Roland Garros: entre el hombre del tiempo y la guerra de las bolas Wilson

Las peculiares condiciones en las que se disputa el torneo y las pelotas Wilson tienen a los jugadores divididos en París

En el Hotel Pullman Torre Eiffel la gran preocupación de sus ocupantes es el tiempo que hará las dos próximas semanas en París. No son los habituales turistas de este establecimiento de cuatro estrellas. Se trata de los 60 mejores jugadores del mundo que se encuentran en este hotel próximo al Bosque de Bolonia donde se disputa desde el domingo Roland Garros. Y las previsiones no son buenas. Hasta el jueves se esperan cielos nubosos, lluvias intermitentes y temperaturas máximas que con dificultad alcanzarán los 18 grados. Puro otoño en París.

La lluvia ya afectó el arranque de la segunda jornada. La máxima no llegó a los 16 grados y los aguaceros fuertes dejaron ver alguna gotera en la central. No sólo eso. Si la lluvia es intensa, el ruido que se genera al golpear con el techo de la Philippe Chatrier no es precisamente agradable. Y si a todo esto se le suma el conflicto que se ha desatado con el cambio de las pelotas Babolat por las Wilson...

Mangas largas, prendas térmicas, sudaderas, forros polares... Resultaba chocante ver a Garbiñe forrada de arriba a abajo en su primera ronda ante la eslovena Zidansek. O sin sentarse en un parón del tercer set para evitar quedarse fría.

Las primeras en quejarse fueron Halep y Azarenka. La rumana acusó el frío. La bielorrusa se marchó de la pista cuando el juez de silla dijo que esperase sentada a ver si el tiempo cambiaba y la lluvia cesaba. «¡Vivo en Florida y aquí hace ocho grados!», soltó visiblemente mosqueada. No fueron las únicas. Monfils y Nadal ya hablaron antes de empezar el torneo de tristeza por jugar así «con lluvia, con frío y sin público», lamentó el francés.

A muchos les preocupa tanto el tiempo como las bolas. La georgiana Sofia Shapatava, la número 150 del mundo, ha denunciado algo que ya advirtió Rafa. Ella asegura que después de tres semanas jugando con las pelotas Wilson se ha lesionado. El español advirtió que podían provocar problemas en los codos y los hombros. Otros como el británico Daniel Evans afirmó después de perder ante Nishikori: «Alguna de estas pelotas no se las daría ni a mi perro para que las masticase». Las quejas también llegan de los novatos. Sinner, un italiano que es una de las sensaciones de esta particular temporada, comenta que «las condiciones no son fáciles porque la pista está muy pesada, el techo no ayuda, las bolas son mucho más lentas, hace bastante frío y viento. En los dos primeros juegos se puede jugar bastante bien, pero luego las bolas se vuelven pesadas».

Pero no todos los jugadores opinan igual. En medio de los «proWilson» y los «antiWilson» está Djokovic. El número uno del mundo mira a un lado y a otro tratando de contemporizar. «La pelota es más pesada, pero es que estamos en el mes de octubre en París y hace frío. La arcilla está pesada y húmeda, pero todo viene provocado por los condicionantes meteorológicos. Debemos aceptarlo», comenta el serbio.

Otros están muy felices. En esta lista de encantados aparecen Schwartzman, Zverev y Medvedev. Tres raquetas muy peligrosas. París le recuerda al argentino las circunstancias que se encontró en Roma donde se cargó a Nadal en cuartos y cayó en la final ante Djokovic. El entusiasmo de Zverev, posible rival de Rafa en cuartos, va más allá: «Las pelotas de ahora son mucho mejores que las anteriores, La Babolat ha sido la peor pelota de todos los tiempos». Medvedev lanza un aviso a sus hipotéticos rivales: «El frío y las bolas pueden ser una ventaja para mí. La bola me gusta mucho, siento que se adapta perfectamente a mi tenis y puede reforzar mucho mi estilo de juego. Me siento perfectamente». Muchos no dicen los mismo.