Historia

Shizo Kanakuri, el corredor que empezó un maratón en 1912, desapareció y cruzó la meta 50 años después

El japonés está considerado el padre del maratón en su país y su caso ha sido durante décadas uno de los grandes misterios olímpicos

Shizo Kanakuri
Shizo Kanakuri FOTO: Archivo La Razon

Después de los Juegos Olímpicos de Londres de 1908, el barón Pierre de Coubertin, presidente del COI, nombró al respetado doctor Jigoro Kano (creador del judo) miembro del COI y éste comenzó una activa labor para extender el atletismo por Japón y poder enviar una delegación a los Juegos Olímpicos de 1912, que se iban a celebrar en Estocolmo (Suecia). Las pruebas de clasificación tuvieron lugar a finales de 1911, pero el escaso apoyo por parte del gobierno japonés hizo que finalmente sólo dos atletas nipones, ambos estudiantes universitarios, participaran en las Olimpiadas: el velocista Yahiko Mishima, de la Universidad Imperial de Tokio, y el maratonista Shizo Kanakuri, de la Tokio Higher Normal School (la actual Universidad de Tsukuba).

Kanakuri (o Kanaguri) era un joven nacido el 20 de agosto de 1891 en la prefectura de Kumamoto, en la sureña isla de Kyushu. Fue uno de los primeros japoneses en interesarse por la prueba del maratón, y enseguida comenzó a entrenarse con gran dedicación. En la prueba clasificatoria para los Juegos Olímpicos, celebrada el 19 de noviembre de 1911, Kanakuri acreditó un sorprendente tiempo de 2:32′45 (el récord mundial oficial, en posesión del sueco Thure Johansson, era de 2:40′34).

Un duro viaje

Finalmente, la expedición japonesa a Estocolmo estuvo formada por Mishima (que no conseguiría llegar a las finales en las pruebas de 100, 200 y 400 metros) y Kanakuri como atletas, Hyozo Omori como entrenador y Jigoro Kano como presidente de la delegación. Partieron a finales de mayo de 1912, en un viaje largo y pesado de 18 días en el famoso Transiberiano, cruzando Asia de este a oeste. Kanakuri aprovechaba las paradas para entrenarse corriendo alrededor de las estaciones en las que el tren se detenía.

El 14 de julio de 1912 se celebró la prueba de maratón de los Juegos Olímpicos de Estocolmo . El sudafricano Kennnet McCarthur fue el vencedor y su marca (2.36.55) se registró como nuevo récord olímpico. Un total de 68 corredores tomaron la salida y solo llegaron a la meta 35.

Como era habitual en aquellos tiempos, los complicados circuitos por descuidadas carreteras de tierra, la falta de preparación de muchos atletas y las poco adecuadas indumentarias que vestían y calzaban, hacía de estos maratones una dura experiencia. Muy pocos eran capaces de terminar y algunos, además, acababan en el hospital. Desgraciadamente, en aquel maratón un participante perdió la vida. Fue el portugués Francisco Lázaro. Se desplomó inconsciente en el kilómetro 30 y falleció un día después. Su temperatura corporal había alcanzado los 41 grados y tenía evidentes síntomas de deshidratación.

Kanakuri era un buen corredor y llegaba a Estocolmo como uno de los favoritos. En su país era considerado un gran deportista y acudía a la cita olímpica con muchas opciones de hacer algo importante. Además, contaba con el aliciente de que era la primera vez que Japón participaba en unos juegos.

El corredor sorprendió a sus rivales corriendo con la cabeza descubierta y calzado con jika-tabi, unas botas ligeras tradicionalmente usadas por los trabajadores japoneses. Sus problemas físicos, el calor y su costumbre de no beber nada durante la carrera acabaron por provocar que Shizo Kanakuri se desmayara en torno al kilómetro 27 de la carrera. Terminó siendo asistido en una casa de una familia acaudalada, que le dio de beber y le ofreció ropa.

Abandono y desaparición

Después de una hora de descanso, el atleta japonés decidió no continuar en la carrera. Tomó un tren de vuelta a Estocolmo y se encerró en el hotel hasta su viaje de regreso a Japón. Kanakuri se mostraba avergonzado y su orgullo estaba herido por no haber conseguido su objetivo de cruzar la meta y no quería encontrarse con nadie. El problema fue que no avisó a los responsables del maratón, que, desde aquel momento, le dieron por desaparecido en la carrera. Temiendo que pudiera haberle ocurrido algo grave, alertaron a la policía, que le buscó sin ningún resultado. El status de desaparecido se mantuvo durante décadas.

Tras su regreso de la frustrada experiencia sueca, Kanakuri fue severamente criticado en algunos medios y él mismo llegó a escribir en un diario hasta qué punto sentía vergüenza por lo ocurrido. Sin embargo, recibió elogios de otros sectores por haber sido capaz de correr con los mejores del mundo pese a la mala preparación y los obstáculos del viaje (él tenía en ese entonces 20 años y se preparó un año).

Finalmente, se convirtió en un personaje clave en las carreras de larga distancia en Japón y jugó un papel fundamental en el desarrollo de la carrera de relevos “Ekiden” desde Tokio a “Hakone College”, diseñada para estudiantes a la que se le atribuye la popularización de las competicones de larga distancia en Japón, por lo que a Kanakuri se lo reconoció como “El padre del Maratón”.

El “Forrest Gump” japonés

Cuando se retiró en 1924, se convirtió en profesor de geografía, pero desconocía que al mismo tiempo, en Suecia, se había convertido en una leyenda urbana, conocido como “el maratoniano desaparecido”, hasta que en 1962, un periodista sueco descubrió que aún vivía y se lo comentó a las autoridades del Comité Olímpico Sueco. En 1966, la “Sverige Television” (Televisión Sueca) lo localizó y fue a buscarlo hasta hasta Tamana, en la prefectura de Kumamoto. Tenía entonces 75 años y disfrutaba allí de su retiro.

Cuando el Comité Olímpico descubrió en 1967 que su nombre aparecía en un listado de hombres de negocios que buscaban fondos para enviar a los atletas suecos a los Juegos de México 1968, sus dirigentes idearon un plan: ¿Por qué no dejar a Kanakuri terminar de recorrer aquella maratón inconclusa en 1912 delante de los medios del mundo entero y de paso, lograr sponsors para la causa? Lo invitaron a Suecia con el pretexto de participar en los festejos de conmemoración de los 55 años de los Juegos de 1912. Y el japonés aceptó, pese a la rareza de la propuesta.

Cuando Kanakuri puso los pies en el país, los responsables le informaron de la sorpresa que le habían preparado y de como se había extendido su leyenda -incluso se decía en Suecia que seguía corriendo tantos años porque no encontrar la meta y lo consideraban una especie de “Forrest Gump” japonés.

Una insólita marca

El 20 de marzo de 1967, a los 76 años y con el estadio repleto, Kanakuri corrió frente a las cámaras e hizo el sprint de los últimos cien metros, bajo una gran ovación. Al finalizar, los representantes del Comité Olímpico Sueco suministraron el tiempo total de su recorrido, desde los inicios en 1912,a hasta su final en 1967, y se lo entregaron a la prensa: 54 años 8 meses 6 días 5 horas 32 minutos y 20,3 segundos.

Al finalizar Kanakuri cogió el el micrófono visiblemente agotado y afirmó: “Fue un largo viaje. En el camino me casé, tuve seis hijos y diez nietos”. Falleció el 13 de noviembre de 1983 a los 92 años y su nombre ha quedado grabado en la historia del atletismo.