Abuso

Así desmonta la ciencia la teoría del "flujo vaginal" de la defensa de Dani Alves

Lo expertos coinciden en que utilizar la lubricación femenina como sinónimo de consentimiento en los delitos sexuales es un paradigma que se debe romper

Nuevos mesajes del entorno de la víctima de Dani Alves
La defensa de Dani Alves trata de demostrar el consentimiento de la víctimaArchivoLa razon

La defensa de Alves trabaja en su nueva estrategia para demostrar la inocencia del futbolista brasileño. La Audiencia de Barcelona acordaba mantener en prisión preventiva y sin fianza al exjugador del Barça Dani Alves, acusado de haber violado presuntamente a una joven en una discoteca de Barcelona el pasado 30 de diciembre. Los magistrados concluyeron que la decisión de la jueza instructora de enviar a prisión al futbolista era “justificada y necesaria” ante los “indicios fundados” de agresión sexual contra el jugador.

Se confirmaba así un duro golpe para el futbolista que ya era esperado por su defensa. Acusado de agresión sexual, Alves permanecerá encarcelado “hasta que se fije una fecha para el juicio”, según fuentes judiciales y su equipo legal ya prepara una nueva estrategia mucho más agresiva destinada a desacreditar los argumentos expuestos por la víctima, la propia investigación de los Mossos y los informes forenses realizados a la joven en el Hospital Clinic.

El tribunal explicó que las muestras de ADN del cuerpo de la víctima en el lavabo coinciden con la de Alves y respaldan la versión de que el brasileño agredió a la joven por lo que, demostrar que las relaciones fueron consentidas, es vital para el futuro del jugador.

Consentimiento por parte de la víctima y "narración desvirtuada" son los dos clavos ardiendo a los que se agarra su equipo legal. Y para ello, ahora pone el foco en los informes forenses. Si primero, el letrado aseguraba que las lesiones de la joven no se correspondían con una agresión sexual, en los últimos días han insistido en que el análisis del flujo vaginal confirmaría el consentimiento.

En este sentido, los letrados argumentan que “el flujo vaginal” de la víctima resulta “incompatible con un coito forzado”. Asimismo, apuntan a “la falta de lesiones en la cavidad vaginal” de la joven y a la ausencia de otras señales de “reducción física”. Unos argumentos que no coinciden con el relato de los testigos que estuvieron aquella noche en el club.

"Lubricación no es consentimiento"

Sin embargo, a tenor de las diferentes investigaciones científicas y forenses este argumento no es solo denigrante para la víctima sino también ridículo. Las autoridades suelen plantear la posibilidad de lubricación femenina, y por ende del consentimiento, como un área genital sin lesiones (o con lesiones no indicativas de penetración) en un caso donde se ha documentado por otros medios la penetración vaginal (por ejemplo el examen químico o por testimoniales). Esta creencia particular está muy extendida entre abogados penalistas y es argumentada en los juicios tanto por la parte del imputado poniendo en duda la honestidad de la víctima.

Para demostrar hasta qué punto la lubricación e incluso los orgasmos involuntarios durante una violación eran frecuentes, uno de los mayores expertos en fisiología de la sexualidad del Reino Unido, Roy Levin, publicó en 2004 la mayor revisión de bibliografía científica sobre la excitación sexual y orgasmos en casos de estimulación forzada o no consensuada. Tras revisar exámenes médicos de mujeres agredidas sexualmente comprobaron que efectivamente muchas lubrican, aumenta el flujo sanguíneo en los genitales, reconocen haber experimentado placer físico contra su voluntad, gimen de placer, y entre un 4-5 por ciento de los casos llegan a tener un orgasmo.

Existe la creencia de que el hecho de que las víctimas de violencia sexual no presenten heridas o desgarres que indiquen lucha normalmente se relaciona con que hubo consentimiento. Sin embargo, muchas veces tiene que ver con reacciones fisiológicas del cuerpo intentando sobrevivir al ataque.

Estudios de laboratorio demuestran además que el estrés, el miedo, el dolor o la repulsión suelen disminuir la respuesta sexual, pero a veces generan el efecto contrario: incrementan el flujo sanguíneo a los genitales y, por tanto, la lubricación. En estos casos, el estrés de la violación no sólo no sería un impedimento para que los genitales reaccionaran, sino que incluso podría ser una ayuda desencadenada por una reacción automática totalmente involuntaria.

En la charla "Impactos culturales de la violencia sexual hacia las mujeres", organizada por la Universidad de México, el sexólogo César Galicia argumentó que el cuerpo de las víctimas de abuso sexual puede presentar reacciones asociadas con la excitación en el acto. Tales como la lubricación e inclusive un orgasmo, sin haber recibido un estímulo sexual efectivo. Es decir, sin haber disfrutado o consentido lo sucedido.

“Si un ser querido te hace cosquillas te ríes, pero si caminando en la calle un desconocido te hace cosquillas puede que haya el reflejo de la risa, pero no porque lo estés disfrutando ni porque la estés pasando bien”, puso como ejemplo de lo que puede ocurrir en una víctima de abuso.

La defensa de la joven agredida considera que esta maniobra de los defensores del futbolista supone una "revictimización" de la agredida.