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«Lehman trilogy»: Sagaz análisis del capitalismo

  • «Lehman trilogy»: Sagaz análisis del capitalismo

Tiempo de lectura 4 min.

07 de septiembre de 2018. 03:33h

Comentada
Raúl Losánez.  7/9/2018

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Autor: S. Massini. Versión y Director:
S. Peris-Mencheta. Intérpretes:
P. Lorente, L. Rivera, V. Clavijo, A. Beltrán... Teatros del Canal. Madrid. Hasta el 23 de septiembre.

La temporada no ha hecho sino empezar y Peris-Mencheta ha colocado ya el listón en Madrid a una altura a la que, me temo, pocos van a poder llegar a lo largo de este curso. Ni siquiera la circunstancia de haber estrenado su «Lehman Trilogy» en un mes tan fantasmal como agosto ha podido lastrar el éxito de una producción para la que no me extraña que siga creciendo vertiginosamente la demanda de entradas. Más de un centenar de personajes, a los que dan vida solo seis actores –todos ellos con atribuciones musicales, bajo la dirección de Litus Ruiz–, desfilan a lo largo de una función que dura tres horas y que cuenta la historia de la compañía estadounidense de servicios financieros Lehman Brothers, desde su fundación en 1850 hasta la ulterior y desastrosa quiebra en 2008. Con pasmosa sencillez, el italiano Stefano Massini, autor del texto, desbroza el enramado tallo de los acontecimientos reales para permitir que el espectador, de forma inductiva, vea con claridad, en ese ciclo de auge y caída del conocido banco norteamericano, otro ciclo mucho más general y revelador, que es el del propio capitalismo y, por ende, el del sueño americano, exportado a Europa durante largo tiempo. Pero tanto o más mérito que el propio Massini, que no es poco, tiene Peris-Mencheta, que ha sido capaz de mantener incólume esa esencia argumental tan diáfana y tan pura enmarcándola, paradójicamente, en un lenguaje escénico que se atiborra de recursos estilísticos de cualquier índole. El resultado, en la forma, es parecido a la de la mejor y más rica función infantil que se haya podido ver: todo está complejamente trabajado para que quede muy, muy clarito, y para que la atención del espectador, como la de cualquier distraído infante, no se desvíe ni un solo instante del sustancioso juego teatral. Agilidad, talento, brío, descaro, versatilidad, frescura y, en no pocas escenas, virtuosismo creativo caracterizan el trabajo, perfectamente sincronizado, del director y de todo su elenco en una propuesta que ha de ejecutarse cada noche como el laborioso y preparadísimo ejercicio de un equipo de gimnasia rítmica en una final olímpica. Apenas hay individualidades puramente actorales –quizá Víctor Clavijo y Darío Paso puedan lucirse un poquito más con algunas escenas en las que adquieren un efímero protagonismo dramático– y sí un generoso esfuerzo para que todo el conjunto –en el que tienen también un importante papel la escenografía, el vestuario y la luz– luzca como merece en este veloz, imaginativo y emocionante recorrido cómico-crítico, en forma de antiepopeya musical, por la reciente historia de un modelo de sociedad que se ha ido pervirtiendo hasta su inevitable desmoronamiento.

LO MEJOR

El ingenio en la composición y ensamblaje de las escenas que nos presentan el montaje de Peris

LO PEOR

Una vez más en nuestros teatros se descuida el sonido más de lo debido

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