Cultura

La Historia Antigua es un trasto viejo, tirémosla a la basura

Solo lo moderno y la política importan, el beneficio rápido y el hoy, lo inmediato; olvidemos quiénes somos, a nadie le importa: parece que solos los humanistas entendemos que sin el ayer no existe un mañana, un futuro

Imagen de un ejemplar de la Constitución Española de 1812
Imagen de un ejemplar de la Constitución Española de 1812

Página tras página, escritas por especialistas, eruditos y académicos, se está defendiendo estos días lo intolerable de la decisión tomada, desde una tarima política, de borrar del bachillerato todo aquello anterior a 1812. Un año que, sin restarle mérito, marcó el antes y el después para nuestro país. Fue entonces cuando la política se convirtió en moderna. Parece que los argumentos aportados hasta ahora, como el de que borrar nuestro pasado es igual a olvidar nuestra identidad; que si no se conoce nuestra Historia hacemos de los jóvenes mentes más manipulables; o que las Humanidades no son generadoras de riqueza, no resultan nada interesantes y pasan sin pena ni gloria ante los ojos de la gran mayoría de la población de nuestro país. Bastante tenemos con sobrevivir a una pandemia, a una crisis económica, a la necesidad de una sanidad mejorable, a la salud mental o a que Djokovic no jugará el Open de Australia como para preocuparnos por las decisiones que toman en nuestro nombre aquellos a los que hemos votado sobre el futuro de la enseñanza en la educación secundaria.

Robar nuestro pasado

Así que da la sensación de que todos estamos de acuerdo en que la Historia anterior a 1812 es un trasto viejo, inservible. Que debemos tirarlo a la basura porque no es productor de riqueza económica. Olvidemos la Historia antigua, el Latín, el Griego, el Arte, la Filosofía. Dejemos que los nuevos planes de estudios nos roben el pasado, lo arruguen, lo tiren a la basura. Dejemos que la vida siga sin saber quién fue Viriato, que Augusto vivió en la antigua Tarraco, que Sagunto fue cartaginesa y después romana, que Ampurias se llenó de vidas procedentes del otro lado del mar Mediterráneo de habla griega, que Cádiz fue fenicia, que Marcial nació en Bílbilis; que las ciudades se construyen hoy sobre aquellas romanas; que la Península estaba surcada de vías ya hace más de 2000 años que la cruzaban de cabo a rabo; que Trajano fue hispanorromano; que a los puertos llegaban productos egipcios. Olvidemos que la vida bullía en nuestras tierras mucho antes de que los romanos arribasen. Olvidemos que somos los hijos de aquellos hombres y mujeres. Que hoy somos lo que somos gracias a ellos. Que, sin esa historia anterior a la Pepa, la Historia Contemporánea no existiría, porque esta es efecto de aquella antigua causa. Dejemos que un meteorito político caiga sobre la Historia Antigua de España, que la destruya. Que desaparezca de nuestro país todo aquello que huela a antigüedad, a Historia, a conocimiento y sabiduría, a Patrimonio, a Arte, a Arqueología.

«Parece que solos los humanistas entendemos que sin el ayer no existe un mañana, un futuro»

Solo lo moderno importa, solo el dinero importa, solo la política importa, solo el beneficio rápido, el hoy… Parece que solo los humanistas entendemos que sin el ayer no existe un mañana. Que sin conocer nuestro pasado no podemos entender lo que hoy está ocurriendo. Que sin un pasado no hay un futuro. Que los frutos de lo que hoy sembramos en las aulas son los que recogeremos mañana, y que esos frutos son nuestros jóvenes en los institutos y colegios, ellos serán los que gobiernen a nuestros hijos, sobrinas, nietos, biznietas.

Las Humanidades al completo (primero la Filosofía, después el Latín y el Griego, luego la Historia) están siendo arrancadas de nuestras aulas como si fueran malas hierbas, cuando, en realidad, son árboles frutales a los que les falta riego para crecer, florecer y dar frutos. Pronto también nos arrebatarán el Arte, la Literatura, las lenguas… y callamos, aceptamos. Estamos permitiendo que esto ocurra, y no importa si el objetivo es político o económico, en realidad, lo único que importa es que parece que solo somos unos pocos los que levantamos la voz, que siempre lo hacemos los mismos: los tediosos de Letras. Defendamos todos lo que es nuestro, porque nos lo están robando poco a poco, sin que nos demos cuenta, y lo terrorífico es que, cuando lleguemos a ser conscientes de ello, veremos que lo hemos perdido todo y que ya no nos queda Historia que contar. Los antiguos romanos lo sabían: aquello que se destruía, aquello que sufría una «damnatio memoriae», desaparecía y dos generaciones después nadie lo recordaba.

«Las Humanidades al completo están siendo arrancadas de nuestra aulas y callamos, lo aceptamos»

No destruyamos nuestra Historia. Conozcámosla, impartámosla, démosla el espacio que se merece en las aulas y dejemos que fluya entre nuestros jóvenes estudiantes para que el día de mañana no olviden lo que son, aprendan de ella y sueñen con un mundo mucho mejor. No les arrebatemos las herramientas que harán de las próximas generaciones grandes personas sabias con pensamiento crítico, amantes de su Historia (pasada y presente), de su tierra, de su lengua, de su cultura, de su identidad, porque es el conocimiento lo que los hará libres, como bien decía el filósofo griego Sócrates.