Los frugales no podrán bloquear los fondos europeos más de tres meses

El Parlamento Europeo quiere cambios en el fondo de reconstrucción: «Hay que corregir errores»

El primer ministro holandés, Mark Rutte, saluda con el codo durante la cumbre de la UE en Bruselas al presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, ante la mirada de la canciller alemana Angela Merkel
El primer ministro holandés, Mark Rutte, saluda con el codo durante la cumbre de la UE en Bruselas al presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, ante la mirada de la canciller alemana Angela MerkelSTEPHANIE LECOCQ / POOLEFE

El «freno de emergencia» diseñado para contentar al primer ministro holandés Mark Rutte con el objetivo de bloquear el desembolso del dinero a cambio de las reformas será, sobre todo, un «botón nuclear» que quizás nunca tenga que pulsarse y cuyas consecuencias serán limitadas. Según explican fuentes diplomáticas europeas, será la Comisión en última instancia la que tendrá la última palabra a la hora de bloquear los tramos de dinero, aunque la activación de este «freno de emergencia» sí podrá retrasar la llegada del dinero, algo que puede ser vital en ciertos casos y suponer una humillación para el Estado puesto en la picota.

Según el texto acordado, la Comisión Europea será la encargada de realizar el primer análisis sobre los planes de reformas enviados por los gobiernos europeos. Este análisis deberá pasar también el visto bueno de los socios europeos por mayoría cualificada (55% de los Estados con el 65% de la población). Con este sistema de mayorías, los cinco países frugales (Holanda, Austria, Dinamarca, Suecia y Finlandia) necesitarán de más aliados para bloquear el dinero en esta primera fase. A pesar de esta reválida por parte de las capitales, el texto aprobado deja la puerta abierta a que «de manera excepcional» , «uno o más países» puedan convocar al país concernido para que dé explicaciones ante el resto de los jefes de Estado y de Gobierno en una cumbre, en caso de «serias desviaciones» de los objetivos de estos planes de reformas.

Aunque el Ejecutivo comunitario no comparta este criterio, al considerar que el país está cumpliendo lo estipulado, el texto acordado da poder a un solo socio para retrasar el pago, al menos de manera temporal, hasta que los líderes europeos no hayan discutido de manera exhaustiva este tema. Este proceso no podrá dilatarse más de tres meses después de que la Comisión haya preguntado su opinión al Comité Económico y Financiero (un órgano consultivo con técnicos de los Estados ) sobre su decisión.

Discutir pero no decidir

Fuentes diplomáticas europeas señalan la cuidadosa elección del verbo. Los jefes de Estado y de Gobierno podrán «discutir» pero nunca «decidir». Por lo tanto, será la Comisión Europea la que tenga la última palabra, a pesar de que Rutte haya acusado una y otra vez al Ejecutivo comunitario de ser excesivamente laxo en la vigilancia. Las mismas fuentes explican que la validación por unanimidad por parte de los Veintisiete, tal y como quería Holanda, contraviene lo estipulado en los tratados europeos.

Tras la aprobación de los Veintisiete la madrugada del martes después de una agónica cumbre de cinco días, ahora el Parlamento Europeo debe dar la luz verde antes de finales de año para que el acuerdo no quede en papel mojado. Hoy se producirá un debate en sesión plenaria y se aprobará una resolución. El presidente de la Eurocámara, David Sassoli, admitió ayer estar satisfecho en términos generales pero pidió diversos cambios a los jefes de Estado y de Gobierno como condición para la luz verde parlamentaria. «Hay una serie de puntos que el Parlamento quiere hacer con un espíritu constructivo para tratar de corregir algunos de los errores», dijo Sassoli.