Cultura

Arte “degenerado”: las obras que odiaba Hitler (y que al pueblo le encantaron)

Es una de las muestras más controvertidas del siglo XX. Hitler la concibió como un ejemplo de los valores que no debían proliferar en el Reich, sin embargo, al público le encantó y asistió en masa en busca de “lo moderno”

La portada de la guía para la exposición.
La portada de la guía para la exposición. FOTO: Otto Freundlich Otto Freundlich

El 19 de Julio de 1937 se inauguraba en Alemania la exposición de arte “degenerado”. En ella se albergaba todas las piezas que Hitler desaprobaba: principalmente, obras modernas. Aunque el Führer declaró que en el Reich no habría lugar para la experimentación modernista, la realidad no dejó dudas de que el público tenía preferencias bien diferentes a las del dictador, pues aquellas artes acapararon el interés de muchos.

El primer acto controvertido fue la “limpieza” cultural, que comenzó inmediatamente después de que Hitler llegase al poder en enero de 1933. Consistía en quemar libros en eventos públicos, a la vista de os ciudadanos. Tras esto, los artistas y músicos fueron despedidos de sus puestos docentes, y los curadores que habían mostrado parcialidad por el arte moderno fueron reemplazados por miembros del Partido. Unos meses después, en septiembre de 1933, se estableció la Reichskulturkammer (Cámara de Cultura del Reich) encabezada por Joseph Goebbels.

La idea de crear una exposición separada de arte “malo” fue concebida por el propio Goebbels para separar el arte que Hitler prefería del que se consideraba una amenaza para la nueva nación que se estaba formando. Se confiscó arte moderno, “degenerado” y “subversivo” en todo el Reich, especialmente obras de la era Weimar, que se consideraba como la “era de la decadencia” porque la república de Weimar fue la cuna del expresionismo en pintura y escultura, además de ser un momento de referencia para la vanguardia.

Y así se legó a la “Entartete Kunst”, el nombre original de la muestra, donde se recopilaron un total de 650 pinturas, esculturas, grabados y libros en el Instituto de Arqueología del Hofgarten. El edificio era oscuro, con escaleras estrechas y pequeñas habitaciones. Las obras se exhibieron de manera caótica y en el amplio abanico se podían encontrar artistas como Ernst Ludwig Kirchner, Max Beckmann, Marc Chagall, Henri Matisse, Jean Metzinger y Pablo Picasso.

Frente a este arte “degenerado” se organizó simultáneamente la “Gran Exposición de Arte Alemán” (”Grosse deutsche Kunstausstellung”), que, aquí sí, se mostraban piezas celebradas y aprobadas por el Reich. Se estrenó en la palaciega Haus der deutschen Kunst (Casa de Arte Alemán) con una gran presentación, sin embargo, “Entartete Kunst” recibió tres veces más visitantes que la cercana “Grosse deutsche Kunstausstellung”.

La “Exposición de Arte Degenerado” permaneció en Hofgarten durante cuatro meses, tras lo cual se trasladó a Berlín y otras once ciudades de Alemania y Austria. A pesar de este éxito, muchos de los artistas señalados se exiliaron por temor a perder la vida. Max Beckmann, por ejemplo, huyó a Ámsterdam el mismo día de la inauguración, mientras que Ernst Ludwig Kirchner se suicidó en Suiza.

Después de la muestra se quemarían casi 4.000 obras de arte. Aproximadamente 300 de las piezas expuestas fueron compradas por el marchante de arte Hildebrand Gurlitt, que las reunió en secreto, y otras 250 fueron salvadas por la pareja Sophie y Emanuel Fohn.