones y vanidades que rodean la cancha de la política. «Candidato» (Random House) es el relato vertiginoso de Simón Soria, un profesor universitario timbrado con el manido membrete de intelectual que desembarca en la cosa pública, ese proscenio abundante en cinismos y paradojas donde los ideales deben confrontarse con la realidad. «La actualidad política me ha inspirado el libro –asegura el autor–, que en los últimos tiempos está caracterizada cada vez más por los giros rápidos de guión. Casi imitan los de las series. Y podemos detectarlo en todas las latitudes, en las nacionales y las internacionales».

–¿«Series» ha dicho?

–Si atendemos a los acontecimientos recientes en España, vemos giros argumentales que antes habrían sido impensables. Las últimas elecciones las ha ganado un tipo que hace dos años estaba quemado, pero que se ha sobrepueto a los problemas de partido y de su presidencia anterior. Hay una serie de narraciones aceleradas de un dramatismo que hace pensar en que la realidad imita a la ficción.

–¿Simón Soria surge de...?

–Es la intersección de dos tipos de políticos: los telegenéticos, hábiles con las nuevas comunicaciones, finos a la hora de lanzar mensajes seductores, y otros que se han fraguado en el escándalo. Es una mezcla.

–¿El programa electoral actualmente es telegenia?

–En parte. Hoy es importante la manera de vender el propio producto político. Hace diez años no existían estas opciones políticas ni esta competencia. El mensaje político hoy está en cada gesto, en una foto, un tuit, en la indumentaria. Esto acaba generando un mensaje que es telegenético. Se está sofisticando la manera de hacer política.

–¿Qué piensa del populismo?

–Es como si partieran de la impefección radical. Me llama la atención que en el inicio de la campaña de Trump en 2016, todos le daban por perdedor por los errores que cometía y eso creó, una especie de efecto óptico de que partía de una posición tan baja que lo único que podía suceder es que se mejorase a sí mismo. Era una campaña política con unos estándares tan bajos...

–¿Cuál es su opinión sobre esta política de aspecto moderno y economía conservadora?

Hay una nueva política que aspiraba a ser moderna, representar progresismos liberales europeos pero que ante la incapacidad de encontrar el electorado que deseaba se ha ido desplazando hacia posiciones conversadoras. Este movimiento obedece al puro cálculo electoral: si quiero aspirar a tener poder y el electorado no me sigue o no existe, cambio las ideas. Es una situación interesante para seguir en estos momentos de cálculo político.

–¿La gente, para los políticos, es algo más que un votante?

–La reacción de un candidato con la gente no dista demasiado de ser un ejercicio comercial. Comporta representar un papel, una dramatización y representación. Estamos en un instante en que esta teatralización resulta muy llamativa.

–¿La biografía es la carta de presentación de un candidato en la actualidad?

–Es muy relevante en el siglo XXI. Obama ha sido clave a la hora de entender el márketing político. Cuando estaba explotando el fenómeno Obama, ya vimos la manera de hacer política de Berlusconi, su manera de usar con habilidad los medios. Esta manera de «Storytell» o desarrollar una marca es importante. Uno de los roles con los que cumple un candidato político es ser un embajador del partido o de las ideas del partido. Todo lo que haga, su manera de contarse a sí mismo, tiene que ser reflejo de las ideas que quiere defender.

–¿En qué quedó la ilusión que despertó el 15M en la ciudadanía?

–Una de las vueltas de tuerca más llamativas es cómo el electorado progresista había regresado a un elogio del reformismo. Cuando estas iniciativas lo hacen como respuesta frontal al «mainstream» político. Ahora nos hemos encontrado con una suavidad de las posiciones en los últimos comicios. Ese relato se ha convertido en una especie de muleta del partido socialista para evitar males mayores. Estos giros afectan incluso a que una marca desilusionante como la del PSOE, vuelva ilusionante.