Opinión

Es hora de bajar los impuestos

El aplazamiento fiscal aprobado por el Gobierno no sirve prácticamente de nada

Rueda de prensa de María Jesús Montero y Reyes Maroto
La ministra Portavoz y de Hacienda, María Jesús Montero, durante la rueda de prensa que ofrece en el Palacio de La MoncloaMoncloaEFE

El Gobierno aprobó el pasado martes, in extremis, una extensión del plazo para que autónomos y pymes presenten sus declaraciones y autoliquidaciones. En lugar de verse forzados a entregarle al Fisco parte de su muy escasa liquidez este próximo 20 de abril, contarán con un período ampliado hasta el 20 de mayo. Esta medida se añade, además, a la que ya había aprobado previamente el Ejecutivo de permitir una moratoria de tres meses sin intereses para autónomos y pymes por un importe de hasta 30.000 euros. Es decir, que aquellas pequeñas empresas con problemas de liquidez podrán presentar sus declaraciones el 20 de mayo y liquidar sus deudas fiscales el 20 de agosto. Eso es todo, y ni siquiera para todos: las empresas que facturen más de 600.000 euros anuales quedan excluidas. Cuatro meses de diferimiento para terminar pagando exactamente lo mismo. El paquete de medidas, pues, no sirve prácticamente de nada. Si pretendía inyectar liquidez, no debería haberse limitado a aplazar cuatro meses la deuda fiscal, sino a reestructurarla en cómodos plazos de abono.

¿O es que acaso creemos que las compañías que hoy están contra las cuerdas contarán con abundante tesorería en 120 días? Evidentemente no, de ahí que el Gobierno, si como dice quiere suministrar liquidez, debería facilitar el pago de la actual deuda tributaria a lo largo de varios años. Si, en cambio, el Ejecutivo pretende con estas medidas reforzar la solvencia de autónomos y pymes, es obvio que no lo va a lograr. Para recapitalizar a los agentes económicos no se necesita posponer el momento del abono tributario, sino cancelarlo. Es decir, resulta imprescindible bajar impuestos. Sólo si les condonamos a autónomos y pymes (y también, por qué no, a grandes empresas) sus obligaciones de entregar parte de su riqueza presente y futura a Hacienda (los impuestos), la riqueza presente y futura de esos agentes económicos se incrementará. Por consiguiente, lo que tocaría realmente para reforzar al sector privado es minorar su carga fiscal. Pero como PSOE y Podemos están obsesionados con multiplicar el gasto, ni siquiera se plantean la posibilidad de aliviar la losa tributaria que pesa sobre los ciudadanos. Al contrario, muchos de ellos ya están pensando en castigar a la economía con nuevas subidas impositivas.

Ayer mismo, Íñigo Errejón –aliado ideológico del Ejecutivo– propuso una «tasa covid 19» para pagar la reconstrucción económica. En realidad, sería una tasa para ahondar en la destrucción económica. Y, por desgracia, no será la última de estas ocurrencias que escucharemos en los meses venideros. Desde Podemos también han empezado a sugerir que serán necesarios impuestos más altos. Pero no. Necesitamos impuestos más bajos y, por tanto, también menor gasto público. Una vez superemos la crisis sanitaria del coronavirus, ésa será una de las principales batallas ideológicas a librar para superar la crisis económica.