A Sánchez se le rompió el cántaro

Las cuentas son poco creíbles, en este nuevo formato del cuento de la lechera protagonizado por el presidente

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante su intervención en el pleno del SenadoChema MoyaEFE

El presidente Sánchez ha basado toda su estrategia de recuperación en la aplicación de la teoría neokeynesiana de incremento de gasto para sostener la actividad económica. Es decir, en lugar de impulsar un paquete de reformas estructurales que agilizasen la economía y el empleo, ha apostado por el gasto público puro y duro. Y dentro de esa apuesta de política fiscal expansiva por el lado del gasto, lo ha fiado todo a la llegada de los fondos europeos, tanto en la parte no reembolsable como en la reembolsable, de manera que la marcha de la economía depende, para Sánchez, de recibir 72.700 millones a fondo perdido, en formato plurianual, y 68.000 millones en préstamos con período largo de devolución.

De los primeros, las subvenciones, Sánchez ha imputado al presupuesto de 2021 nada más y nada menos que 27.000 millones de euros. Con ello –y con el resto de los fondos– organizó, rápidamente, una reunión, con el lema «España puede», para asegurar que su plan económico iba a relanzar nuestra economía y conseguir un crecimiento económico en el largo plazo por encima del 2% anual, en términos constantes, a partir de la actuación en una serie de ejes medioambientales, digitales y de cohesión.

Todo, aunque pudiese sonar bonito, puede que no pase de eso, de la escenificación, porque no hay gran detalle de las actuaciones a realizar ni la elección de las mismas parece que vaya a ser la más idónea. No obstante, Sánchez se obstina en insistir que va a lograr ese crecimiento estructural, que permitirá, según sus cálculos, añadir 2,7 puntos de crecimiento al PIB en 2021 y generar 800.000 puestos de trabajo.

Esas cuentas son poco creíbles, en este nuevo formato del cuento de la lechera protagonizado por Sánchez, pero es que ahora se torna en casi imposible, porque Sánchez, de tanto gustarse en su gestión y planteamiento, no ha mirado bien los escollos que podía haber por el camino y, como la lechera, ha tropezado, con la rotura correspondiente de su cántaro.

Eso es lo que ha pasado con el veto al presupuesto de la UE y al fondo de recuperación que han impuesto Hungría y Polonia, con lo que hoy los fondos están más lejos, aunque me temo que Sánchez los haya gastado ya, con el consiguiente incremento de déficit y deuda en otros 27.000 millones de euros si no llega el dinero procedente de Bruselas, es decir, entre dos y tres puntos adicionales de PIB. Es lo que sucede cuando en lugar de trabajar uno para salir adelante, lo fía todo a las ayudas que le den otros.