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Davidovich: un tenista entre Usain Bolt y Kipchoge que está en los cuartos de final de Roland Garros

El malagueño de 22 años, que tiene al maratoniano Martín Fiz en su equipo, venció al argentino Delbonis (6-4, 6-4, 4-6 y 6-4) para romper su techo en un Grand Slam

Alejandro Davidovich celebra uno de los puntos que ganó a Delbonis en los octavos de final de Roland garros
Alejandro Davidovich celebra uno de los puntos que ganó a Delbonis en los octavos de final de Roland garros FOTO: CHRISTOPHE PETIT TESSON EFE

«Yo soy ’'boquerón’'», dice Alejandro Davidovich Fokina. Los apellidos pueden despistar, pero su acento, no. Es español, de Málaga, y en Roland Garros ya está en los cuartos de final después de derrotar al argentino Delbonis por 6-4, 6-4, 4-6 y 6-4. Un partido con sus dificultades, pero más cómodo que en la ronda anterior, en la que estuvo en pista cuatro horas y 35 minutos para superar a uno de los mejores jugadores de tierra esta temporada, el noruego Ruud, que se entrena en la academia de Nadal en Manacor. Ese duelo sirvió para ver lo que es el andaluz: el descaro que tiene para hacer un saque por abajo con punto de break en contra en el juego definitivo (también lo hizo ante Delbonis con 0-30, y le salió mal), para a continuación meter un ganador con un revés a dos manos en salto absolutamente espectacular; y también la resistencia, pulida este año por un campeón del mundo de maratón como Martín Fiz. El juego de Davidovich es puro fuego, a toda velocidad, y su entrenador, Jorge Aguirre, pensó en la figura del atleta para añadir a esa cualidad la paciencia y trabajar la mente aparte del cuerpo, porque es fundamental cuando los encuentros son tan largos. «Alex está siendo un auténtico maratoniano de calidad. Es el Eliud Kipchoge del tenis», afirma Fiz en una entrevista con la web oficial de la ATP. «Está mezclando la velocidad de Usain Bolt con la resistencia del maratoniano», añade. Se vieron una semana y media en verano en la que no tocaron la raqueta: sólo carrera, subidas a la montaña, bicicleta... Durante la temporada también le manda mensajes de motivación.

Alejandro tiene esos apellidos porque sus progenitores son de Rusia, aunque su padre, boxeador, después se nacionalizó sueco. El ruso lo habla más o menos y lo entiende perfectamente. Es el idioma en el que su madre le echa las broncas cuando se enfada, según reconoce. Pero él nació en Rincón de la Victoria, en Málaga, donde empezó a jugar al tenis con sólo dos años. Dice que es «muy español».

Se entrena en Marbella. Allí ha compartido pista en algunas sesiones preparatorias con Novak Djokovic, pues es una de las sedes del número uno del mundo y residencia de su hermano Marko. En España, Davidovich saltó a la fama al ganar Wimbledon júnior en 2017, compartiendo la gala de los campeones con Garbiñe Muguruza y Roger Federer. Después ha tenido que pasar esa difícil transición al circuito profesional y ahora está en el mejor momento de su carrera, y con mucha capacidad para crecer a los 22 años. A Roland Garros han acudido un grupo de amigos que le animan montando una fiesta en las gradas. Van a poder seguir disfrutando al menos otro partido más después de que venciera a Delbonis volviéndole loco con las dejadas y los potentes tiros cruzados, sobre todo de revés. Y salvando los momentos delicados, pues el argentino se resistió y ganó el tercer set. Parecía cansado Alejandro, pero fue algo así como el muro en maratón, ese momento que se pasa entre los kilómetros 30 y 35. Después resurgió. Los cuartos de final de París son su mejor resultado en un Grand Slam, aunque el año pasado en el Open USA ya llegó a los octavos.