Los galácticos huyen del mercado del arte

Loic Gouzer, el primero por la derecha, durante la venta del «Salvator Mundi», uno de sus éxitos profesionales
Loic Gouzer, el primero por la derecha, durante la venta del «Salvator Mundi», uno de sus éxitos profesionales

La precipitada renuncia de Francis Outred y Loic Gouzer, jefes de venta de Christie's y Sotheby's y dos de los iconos que han firmado algunas de las ventas más millonarias de los últimos años,hace temer una recesión en el sector del arte, que ha llegado a alcanzar recientemente algunos de los récords más altos de su historia.

«Eppur si muove». Después de las exitosas sesiones de otoño en Nueva York, las grandes casas de subastas viven cambios inesperados que han pillado por sorpresa hasta al más avezado analista del mercado del arte. Tras la renuncia hace pocas fechas de Francis Outred como jefe de ventas para Europa del Departamento de Arte de Postguerra y Contemporáneo de Chris-tie’s, un nuevo terremoto sacude estos días las bambalinas de la escena más exclusiva del mercado artístico: Loic Gouzer, co-encargado para las Américas de este mismo Departamento de Christie’s, ha anunciado su retirada antes de acabar el año. Tanto Outred como Gouzer han aducido motivos personales: el primero, la necesidad de dedicar más tiempo a la familia; y el segundo, una voluntad de implicarse en mayor grado en diferentes causas medioambientales que le ocupan tiempo. En cualquier caso, y sean cuales fueren las excusas esgrimidas para justificar este mutis por el foro, lo más intrigante de tales decisiones es el contexto en el que se producen y el perfil nada usual de los renunciantes.

Outred y Gouzer constituyen, en efecto, dos de las figuras más innovadoras del sector de las casas de subastas, que aterrizaron además en Christie’s en los delicados momentos de crisis económica, y que han sido protagonistas máximos de la recuperación meteórica de este emporio durante los últimos años. Tras los impactantes números logrados durante las últimas y recientes subastas en Nueva York, sorprende más todavía que los dos buques insignia de la casa británica pongan tierra de por medio y decidan salir del epicentro económico del mercado artístico. ¿Qué puede haber tras esta renuncia? ¿Cuestiones de índole personal, como señalan, o dudas acerca del futuro a corto y medio plazo del mercado? El propio Outred reconoce que una de las razones que le han llevado a orillarse ha sido la evidencia de un mercado cada vez más restrictivo. Y, ciertamente, pese a los mareantes récords marcados durante los últimos meses, las proyecciones realizadas por los analistas auguran tiempos cuanto menos inciertos para el mercado del arte. No es desdeñable la idea de que, detrás de esta fuga de cerebros, se halle la urgencia de abandonar el negocio cuando éste marca cifras históricas, en lugar de tentar la suerte y arriesgarse a que los vientos desfavorables empañen un currículum impecable.

Naturalmente, en contextos de incertidumbre, las estructuras tienden a contraerse, a redimensionarse a la baja. La salida de Outred y Gouzer no ha sido solventada por Christie’s mediante el fichaje de dos nuevos «galácticos». En una estrategia digna del nuevo Florentino Pérez, Chris-tie’s va a suplir a sus dos grandes estrellas con gente de la «cantera», profesionales con experiencia en la casa o que han sido reclutados y formados por los propios Outred y Gouzer. Otra señal de que se avistan nubarrones y de que la época de los fichajes millonarios ha expirado. Y, con ella, el riesgo.

Gouzer, el Federer del arte

Si por algo se ha caracterizado la trayectoria de Loic Gouzer desde que, en 2011, desembarcó en Christie’s procedente de su rival Sotheby’s ha sido por sus procedimientos ya no innovadores, sino –en un ámbito tan esclerótico como el de las subastas– rompedores e incluso disidentes. Oriundo de Suiza, su referente a la hora de progresar y de superarse continuamente no podía ser otro que el tenista Roger Federer. El eterno número 1 de la ATP innovó en un ámbito como el tenístico, regido por las mismas reglas desde siempre. Si Federer fue capaz de crear diferencia en el orden del tenis, ¿por qué no iba Gouzer a hacer lo mismo dentro del mundo de las subastas?

Sorprende, en este sentido, su capacidad para ser una pieza suelta dentro de la rígida compartimentación de una estructura como Christie’s. Pese a estar adscrito al Departamento de Arte de Posguerra y Contemporáneo, Gouzer se ha comportado siempre como una figura transversal, omniabarcadora. Como dato revelador, sirva decir que una de sus grandes hazañas, la venta del «Salvator Mundi», de Leonardo da Vinci, por 400 millones de dólares, fue la consecuencia de insertar la pieza renacentista en una subasta de arte contemporáneo. Si la obra ya de por sí poseía un valor extraordinario y hacía presagiar un precio de remate histórico, su tratamiento como «arte contemporáneo» multiplicó su atractivo de cara a los postores.

Su desenvoltura como un auténtico «in-betweener» entre los diferentes departamentos de Christie’s le llevó igualmente a idear una fórmula inédita en el campo de las subastas: la de la «yuxtaposición». En 2014, dejó boquiabierto a propios y extraños con la subasta «If I Live I’ll See You Tuesday...», en la que aglutinó obras transgresoras de diferentes generaciones de artistas contemporáneos e ideó una estrategia promocional basada en un vídeo de «skaters». Al año siguiente, su innata habilidad para epatar a las sensibilidades más acomodadas fue refrendada con «Looking forward the Past», en la que los clientes habituales de Christie’s se quedaron ojipláticos con una subasta que mezclaba lotes de Monet, Peter Doig y obra erótica de Duchamp y Richard Prince.

El motivo que llevó a Gouzer a plantear estas mixturas tan sorprendentes destila una ambición inusitada. Si tradicionalmente las casas de subastas se han mostrado como receptoras pasivas del gusto de cada época, esta relación debía cambiar de manera drástica.

La rebelión de los pequeños

Gouzer ha pretendido durante los últimos años convertir al subastador en una suerte de comisario-estrella, y ser él el que impregne con sus gustos al mundo del arte. Actuando de esta manera, las casas de subastas no solo se convertirían en «creadoras de tendencia», sino que, además, se asegurarían el control absoluto del mercado mediante la priorización de aquellos autores o perfiles que más le conviniesen.

La pregunta, entonces, que necesariamente aflora tras esta descripción de méritos es: ¿por qué deja Christie’s que se marche un visionario como Loic Gouzer, que tan buenos resultados le ha garantizado? ¿Acaso es que el sonido de tormenta ha conducido a replegar velas y a optar por estrategias más conservadoras? ¿O quizá Gouzer, a sus insultantes 38 años, ha llegado a la conclusión de que el mar-gen de innovación de las grandes casas subastadoras ha sido exprimido hasta la última gota?

En medio de este sismo reorganizativo vivido por Christie’s y que parece marcar una tendencia contractiva en el marcado del arte, otra casa de subastas, Phillips, anuncia una ampliación de sus locales en Nueva York. Su traslado al 432 de Park Avenue–la torre más alta del hemisferio occidental de Manhattan– supone un rotundo golpe sobre la mesa por parte de una marca que sueña hace años con inquietar el eterno duopolio de Christie’s y Sotheby’s.

El nuevo local ofrecerá la posibilidad de exhibir arte contemporáneo, diseño, joyería y relojes, y, sobre todo, ofrecerá un entorno estético y de glamur apto para arañarle puntos de facturación anual a las dos grandes. Como se ha demostrado en el sector galerístico, en el arte el tamaño sí importa. No bastaúnicaemente con ofrecer buenos lotes de artistas universales. El actual maniqueísmo del mercado –tensado entre el exceso del glamour y la indigencia de las pequeñas y medianas transacciones– está repartiendo muy claramente los roles y estableciendo reglas implícitas cada vez más rígidas e imposibles de transgredir. Los muy ricos quieren comprar principalmente en Christie’s y Sotheby’s porque las transacciones en ambas casas son las que les ofrecen mayor estatus social. Y la mejor manera de combatir esta inercia es jugando a lo mismo, esto es, a las apariencias.

El glamur de comprar en Christie's y Sotheby's

Christie’s y Sotheby’s representan el 80% de facturación del sector de las subastas. Cuando se bucea en los resultados que arrojaron las celebradas en Nueva York durante la tercera semana de noviembre, se obtiene una visión, si cabe, más ajustada a la realidad, del funcionamiento, tendencias y estrategias de prestigio social que preponderan en el mercado del arte. Hay, en este sentido, dos factores de análisis que no se pueden esquivar de un lado, los resultados finales de Philips y Bonhams –las dos casas subastadoras que «persiguen» a las grandes- apenas si cumplieron con los mínimos previstos–88,5 millones de dólares sobre un total de 100 estimados en el primer caso; y 3,9 sobre los 3,8 en que se fijó la cota mínima, en el segundo-. De otro lado, el pinchazo más sonoro de la velada fue la ausencia de comprador para el cuadro «Nº 16» (1950), de Pollock (en la foto), cuyo remate fue calculado por Phillips en una cifra entre los 18 y los 25 millones de dólares. La conclusión que se deriva de cruzar ambos parámetros es que, a la hora de desembolsos estratoféricos, cada vez pesa más la marca de la casa subastadora que la del propio artista que se adquiere. En términos de estatus social, no es lo mismo comprar en Christie’s o Sotheby’s que hacerlo en Phillips o Bonhams. El glamur no respeta siquiera a las vacas sagradas del arte.