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2-4. El Atlético empieza a lo grande y gana la Supercopa al Madrid

Ganó la Supercopa al Real Madrid en la prórroga tras un partido muy competido. Los rojiblancos llegaron más fuertes al final del choque

  • El Atlético celebra su tercera Supercopa de Europa / Foto: Ap
    El Atlético celebra su tercera Supercopa de Europa / Foto: Ap

Tiempo de lectura 4 min.

16 de agosto de 2018. 03:06h

Comentada
José Aguado 15/8/2018

Tuvo más aire el Atlético después de noventa minutos de derbi tan competidos como siempre en estos últimos años. Los Real Madrid-Atlético se han convertido en partidos eternos, sin favorito, que se deciden en los penaltis o en los detalles o en quien aprovecha mejor los errores del rival. Lo hizo ayer el conjunto de Simeone, que llegó con más vida a la prórroga y no perdonó ninguno de los despistes de la defensa blanca, aún de vacaciones y con muchas cosas por corregir, principalmente en cuestiones de concentración y en la toma de decisiones en momentos de apuro. Todo lo que hizo bien el Madrid durante muchos minutos se le escapó después porque su defensa no estuvo a la altura.

Nada más empezar, cuando aún no se había cumplido el primer minuto, Diego Costa estuvo más despierto que los centrales y que Keylor Navas, a quien Courtois miraba desde la grada; después, para el empate a dos, Marcelo prefirió dar un balón al rival antes que un saque de banda a favor; y en el tercero Ramos y Varane no supieron muy bien qué hacer con la pelota. El primero se la dio a su compañero que estaba de espaldas; el segundo, el francés, estuvo lento y eso es mortal ante un rival que muerde cuando presiona. Golpeó el Atlético esas tres veces y se aprovechó del desconcierto de después para llevarse la Supercopa, el primer encuentro oficial de ambos equipos esta temporada y que parecía el último choque de la campaña, tal como lo jugaron. Se notó el cansancio, que aún no están a tope los dos conjuntos y lo notó más el Madrid. Con la lesión de Casemiro se empezó a desdibujar y no tuvo tiempo para corregirse después. Se fue deshinchando el centro del campo y ya no encontró dónde agarrarse.

En cambio, la salida de Thomas en esos minutos, por ejemplo, dio pulmones a un Atlético que parecía que lo iba a pasar peor y más cuando ya se habían ido Griezmann, aun en pretemporada, y Lemar, uno de los mejores anoche, en todos los sitios, siempre ofreciéndose, como si no necesitase tiempo de aclimatación al conjunto de Simeone. Es una gran incorporación, que da un salto de calidad a un equipo, que visto lo visto ayer, comienza dispuesto a pelear todo y a no mirar sólo hacia atrás.

En otros derbis decisivos en Europa, el Atlético fue más temeroso, más precavido. En otro partido, tras el gol de Ramos de penalti, el equipo rojiblanco se hubiese hundido, superado por la superioridad rival en los días importantes. Ayer, quizá porque el Madrid no pudo más físicamente o porque al Atlético le ha cambiado la ambición, con el encuentro perdido, fue a por el empate, lo consiguió y después voló hacia la victoria que le da un chute de optimismo para afrontar lo que viene.

El choque fue cambiando de estados de ánimo, aunque casi siempre dio la impresión de que el Madrid lo tenía más controlado. No le sirvió de mucho, penalizado por el cansancio, por sus errores atrás y quién sabe si por la falta de banquillo: para intentar igualar el choque, Lopetegui dio salida, al final, en el cambio permitido en la prórroga, a Borja Mayoral.

No hizo mal encuentro el Madrid, pese a perder y romper una racha de finales ganadas. Pero le faltó constancia para ser superior al rival. Mezcló buenos momentos, casi siempre a cargo de Bale; con desconexiones, sobre todo cuando consiguió dar la vuelta al partido. En vez de matar el choque, se volvió conservador. Pero si lo de ayer sirve como medida de lo que puede suceder a lo largo de la temporada la prueba no es mala. Sobre todo porque fue el primer día sin Cristiano Ronaldo, cuando se tenía que demostrar si Bale estaba listo para recoger el liderazgo del equipo.

Y lo está. Hasta que el agotamiento le superó, el galés lo hizo todo bien, más por la derecha, pero moviéndose por cualquier zona del campo. Sin Modric de inicio, Lopetegui dibujó un 4-3-3 de manual con Asensio en un lado y Gareth en el otro, en la derecha, pero esta vez eso no supuso una merma de sus facultades. No se equivocó casi nunca el galés: cuando corrió, cuando participó en el juego o cuando desbordó para poner un balón de gol en la cabeza de Benzema para empatar el choque. Eso es lo que se quería ver en la entidad blanca; que se pueden hacer goles sin CR7 y que Bale y Benzema pueden presentar batalla a la que quizá es la mejor defensa del mundo.

Tuvo que trabajar mucho el Madrid para empatar. Fue rompiendo al Atlético, más inseguro que otras veces, y fue Bale quien encontró la grieta para empatar el choque. Dio dos zancadas de más que los rivales y su centro lo remató Benzema sin saltar. El nueve del Madrid.

Desde el minuto diez, cuando se recuperó del «shock» del tanto de Costa, el Madrid tomó el balón y fue minando y ganando espacio al rival, con rapidez y con paciencia, con Marcelo cerca del área rival, donde es más peligroso para el rival que para su equipo. Kroos intentaba mandar y Asensio quería, sin éxito, romper con su potencia. La primera parte fue un derbi de manual: el Madrid con la pelota y el Atlético cómodo defendiéndose.

El claro penalti de Juanfran dio la ventaja al Madrid y parecía que le acercaba a la victoria. Había dado la vuelta al encuentro, que contra el Atlético es casi un milagro. Pero entonces, todo cambió. El conjunto de Simeone pudo recomponerse. Estuvo más listo que el Madrid y entre Correa y Thomas mejoraron a los titulares. Con ellos, el Atlético logró ganar al Madrid en Europa.

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