Butragueño hizo magia contra el Cádiz y Juanito lo subió a hombros

El Buitre marcó contra el equipo gaditano uno de sus goles más memorables

Acercarse al Bernabéu a ver jugar a Emilio Butragueño tenía algo de mágico. Sabías que algo diferente podía pasar y querías estar allí para verlo. Daba igual el rival y los compañeros que jugaran con él. La presencia del Buitre era suficiente argumento para querer ir al fútbol.

Butragueño era un prestidigitador de la pelota, un taumaturgo capaz de detener el tiempo cuando entraba en el área. Se paraba delante del rival con el balón pegado al pie y el mundo a su alrededor se detenía. Sus pulsaciones bajaban a la misma velocidad a la que subían las de los espectadores, que contenían la respiración a la espera del truco final. Porque el Nene siempre tenía algún truco y aquel 11 de febrero de 1987 se pudo ver uno de los mejores de su carrera. Butragueño hizo magia contra el Cádiz.

Fue en los octavos de final de la Copa del Rey. En la ida empataron a cero en el Carranza y en la vuelta, el Madrid pasó por encima de su rival y lo goleó por 6-1. Pero el partido no es recordado por el resultado, sino por uno de los goles más memorables en la carrera de Butragueño.

El marcador era de 5-1 en el minuto 88, pero el público seguía en las gradas del Santiago Bernabéu esperando que algo sucediera. Y ocurrió. Butragueño encontró el balón en la esquina izquierda del área grande, se deshizo de Linares con un caño, superó después a Arreitu, en una maniobra que le llevó cerca de la línea de fondo, y cuando ya solo tuvo delante de él al portero Jaro lo esquivó con un sutil baile casi sobre la línea. Se cambió el balón de un pie a otro en una maniobra con la que Butragueño derribó al portero hacia su derecha mientras él se escapó por la izquierda para marcar a puerta vacía.

La genialidad de Butragueño provocó que Juanito lo levantara a hombros para completar una escena que terminó siendo histórica. El Buitre había vuelto a hacer magia y las felicitaciones no le llegaron solo de sus compañeros, sino también de algunos rivales, como Juan José o Dieguito, que le estrechó la mano en señal de reconocimiento por lo que acababa de hacer.