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El Madrid comienza como acabó

El campeón vuelve a la Euroliga con una contundente victoria frente al Darussafaka.

  • Llull lanza a canasta en el encuentro de ayer
    Llull lanza a canasta en el encuentro de ayer

Tiempo de lectura 4 min.

12 de octubre de 2018. 00:51h

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J. A.- .  12/10/2018

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El tercer cuarto terminó con una canasta de Llull, a una mano, desde muy lejos, como si el Real Madrid la necesitase para derrotar al rival: en realidad terminó esos diez minutos con 38 puntos, 22 más que el rival en la puntuación global, en un festival de canastas de los de Laso en su regreso a la Euroliga. El Darussafaka se contentó con mantener la distancia en torno a los veinte puntos, sin posibilidad alguna de vencer a un campeón desbocado, pero intentando mantener el ritmo anotador en un choque divertido, sin precauciones y sin mirar atrás, como una invitación a no perderse un encuentro de esta competición que acaba de empezar y que tanto gusta al Real Madrid.

Porque esto es muy largo y ya se sabe que lo que importa es cómo termina, pero la forma de comenzar dice mucho de la actitud con la que se afronta la competición, qué ambición tiene el actual campeón. Nadie ha ganado dos veces consecutivas desde que lo hiciera el Olympiacos en 2013 y el equipo de Laso tiene ganas de seguir firmando unos registros asombrosos. Su victoria contra el Darussafaka fue una declaración de intenciones, un modo de situarse en Europa y dejar claro que sin Doncic no ha cambiado ni un ápice la ambición blanca ni la capacidad para no dar ninguna posibilidad a los contrarios

Todo funcionó como debía. Apoyándose en el comienzo de Randolph, el gran partido de Tavares y de Campazzo y el poder anotador de Llull, Taylor y después Carroll, el Madrid abrió una brecha nada más comenzar y la distancia fue enorme para el conjunto turco. Cuando se encontró con un 11-2 en el marcador, el conjunto turco casi se despidió del encuentro. Fue el estadounidense Michael Eric quien mantuvo la cara durante esos minutos.

Pero no hubo manera contra el Madrid. Cuando entra en ese ritmo, lo único que se puede hacer es seguirlo lo más cerca posible. Con un especial acierto desde la línea de tres, el conjunto de Laso vivió una noche dedicado a la fiesta, al ataque, sin preocuparse de los puntos que también iba sumando el rival.

Fue en el segundo cuarto cuando McCallum quiso guiar a los suyos. De todos modos, el Madrid no perdía el ritmo o si lo hacía lo recuperaba enseguida. Llegó al descanso con un 53-38, gracias a un triple de Rudy Fernández.

Ni siquiera los locales hicieron el amago de relajarse en ataque y llegar al final del encuentro navegando con la renta conseguida. No les dejó Randolph, que no disfrutó más que ninguno e hizo sufrir al rival. Salió del descanso con un triple para dejar claro que la fiesta no se había acabado y que el plan era superar los cien puntos.

Ese tercer cuarto fue el festival, cuando ambos equipos decidieron que defender en un partido así era una pérdida de tiempo y demasiado aburrido como para hacerlo el primer día. Ya llegarán otros días más complicados en los que haya que poner atención y preocuparse por los puntos del rival. El choque, ya sin emoción competitiva, se convirtió en una locura en el tercer cuarto, con la guinda de la canasta de Llull, que dejó con 22 puntos de ventaja a los locales.

Los últimos diez minutos fueron como un entrenamiento para los tiradores, sólo que en partido oficial. Apareció Carroll para ir dejando su huella, mientras el público de Madrid disfrutaba con la primera actuación de su equipo en Europa. El grupo de Laso superó la barrera de los cien puntos seis minutos antes de que terminase el encuentro. Lo importante es cómo se acaba, pero no está mal, hasta entonces, ir pasándolo bien.

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