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Bonilla y Álvarez, juventud frente a veteranía

  • Bonilla y Álvarez, juventud frente a veteranía

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20 de diciembre de 2018. 03:52h

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Gonzalo Alonso.  20/12/2018

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Obras de Ortega, Rodrigo, Moreno Torroba, Alonso, Nieto, Luna y Guridi. Voces: Leonor Bonilla y Carlos Álvarez. Piano: Rubén Fernández Aguirre. Teatro de la Zarzuela. Madrid, 17-XII-2018.

Lleno hasta la bandera para recibir con una gran ovación a Carlos Álvarez en el teatro donde debutó con «La del manojo de rosas» hace casi treinta años. Pero no acudía en solitario, sino que los cincuenta y dos años del malagueño venían con los treinta y uno de la sevillana Leonor Bonilla. Ambos, acompañados al piano con sensibilidad por Rubén Fernández Aguirre, ofrecieron canciones y romanzas de zarzuela en solitario y a dúo. El barítono, que estos días es protagonista de «Simon Boccanegra» en el Covent Garden londinense, se encargó de confesar que no se considera un cantante de lied, pero que ama la canción y que ésta debe ocupar en el repertorio el lugar que le corresponde. Eligió piezas de su amigo Miquel Ortega, compositor y director que, reciente aún su «La casa de Bernarda Alba», esta semana dirigirá en el Auditorio Nacional la gala de zarzuela con la que Ibermúsica celebra las Navidades. Canciones bien escritas, que continuando la tradición rezuman sentimiento y que permitieron a Carlos Álvarez lucir su voz baritonal, esa de un timbre de oro tanto en la zona grave como en la aguda y que ahora, en plena madurez, se ve acompañada de una emisión más limpia y, sobre todo, más matizada. Leonor Bonilla eligió en su inicio los «Cuatro madrigales amatorios» de Joaquín Rodrigo, que abordó con seguridad, luciendo su voz de soprano de coloratura con la que hace poco triunfó en la Maestranza sevillana nada menos que en el papel titular de «Lucia di Lammermoor». Ambos cerraron la primera parte, entre múltiples muestras de cariño mutuas, con un estreno absoluto del citado Ortega. La segunda parte se dedicó a la zarzuela. La soprano cosechó una gran ovación tras interpretar «Me llaman la primorosa» con gracejo andaluz y brillantes agudos coronando con una exhibición de caudal poco frecuente en una ligera tan joven. Álvarez prefirió cantar páginas que no ha abordado en los escenarios y es de agradecer la huida del triunfo fácil con lo más popular. «Qué me importa ser judío» de la zarzuela de Luna redondeó una actuación que encandiló al público de principio a fin antes de terminar con el dúo de «El caserío». Luego las propinas, y, aunque el respetable le solicitó otras muchas, sorprendió con el tango de Gardel «Por una cabeza».

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