Pogacar elige a sus rivales y Landa es uno de ellos

Seleccionó el grupo de favoritos y se impuso en la etapa después de atrapar a Hirschi, el héroe de la jornada. Roglic, nuevo líder

Tadej Pogacar demuestra ser el más ambicioso de este Tour de Francia y también el más fuerte. Ganó en el esprint a su compatriota Roglic y a Hirschi, el héroe de la jornada que, después de toda la etapa escapado, tuvo fuerzas todavía para disputar el triunfo a los dos eslovenos.

Pero el trabajo lo había hecho antes Pogacar, con su ataque en la Marie Blanque, una máquina de la verdad para saber quiénes son los ciclistas que están en condiciones de pelear por todo. Son pocos, sólo Egan Bernal y Mikel Landa aguantaron a los dos corredores más fuertes de la carrera, Roglic y el propio Pogacar. Richie Porte se esforzaba por llegar al grupo de los cuatro mejores, pero cada acelerón servía para dejarlo atrás, hasta que ya no pudo más.

Bernal respondía, más fuerte que en los días anteriores. Tanto que hasta se atrevió a atacar, aunque era más una manera de decir que estaba allí, que una intención verdadera de distanciar a sus rivales. “Hay que aceptar las cosas y quedarse con lo positivo: he estado mejor que en los días precedente”, decía después. “He ganado confianza para la segunda parte de la carrera”, añadía.

Landa demuestra que hay pocos ciclistas que lo superen cuando la carretera se empina y que sólo despistes como el abanico que también atrapó a Pogacar le impiden estar más cerca en la general. Siempre atento, no mostró signos de debilidad y sólo perdió algo de pie cuando Roglic y Pogacar, más explosivos, esprintaron para buscar los segundos de bonificación en la cima de la Marie Blanque. Quedaban todavía 18 kilómetros hasta la meta, pero el choque entre Roglic, que cruzaron sus bicicletas justo al pasar por debajo de la pancarta de meta, impidió saber si se trataba de un ataque de verfdad o sólo de arañar unos segundos de premio.

Se quedó Quintana, se quedó Enric Mas y también Guillaume Martin, la nueva esperanza francesa. Del líder, Adam Yates, no había muchas noticias, su guerra es otra.

Perdió 54 segundos en la meta, pero se trataba más de sensaciones que de tiempo. Lo explicaba el ganador después de la etapa: “Quería ganar el máximo tiempo posible en la general, pero he visto que también la victoria de etapa valía diez segundos, así que me concentré en el esprint”.

El Tour se corre con las piernas y con la cabeza, y parece que Roglic y Pogacar las tienen mejor que nadie a estas alturas. Especialmente Pogacar. El joven esloveno, de sólo 21 años, corre como si tuviera los 30 de Primoz Roglic. Sabe lo que hacer en cada momento y no tiene miedo.

La evidencia de que era su primer triunfo en el Tour la ofrecía sólo la celebración. Pogacar se llevó las manos a la cabeza, como diciendo “¿qué he hecho?”, pero sólo había hecho lo de siempre. Ser valiente, atacar y demostrar que las piernas les responden mejor que a cualquiera. “No sé lo que ha pasado en el esprint, de verdad”, reconocía después.

Lo que pasó fue que Landa y Bernal eran simples espectadores, más lentos que sus rivales en el cuerpo a cuerpo, y que Hirschi demostró que es un corredor de los buenos. Exprimió sus fuerzas hasta el límite para llegar en solitario a la meta de Laruns, no se guardó nada, pero tampoco se dejó ir y se metió en la pelea por la etapa con los dos eslovenos. Fue tercero, pero lo que hizo hasta cruzar la meta es una promesa de lo que está por venir.

Roglic es el nuevo maillot amarillo, aunque su equipo lleva ejerciendo de líder desde el comienzo de la carrera. El ganador de la última Vuelta a España no es muy dado a expresar sus emociones. En realidad no es muy dado a expresar casi nada, pero era un hombre feliz en el podio. “Estoy muy contento con el maillot amarillo, todo ciclista quiere vestirlo al menos una vez en su carrera”, reconocía.

Es esloveno es el primero, pero su referencia es Pogacar, que sigue adelantando puestos y ahora ya está entre los diez primeros. “Es el más fuerte ahora, pero quedan muchos días de competición”, advierte.