Cultura

Historia

El decreto de 186 a. C. que reguló las orgías en Roma

Las bacanales se convirtieron en un problema social y jurídico, no solo moral o religioso, a la hora de integrar el culto irracional y liberador del dios del éxtasis

Dioniso-Baco parecía un dios en cierto modo opuesto al ideal del clasicismo grecorromano
Dioniso-Baco parecía un dios en cierto modo opuesto al ideal del clasicismo grecorromano La Razón

La historia subterránea de la antigüedad nos desvela una feminidad oculta y a veces invisible, pero que sale a la luz en ciertas ocasiones religiosas, sociales y mistéricas muy relacionadas con algunos cultos que todavía siguen siendo enormemente evocadores. Una historia de las mujeres o una historia desde la perspectiva de género referida a la antigüedad está siendo ensayada últimamente con gran fortuna, como es sabido, desde diversos ámbitos académicos y literarios. Pero también llama la atención su presencia en la divulgación y en la ficción, en novelas, series y documentales. Un ejemplo para el gran público en la televisión es la serie de Movistar llamada “El Corazón del Imperio”. Aparte del elenco de excelentes actores, encabezados por Aitana Sánchez-Gijón, como serie documental que recrea la época y la comenta, está presentada por un magnífico plantel de narradores, expertos y divulgadores que nos acercan a la mujer romana en su contexto social y político y en su incidencia cultural y religiosa.

De la mano del novelista Santiago Posteguillo, como maestro de ceremonias, introducen comentarios y explicaciones acerca del papel de la mujer en la antigüedad expertas historiadoras y divulgadoras a la vez con perspectiva femenina: por ejemplo, María Engracia Muñoz Santos, arqueóloga y bloguera de gran éxito y fina intuición, o Patricia González Gutiérrez, historiadora de la antigua Roma desde el acento feminista, como muestra en su reciente y estupendo libro “Soror” (Desperta Ferro). Es un mundo que nos es a la vez propio y extraño –Roma era dura, violenta, implacable social y políticamente–, un escenario que nos atrae y nos fascina pero que a la vez nos resulta chocante por alguna de sus manifestaciones culturales. Una de las más llamativas es, sin duda, el culto de los misterios y, en concreto, los de Dioniso, con sus ritos orgiásticos y bacanales, que se extendieron desde la antigua Grecia hasta la época más tardía del Imperio romano con sorprendente persistencia en todos los estratos sociales y culturales.

El decreto de 186 a. C. que reguló las orgías en Roma
El decreto de 186 a. C. que reguló las orgías en Roma La Razón

Para muchos eruditos positivistas Dioniso-Baco parecía un dios en cierto modo opuesto al ideal del clasicismo grecorromano, tachado de oriental y extático, siempre rodeado de mujeres: el inventor del concepto de matriarcado, Bachofen, lo definió una vez como “el dios de las mujeres”. Se decía que venía del Oriente en procesión triunfal, secundado por las ménades y las bacantes. Esto todo parecía un mito, pero a mediados del siglo XX varias investigaciones basadas en la epigrafía mostraron la realidad, la permanencia y persistencia de las cofradías formadas por mujeres en honor al dios.

Esta es una larga historia y muy interesante que he abordado en un libro reciente, “El despertar del alma. Dioniso y Ariadna. Mito y misterio” (Ariel), acaso la versión femenina del dios mucho más que su cónyuge, según se puede argumentar. Pero me interesa especialmente subrayar la entrada en tromba del culto dionisíaco en una sociedad que iba a devenir pronto cosmopolita y globalizada “avant la lettre”, como es la romana. El dionisismo al principio se topó con ciertos problemas sociales y de orden público que fueron solventados por el Senado con un controvertido decreto de 186 a. C. para regular las bacanales, que se habían convertido en un problema social y jurídico, no solo moral o religioso, a la hora de integrar el culto irracional y liberador del dios del éxtasis, el vino y la embriaguez en la sociedad romana. Y sobre el papel de las mujeres, tan destacado en este culto emancipador que las permitía salir del hogar y campar por los montes en ritos misteriosos, giraba gran parte de la discusión, evidentemente. Precisamente acaba de publicarse una estupenda novela que evoca, en buena sintonía entre las fuentes históricas y las licencias literarias el papel de las mujeres en este culto dionisíaco en Roma a raíz de este célebre episodio.

La novela “Bacanalia” (Espasa), escrita por un conocido historiador de la antigüedad, Pedro Fernández Vega, pone así el énfasis en el protagonismo femenino del culto de Dioniso, Liber Pater, en Roma. En la novela, con toda fuerza evocadora pero también con la crudeza propia del dionisismo, se sigue de cerca el papel de la mujer en la antigüedad romana, rastreando la vida de una esclava y de las iniciaciones femeninas en los cultos dionisíacos en una época tan fascinante como la de la República romana. Si se sigue el rastro de las vidas de las mujeres, ficticias o históricas, se puede aprender mucho sobre historia social y cultural en la antigüedad.

En ese sentido, el conflicto de las bacanales es especialmente interesante, y así se trata en la novela, que nos permite ver un cuadro social de la Roma republicana con especial atención a las manifestaciones públicas de la religión mistérica de Dioniso. Era además este el culto, sin duda, el más abierto a las mujeres y a diversas clases sociales: esto ocurría con los misterios en general, por lo que se puede indagar también en la esclavitud. Cualquiera, libre o esclavo, por ejemplo, podría iniciarse en los misterios de Eleusis.

El decreto de 186 a. C. que reguló las orgías en Roma
El decreto de 186 a. C. que reguló las orgías en Roma La Razón

Me interesa constatar cómo, en la ficción en torno a este episodio, destaca el papel que tienen las mujeres romanas para articular la sociedad y cómo la novela cuenta diversas etapas vitales, desde la infancia a la maternidad, y perspectivas de la esclavitud a la manumisión, de la clase alta a la popular. Este es, por otro lado, un tema y un momento histórico que el autor conoce bien, pues le dedicó un ensayo histórico que pude comentar en estas páginas hace unos años, y en el que analizaba con detalle las fuentes históricas y jurídicas, en concreto el famoso Senadoconsulto “De Bacchanalibus”, que reguló las bacanales y logró poner fin a la suspicacias de parte de la élite senatorial acerca de este nuevo culto llegado de Oriente. En efecto, en aquel libro, titulado “Bacanales: el mito, el sexo y la caza de brujas” (Siglo XXI), Fernández Vega analizaba con detalle el escándalo de las bacanales y constataba que la regulación legal del 186 a.C., combinada con el relato de Tito Livio y de las noticias antiguas de otras fuentes literarias y de otra índole, permitía ver cómo había pasado el episodio en época de Augusto a un ejemplo moralizante que defendía el “mos maiorum” y la tradición senatorial.

Pero, volviendo a la novela, la trama está bien construida y mantiene en todo momento el interés: además se encuentra bien fundamentada entre escenarios urbanos, como los mercados de esclavos o los lupanares. Creo que el lector disfrutará de este libro siguiendo el rastro de la esclava Hispala y de sus otros personajes por la sociedad romana de la época. Roma sería en lo sucesivo bastante tolerante con respecto a los cultos extranjeros hasta llegar, por supuesto, y por necesidades de orden público y sociopolítico, a las famosas persecuciones de los cristianos, que a la postre habían habrían de cambiar el mundo romano para siempre y que trastocaron totalmente la cosmovisión de la antigüedad.

En todo caso, les recomiendo acercarse a la historia de las mujeres en Roma a la vez desde la novela y desde el ensayo histórico –erudito o divulgador–, pues se está desvelando así la otra cara de la historia: desde estos libros al mencionado “Soror”, de la novela “Lavinia” de Ursula K. Leguin a los brillantes ensayos de Mary Beard, es fundamental reparar en cómo se forjó la sociedad que engendró el poderío universal de Roma, entre hombres y mujeres, como el trasfondo mítico de los orígenes de ese mundo fascinante, entre Marte y Venus, los ancestros de Rómulo y Eneas.