La morosidad y los impagos por la pandemia ponen al borde del cierre a 220.000 empresas

Dos de cada tres empresas españolas sufren los impactos negativos de la morosidad

Dos de cada tres empresas españolas tendrán que consignar en sus cuentas de resultados al final año el impacto negativo de la morosidad y de los impagos de sus clientes en su cuenta de resultados. Por ello, el 12% del tejido productivo considera en riesgo su continuidad por este motivo, tres puntos por encima que hace seis meses, lo que se traduce en que 220.000 empresas estarían en riesgo de cierre en los próximos meses. El primer impacto de la pandemia y el confinamiento primero, y los rebrotes y las nuevas restricciones ahora, estarían detrás de esta situación, según recoge el Estudio del Riesgo de Crédito en España impulsado por Crédito y Caución e Iberinform, que permite comparar la proyección empresarial actual respecto al confinamiento sufrido en primavera.

En sus conclusiones, el estudio advierte de que el incumplimiento de los pagos acordados genera “importantes tensiones de liquidez en una situación como la actual” y es especialmente “desestabilizadora en la operativa de las empresas de menor tamaño”, ya que el impacto de un impagado comercial se acentúa cuanto menor sea el margen de beneficios, pues “multiplica el número de ventas con clientes solventes necesarias para compensar la pérdida”. El informe también apunta que el 67% de las empresas cree que el impago le comportará consecuencias significativas, el 46% pérdida de ingresos, el 39% costes financieros, el 18% que limitará su crecimiento y el 15% que limitará nuevas inversiones.

Iberinform destaca que si se produce el impago de una venta con pago aplazado, la pérdida equivale a los costes de producción del producto. Y pone un ejemplo muy clarificador de las dificultades que afrontarán las empresas. “Si una empresa con un margen comercial del 10% sufre un impago de 10.000 euros, deberá generar nuevo negocio por 100.000 euros para compensar el impacto de los 9.000 en costes de producción”. Por ello concluye que “la falta de control sobre la morosidad es un riesgo para la actividad empresarial”.