El amarillo, en un bidón

Van Aert se impuso en el esprint. Alaphilippe pierde el liderato por avituallamiento indebido

«Ha sido la etapa más fácil de mi vida», decía el ganador, Wout Van Aert después de cruzar la meta. Un paseo para el corredor del Jumbo, un ciclista capaz de ganar en contrarreloj, en un esprint y de llevar bidones a sus líderes mientras aprende a pasar la montaña más dura por si en algún momento se le ocurre olvidarse de las clásicas para centrarse en ganar una grande.

Van Aert es el corredor del momento. Una joya que su equipo cuida y que se ha sobrepuesto a la brutal caída que sufrió en la contrarreloj del Tour del año pasado. Se enganchó con una valla y sufrió un corte en la cadera del que tuvo que volver a ser operado meses después.

De aquel brutal golpe en el que sintió que se quemaba le quedaron varios meses por delante de rehabilitación y miedo a coger las curvas.

Todo eso está superado y ahora es capaz de ganar en un esprint a especialistas como Bol, Bennett y Sagan. Aunque sea en la etapa más cómoda de su vida. Un paseo que sólo pudo interrumpir el viento en un amago de abanico que intentaron por un lado el Ineos y por otro el Jumbo. Dos hileras paralelas de ciclistas que se quedaron a medias de romper el pelotón en una etapa en la que ni siquiera hubo escapada. «No recuerdo una etapa sin fugas. Debe de hacer mucho tiempo de eso», reconoce Alejandro Valverde.

Todo tranquilo, en realidad, hasta que los ciclistas cruzaron la meta y Alaphilippe, que había entrado con el grupo principal, perdió el amarillo por una infracción. Un avituallamiento indebido en los últimos 20 kilómetros que le generó un sanción de 20 segundos. Adam Yates, que estaba sólo a cuatro, es el nuevo líder. «Hubiera preferido ganarlo de otra manera», reconoce. «No estoy aquí para la general, estoy para ganar etapas», dice el nuevo líder, que ya pudo haberlo sido en 2016 en aquella etapa en la que Froome subió corriendo un tramo del Mont Ventoux. Los jueces no lo sancionaron. A Alaphilippe, sí.