El Giro sube al Etna, el volcán que vio volar a Contador

El ciclista español ganó la etapa en 2011 en una exhibición que prolongó durante toda la carrera, aunque luego le desposeyeran del triunfo

El Etna tiene en la memoria a Alberto Contador. En 2011 llegó al Giro con la intención de demostrar que era el mejor corredor del mundo y que no necesitaba unas mínimas trazas de clembuterol para ganar las carreras más grandes. En el Tour de 2010 había dado positivo por unos picogramos de esa sustancia que sirve para engordar al ganado y en el Giro buscaba su reivindicación.

Peter Weening comenzó la jornada que llevaba desde Messina al volcán Etna como líder. Pero el ritmo lo marcaban las piernas de Alberto Contador. No quiso esperar al final para lanzar un ataque y levantar los brazos en la meta. Atacó a falta de siete kilómetros con una impresionante facilidad y sólo Scarponi trató de seguirlo, pero sólo aguantó unos cientos de metros.

Alberto sólo toleró la compañía del pequeño Rujano, irrelevante para la general, que llegó con él hasta el final. Contador ganó la etapa y aventajó en cincuenta segundos a sus principales rivales, como Nibali, David Arroyo y Kreuziger. Scarponi, que luego heredó ese Giro que arrebataron a Contador, terminó a 59 segundos, como Igor Antón. Era su primera victoria de etapa en la carrera italiana. Ya la había ganado en 2008, pero sin triunfos parciales.

Contador se vistió de rosa en el volcán y ya no perdió la “maglia” hasta que el TAS rechazó sus argumentos y retiró las victorias del Tour de 2010 y del Giro de 2011 de su palmarés. En las estadísticas queda que Rujano ganó aquella etapa y que Scarponi se llevó aquel Giro. Pero en la memoria queda la exhibición de Contador, probablemente la grande que ganó con más superioridad en su carrera. Una exhibición constante.