
Vuelta a España
Cerler, auge y caída de Laudelino Cubino en la Vuelta a España
Ganó la primera vez que la carrera subió hasta allí en 1987; un año después se despidió del triunfo final

La Vuelta llegó a Cerler por primera vez en 1987. Era aquella la primera participación de Lale Cubino, pionero de una estirpe de ciclistas bejaranos que vertebró el ciclismo español entre finales del siglo XX y el comienzo del XXI. Y entonces, cuando la Vuelta aún pertenecía a la primavera, Cubino conquistó Cerler.
Nadie lo esperaba excepto su director en el BH, Javier Mínguez. Cubino había ganado el año anterior la Vuelta a los Puertos y una etapa del Tour del Porvenir. “Lo previsto era atacar a [Vicente] Belda y a [Lucho] Herrera en la ascensión, sin esperar a nada, porque yo podía ganar”, confesaba después de cruzar la meta.
Eran los tiempos en que las montañas eran propiedad de los colombianos, aunque el líder era Sean Kelly. Y el Postobon y el Café de Colombia impusieron un ritmo infernal que dejó por el camino a 33 corredores. 23 no aguantaron el ritmo y se bajaron. Diez más llegaron fuera de control mientras Cubino caminaba hacia su primer gran triunfo.
La táctica de Mínguez incluyó el trabajo del belga Guido Van Calster, al que mandó por delante para que Cubino rematara. Sean Kelly, que llegaba como líder, perdió el amarillo en favor de Raymund Dietzen. Aquella era la Vuelta destinada a que la ganara el irlandés, pero tuvo que retirarse al paso de la carrera por La localidad abulense de La Aldehuela. Un forúnculo le hizo bajarse en ese pueblo entre Piedrahíta y El Barco de Ávila y la carrera acabó en manos de Lucho Herrera, el primer colombiano que ganó una grande.
Al año siguiente, la misma subida que encumbró a Lale Cubino lo hundió al año siguiente. En 1988 llegaba como líder y era su última oportunidad de distanciar a Sean Kelly en la montaña. Cubino llevaba el amarillo, pero el BH se debatía entre tres opciones: Álvaro Pino, que había ganado la Vuelta en el 86 y los dos jóvenes Lale y Anselmo Fuerte.
Pino era el más fuerte, pero el que más lejos estaba en la general y se dedicó a cuidar de Cubino, que a ocho kilómetros de la llegada se descolgó. Pino lo devolvió al grupo de favoritos, pero a dos kilómetros de la llegada volvió a quedarse. Pîno dudaba entre arropar al líder o lanzar a Fuerte y Kelly acabó aprovechándolo. Cubino mantuvo el liderato, pero Kelly se llevó la Vuelta que no había podido ganar el año anterior.
Cerler era entonces una subida definitiva. No tanto ahora, cuando las bicicletas y los nuevos materiales permiten domar con mayor facilidad montañas antes imposibles. Roberto Torres, ahora comentarista de la cadena Ser, recuerda su victoria en la Vuelta a Aragón del 89. “Me marché con Carlos Hernández. Yo te ayudo y te pones lider”, le dijo, pero no encontró colaboración. “Tiré hasta que le solté”, recuerda Torres, que entonces corría en el Zahor de Mariano Moreno. Estaba en forma el madrileño de Montpellier, pero su equipo no era el más fuerte y acabó cediendo en la general de la carrera ante Iñaki Gastón.
Cubino no tuvo más opciones de ganar la Vuelta, pero hizo una buena carrera, con victorias en las tres grandes. Ganó dos veces en Luz Ardiden, una en la Vuelta y otra en el Tour. Un escalador de los de antes.
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