Cultura

Arte computado

El arte que nació con el primer ordenador que llegó a Madrid

Sucedió en 1968, cuando una supercomputadora fue la aliada de unas artistas adelantadas a sus tiempos. Hoy sus obras compuestas por aquella máquina, cobran valor.

Obra de Ana Buenaventura realizada con computadora
Obra de Ana Buenaventura realizada con computadora Galería José de la Mano

Habría que preguntar quienes en estos días nunca han tocado una computadora, quién no maneje más o menos un ordenador actualmente está digamos “fuera de juego”. No nos ha quedado más remedio que ponernos las pilas y lanzarnos a “hablar” con las máquinas. Podría eliminar las comillas cuando me refiero a comunicarnos con las computadoras porque hasta esto de “hablar” con ellas, lo podemos hacer. Echemos la vista atrás e intentemos recordar cuándo y cuál fue nuestro primer contacto con un ordenador, desde luego, que si hablo por mi, podría haber sido en los años ‘80, recuerdo que era un aparato enorme, pesado, blanco o beige, las letras en la pantalla creo que eran verdes, el teclado era enorme, se tardaba una eternidad en cargar la información pero era emocionante cuando aparecía. No era para nada la herramienta que utilizaba para trabajar ni mucho menos para “vivir” como lo es ahora.

Es muy interesante descubrir a los afortunados que tuvieron contacto con la primera computadora que llegó a Madrid. Este pedazo de aparato que según me cuentan, llegó a la Universidad en los años ‘60s, ocupaba un salón entero en el edificio que se había construido para albergarla. Con la llegada del aparato, nació el Centro de Cálculo. La gran máquina la había donado la compañía IBM. Leía 250 tarjetas por minuto y la impresora sacaba 600 líneas en el mismo tiempo. El ordenador se utilizó para dar servicio a los diferentes departamentos de la Universidad y la vez, se crearon seminarios para investigar el uso de las nuevas técnicas de cálculo informático en diferentes sectores y entre ellos el del arte. Uno de estos seminarios estuvo dedicado a la Generación Automática de Formas Plásticas.

Con semejante aparato, se hacían experimentos en diferentes áreas y algunos de ellos fueron sobre las bellas artes. Algunas mujeres inquietas, inteligentes y creativas, llegaron a ese Centro de Cálculo de la manera más casual. Así lo vivió Ana Buenaventura (Madrid, 1942) y lo cuenta a La Razón: “Suspendí un examen pre-universitario y me enfadé tanto, que me puse a trabajar con mi padre que era un peletero conocido, Arturo Buenaventura. Me fui a trabajar con él porque a mí me gustaba dibujar, más adelante lo hice con mi marido que era arquitecto, empecé a “jugar” dibujando y dándole color a las plantas de los edificios que ellos proyectaban, al final me convertí en la colorista del estudio”, afirmó durante la entrevista.

Anna Buenaventura en el stand de la galería José de la Mano en la feria Estampa 2022
Anna Buenaventura en el stand de la galería José de la Mano en la feria Estampa 2022 Alicia Romay

Ana descubrió que había una computadora en la Universidad de Madrid y allá que se fue, no faltó a ninguno de los seminarios que ofrecía el Centro de Cálculo de la Generación automática de Formas Plásticas, que fue coordinado por Ignacio Gómez de Liaño:

”Los trabajos realizados con computadoras en los diversos campos del arte - pintura, música, poesía - no tienen todavía un valor definitivo, pero dan una idea de las posibilidades de producción de estos instrumentos no-convencionales. Así, por ejemplo, se dejan entrever posibilidades de producción de films abstractos de grafos animados, aun cuando los hasta ahora realizados tengan solo un valor parcial. Donde realmente las perspectivas son ya satisfactorias es en el campo del estudio teórico de la “esencia del arte”, de las leyes que rigen la estática y constituyen por tanto un análisis objetivo de la belleza. (ESTÉTICA CIBERNÉTICA Por H. W. Franke). Es parte del texto de uno de los cursos.

Tanto Ana como otras personas, se reunían todas las semanas para aprender a comunicarse con el enorme aparato, para ello, pedían ayuda a los chicos que estudiaban “exactas” y que entendían el “lenguaje” de la computadora. Ana lo que buscaba era ver el resultado de lo que ella dibujaba, hasta encontrar alguna figura que le convenciera. Era una ciencia que acababa de nacer. Esto sucedía en el año 1969. Compartía sus responsabilidades de madre con sus dibujos a la vez que su participación en diversas actividades, como la de la Exposición de las formas computables”. Una de las tramas que Ana Buenaventura creó, ganó el premio de diseño textil en 1973 y como ella misma asegura: “Lo hacía solamente porque me divertía y aprendí muchísimo”.

En la conferencia que ofrecieron ella y otras compañeras de esa generación en la feria Estampa reciente comentó: “Durante más de 50 años, todos los trabajos que hice estuvieron guardados, y cuando los descubrieron dijeron: ¡pero si todavía está viva!”.

Obra de Ana Buenaventura
Obra de Ana Buenaventura Galería José de la Mano

Los informáticos de la época, científicos, arquitectos y lingüistas, se reunían para ver cómo funcionaba la única computadora que había en España. En 1969, se inició de esta manera, la investigación entorno a la informática a los procesos creativos. A veces, la computadora, después de procesar la información, daba como resultado imágenes estilo collage o como si fueran pinturas de acrílicos sobre lienzos. Este lugar, en aquella época, se convirtió en un espacio de libertad , así lo calificaron durante su intervención en IFEMA, algunas de las artistas que tuvieron el privilegio de trabajar con el gran ordenador.

Soledad Sevilla y Ana Buenventura en la feria Estampa 2022
Soledad Sevilla y Ana Buenventura en la feria Estampa 2022 Alicia Romay

Soledad Sevilla (Valencia 1944), también vivió muy de cerca el momento del aterrizaje de la nueva tecnología. No dudó en participar en el Seminario de Generación Automática de Formas Plásticas en el Centro de Cálculo de la Universidad Complutense de Madrid, pero su historia es diferente. Ella nació artista y su biografía sigue creciendo sin dar ningún esbozo de tregua.

Fue una pionera española en el ‘pop art’ y la abstracción geométrica. Tiene una lista larga de reconocimientos, entre otros, obtuvo el Premio Velázquez de Artes Plásticas en 2020. Durante la breve charla mantenida con ella, recordó aquella época del Centro de Cálculo: “Nací en Valencia y estudié Bellas Artes. Cuando la familia se trasladó a Barcelona continué mis estudios. Me vine a Madrid porque me casé con José Miguel Prada Poole que fue arquitecto y empecé a asistir al Centro de Cálculo” afirma: “Nosotros no sabíamos programar, tenías que ponerte a la espera que uno de los chicos programadores tuviera tiempo y te hiciera todo, pero me cansé rápido, porque me di cuenta que yo lo hacía más rápido que tener que esperar a que terminara sus trabajos, entonces cogí el módulo y lo compilé yo misma. Lo que era interesantísimo para mí, eran las reuniones semanales, en las que participaron Jordi Teixidor, Gerardo González, Elena Asins, José Mª Yturralde y una serie de amigos y artistas” subraya.

En la charla mantenida con José de la Mano, historiador del arte y galerista, contó cómo ha rescatado las obras, como lo escribí en este artículo dedicado a la última edición de la feria Estampa celebrada recientemente en IFEMA. José ha reunido las obras de las mujeres que fueron “pioneras en el arte del ordenador”. Hace quince años que la galería de José, se ha dedicado a rescatar a artistas olvidadas españolas y latinoamericanas de los años ‘50 y ‘70. Dentro de ese mundo, existen mujeres que no tienen presencia pública.

Otra de las pioneras en el arte asistido por ordenador es Inés Medina (Cáceres 1950). Es una artista que no para de investigar, de crear y de contar sus descubrimientos dejando prueba de ello en sus obras, su arte es completamente simétrico y aunque no perteneció al primer grupo de mujeres que participaron en las actividades del famoso Centro de Cálculo, su obra es digna de analizarla.

Obra de Inés Medina expuesta en la feria Estampa 2022 en IFEMA
Obra de Inés Medina expuesta en la feria Estampa 2022 en IFEMA Galería José de la Mano

Inés utilizó el ordenador más tarde, y lo hizo por una decisión profesional cuando estaba iniciando una investigación y fue por “un reto que tuvo con Mondrian” Confiesa que la obra del artista holandés es la que más la ha influenciado así como la de Giotto, Velázquez, Cézanne y Oteiza. Cuando ya sabía dibujar, pintar y conocía la escultura, quería saber ¿para qué sirve el arte? hasta que lo descubrió estudiando a estos artistas, que buscaban: “la realidad” y ella afirma que es lo que ella también buscaba: “la realidad”. En el año 1983, empezó a crear su primera serie dedicada a la espacialidad, en donde confiesa que desde allí se considera artista. Desde un principio, esta artista se ha interesado por las dimensiones.