Opinión

Qué vergüenza que tengan que venir de fuera a hacer justicia

La UEFA va a meter una sanción ejemplar y esperemos que ejemplarizante al Fútbol Club Barcelona. Veinte años de mordidas no podían salir gratis

Aleksander Ceferin, presidente de la UEFA
Aleksander Ceferin, presidente de la UEFAMarco BertorelloAgencia AP

Servidor, que desde muy niño fue un apasionado del ciclismo, lo advirtió cuando el deporte de las dos ruedas no aprendió del escándalo Festina de finales de los 90 y volvió a las andadas en el cambio de siglo haciendo la vista gorda con Armstrong y compañía. “O el ciclismo acaba con el dopaje o el dopaje acabará con el ciclismo”, escribí y comenté. En lugar de sacar toda la porquería a la luz, se optó por correr un tan tupido como estúpido velo. Y ha ocurrido lo que tenía que ocurrir: que el aficionado ya no se cree un ciclismo que ha pasado de ser un deporte de masas a una cuestión más de iniciados que otra cosa. Si hace 30 ó 40 años preguntabas por la calle quién era el ganador del Tour, la mayor parte de los aficionados al deporte en general —que no al ciclismo en particular— respondía sin pestañear: “Hinault”, “Indurain”, el que fuera, pero no dudaban. Hoy, la inmensa mayoría se quedaría en blanco ante semejante interrogante. Cuestión de credibilidad. Cuestión de dinero, también, porque si no hay transparencia las marcas no invierten. Nadie quiere asociar su nombre comercial a un tongo.

El mismo desafío se cierne sobre el mundo del fútbol, y muy particularmente sobre el balompié patrio, tras el "Negreirazo". Llevo semanas haciéndome la misma pregunta: “¿De verdad que el Barça se va a ir de rositas?”. No es forofismo toda vez que idéntico planteamiento me formularía si el protagonista fuera ese Real Madrid del que soy socio hace casi cuatro décadas. La legalidad, la moralidad y la ética, que parecen lo mismo pero no son lo mismo, han de estar por encima de todas las cosas. Tan cierto es que la Justicia ordinaria ha hincado el diente al asunto como que la deportiva se ha lavado las manos en España con el increíble pero cierto argumento de que este tipo de conductas prescriben a los tres años. Sencillamente, de locos. El plazo de prescripción de las infracciones «muy graves» es de tres años de acuerdo a la Ley del Deporte de 1990 pero, lo que es peor, también con arreglo a la de 2022 aprobada en diciembre. Tres años se antojan muy pocos en corruptelas así en las que la omertà tarda muchísimo tiempo en resquebrajarse. O quizá es que el que hizo la ley dejó deliberadamente abierta la puerta a la trampa. Nada puede descartarse en este país de lazarillos.

Claro que todo esto se hubiera evitado si Albert Soler, ex director general del Fútbol Club Barcelona, que estaba en el día a día de los sobornos, hubiera cumplido fielmente las obligaciones de su cargo, tal y como se comprometió en su juramento como director general de Deportes de Pedro Sánchez, adonde llegó tras siete años en el club catalán. Tomó posesión en mayo de 2021, mes y pico antes de que prescribiera deportivamente la adquisición de árbitros -los últimos pagos datan de junio de 2018-. De haber dado la voz de alarma, se habría podido hincar el diente en España a esa compra masiva de trencillas que se implementó comprando a uno de sus jefes.

Ahora tendrán que venir de fuera a hacer el trabajo que no hemos querido ni sabido hacer nosotros. Tal y como adelanté en "El Chiringuito" hace cuatro semanas, la UEFA va a meter una sanción ejemplar y esperemos que ejemplarizante a la entidad culé. Veinte años de mordidas no podían salir gratis. Sobre todo, no debían salir gratis. De lo contrario se abriría la puerta a que cualquier club haga lo propio, a que esto sea la ley de la selva, a que cualquiera adultere la competición hinchando de billetes a quienes tienen que decidir sobre la suerte de un partido, en resumidas cuentas, a que nadie se crea el fútbol. La sanción final pasará por la expulsión de la Champions del Fútbol Club Barcelona durante al menos un año, sanción similar a la que cumplió el Málaga por incumplir el fair play financiero hace una década. La gran duda es si a Ceferin le dará por chalanear: suavidad a cambio de abandonar la Superliga. Por cierto: ¿investigará el capo de la UEFA los cantosos arbitrajes al Barça en Europa o hará la vista gorda? Sea como fuere, quedamos como un país bananero, a la altura del betún o de cualquiera de esos estados subsaharianos a los que damos lecciones de honradez y Estado de Derecho. Y, mientras, Nerón Tebas tocando la lira