Epidemia de fusiones y el factor humano

La fusión entre el BBVA y Sabadell depende sobre todo del «factor humano», de una decisión casi personal de Carlos Torres y Josep Oliú

La Ciudad BBVA, sede corporativa del Grupo Banco Bilbao Vizcaya Argentaria en España, donde se levanta La Vela, una torre circular de 19 plantas, en MadridJoaquín Reina Europa Press

Carlos Torres, presidente del BBVA, y Josep Oliú, presidente del Banco Sabadell, hablaron de fusiones, de manera informal, al final del verano pasado. No consta el entusiasmo de ambos banqueros, pero soportaban la presión de ser el centro de todas las miradas en el sector financiero. Cada vez que el Banco Central Europeo (BCE), que preside Christine Lagarde, con Luis de Guindos de vicepresidente, defendía la conveniencia de las fusiones bancarias, Torres y Oliú, cada uno con sus propias circunstancias, se sentían aludidos, sobre todo después de que CaixaBank y Bankia anunciaran su unión, impulsada y soñada por Isidro Fainé, bendecida por la ministra Nadia Calviño y que ejecutarán José Ignacio Goirigolzarri y Gonzalo Gortázar.

Torres y Oliú acordaron crear unos grupos de trabajo que explorarían la operación. Mientras, con el recordatorio permanente también del Banco de España de la bondad de la concentración bancaria, ambos bancos empezaron a prepararse para que si llegaba el «gran día» les pillara en las mejores condiciones. La decisión última, en cualquier caso, está en la mesa de los dos presidentes. La historia de las fusiones bancarias en España es la historia de sus protagonistas, cuyo criterio personal siempre ha sido el definitivo.

Las grandes operaciones bancarias se han sustentado, sobre todo, en «el factor humano», que también es el título de la versión española del libro de John Carlin sobre la llegada al poder de Nelson Mandela en Sudáfrica y cómo protagonizó otra transición sorprendente hacia lo que se llamó «el país del arco iris». El BBV, precursor del BBVA, fue el resultado de los deseos, ambiciones, objetivos de José Ángel Sánchez Asiaín y Pedro Toledo, por encima de la racionalidad económica más absoluta. El Santander creció con compras y fusiones porque Emilio Botín siempre quiso ser el primero. Todo ha cambiado, pero los «animal spirits» –decisiones impulsivas– de Keynes todavía son la palanca principal de grandes decisiones empresariales.

El caso del BBVA y Sabadell, termine como termine, no será una excepción. Torres y Oliú intentan hacer de la necesidad virtud. El BBVA ha hecho una operación espectacular con la venta de su negocio en USA, que reporta 9.700 millones de euros. Una gran operación, que hace olvidar el dineral que enterró en ese proyecto el anterior presidente, Francisco González (FG). Ahora, el BBVA puede adquirir, sin despeinarse, el Sabadell, en tierra de nadie, mucho más pequeño que el banco que preside Torres y varias veces mayor que su siguiente competidor. Todos en un mundo con tipos de interés negativos, lo que convierte el negocio típico bancario en algo imposible.

El BBVA y el Sabadell, sin accionistas de referencia, es decir sin una propiedad clara, y tras grandes caídas de su valor bursátil, mitigadas con el anuncio de conversaciones, podían estar al albur de intereses de terceros. Ambos negocios no son los más boyantes, pero Bancomer, el banco mexicano del BBVA, una operación que FG se encontró hecha y quiso deshacer aunque no pudo, es una pieza cotizada. Completaría, por ejemplo, el negocio global del Santander de Ana Botín, que también sufre en la Europa del precio del dinero negativo.

Carlos Torres también tiene que librarse del asunto Villajero, que todavía dará guerra en los Tribunales. Sin embargo, con dinero en caja, juega sus cartas y el consejero delegado del BBVA, el turco Onur Genç, enfría la fusión cuando dice, en público y ante una subgobernadora del Banco de España, Margarita Delgado, que insiste en las fusiones, que «no sin rentabilidad». Desmarque o estrategia para bajar el precio.

Para Josep Oliú sería su última gran operación y quiere salir, como el gran aficionado a la ópera que es, al menos con un «bis», que él extendería todo lo posible, porque la retirada al campo a jugar con los nietos no figura entre sus objetivos inmediatos, mientras que su segundo, Jaume Guardiola, también busca su encaje. El interés del BCE es prevenir una crisis financiera con entidades más sólidas y por eso insiste o presiona, según los gustos. Todo apunta que, en plena epidemia de fusiones, habrá boda BBVA-Sabadell, pero nadie descarta un «coitus interruptus», porque al final lo decisivo es el «factor humano», los «animal spirits». De Torres y Oliú.

La reforma necesaria de los concursos de acreedores en España

El gobernador del Banco de España, Pablo Hernández de Cos, defiende desde hace tiempo la necesidad de reformar los concursos de acreedores para evitar que conduzcan a la liquidación de los negocios. Ahora un estudio de Miguel García Posada aporta los datos concretos. Mientras que en Francia o en el Reino Unido un concurso de acreedores se resuelve en una media de doce o catorce meses, en España se tardan cuatro años yla empresa lo sufre, claro.

El euro, la moneda más usada en transacciones internacionales en octubre

La moneda única europea, el euro, fue la divisa más utilizada en las transacciones financieras en todo el mundo, incluso por delante del dólar, en el mes de octubre, según los datos que aporta SWIFT, como ha detectado el analista Juan Ignacio Crespo. Es la primera vez que ocurre desde febrero de 2013. SWIFT –Society for Worldwide Interbank Financial Telecommunication–, fundada en Bélgica en 1973, opera algo así como una red internacional de comunicaciones financieras entre los bancos y otras entidades financieras. En diciembre de 2018, SWIFT mantenía enlazadas más de 11.000 entidades financieras en 204 países y funciona ininterrumpidamente las 24 horas del día y los siete días de la semana. En la práctica utiliza unos códigos, parecidos al IBAN, para realizar transacciones de forma segura.