Von der Leyen intenta reflotar el Titanic europeo de los chips

La presidenta de la Comisión pretende que el Viejo Continente recupere parte del 50% de la capacidad de producción que ha perdido en los últimos 30 años

Sarajevo (Bosnia And Herzegovina), 30/09/2021.- La presidenta de Comisión Europea Ursula von der Leyen
Sarajevo (Bosnia And Herzegovina), 30/09/2021.- La presidenta de Comisión Europea Ursula von der Leyen FOTO: FEHIM DEMIR EFE

Nunca antes una pieza tan pequeña como un chip había traído de cabeza a medio mundo. En lo que llevamos de año la escasez de los semiconductores («estos diminutos chips que hacen que todo funcione», como los definió la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen), está causando fuertes estragos en la mayoría de las industrias de todo el mundo. El porcentaje de empresas de la zona euro afectadas por la escasez de este material, que son la clave para todo, desde la creación de teléfonos inteligentes (5G) hasta satélites avanzados, ha tocado máximos históricos en 2021. El pasado julio un 40% de las empresas sufría por la falta de este material, cuando a finales de 2020 este problema apenas afectada a un 7%, según la Comisión Europea. «Sin duda la COVID-19 ha sido el factor detonante e inesperado al que se han unido desastres naturales como un invierno severo en Texas este año que obligó al cierre de varias fábricas de microchips, una gran sequía en Taiwán, cuyo gobierno ha limitado el consumo de agua en toda la isla, viéndose afectadas directamente las plantas de semiconductores que necesitan importantes cantidades de agua en su proceso de fabricación o el incendio en Japón el pasado marzo de una fábrica de uno de los mayores productores mundiales de chips para automoción», explica Begoña Cristeto, socia responsable de automoción, industria y química de KPMG España. Además, los proveedores de semiconductores de Malasia, como Infineon Technologies AG, NXP Semiconductors NV y STMicroelectronics han tenido que cerrar muchas de sus fábricas a consecuencia de la pandemia incrementando los tiempos de entrega de microchips. Una vez que se han relajado las restricciones impuestas para contener la expansión de la COVID-19, el avance de la vacunación y la reapertura del sector servicios, han hecho que la demanda de microchips se recupere rápidamente. En este contexto, las economías de la zona euro, fuertemente dependientes de la importación de materias primas y de bienes intermedios en sus procesos productivos, se enfrentan a una situación de escasez de componentes básicos, entre ellos los semiconductores, lo que está generando cuellos de botella en su producción, que impiden que la oferta atienda la demanda de pedidos en los plazos requeridos. Alemania ha sido la economía más castigada, con un 71% de sus empresas manufactureras afectadas, debido a que buena parte de su tejido productivo depende del automóvil, el sector más golpeado por el desabastecimiento de los microchips. La escasez de estos componentes ha hecho que en el mundo dejen de producirse 7,2 millones de automóviles, según Ametic, y la Asociación Europea de Proveedores Automovilístico (Clepa) estima que se ha retrasado ya la fabricación de 500.000 vehículos solo en Europa. En España, un 22% de las empresas sufrieron el desabastecimiento de los microchips, frente a algo menos del 13% en Italia.

“Producir chips para el sector del automóvil es menos rentable que los pedidos de compañías tecnológicas”, explica Gianluca Cornetta, profesor Titular del área de tecnología electrónica de la Universidad CEU San Pablo. «La electrónica para el mercado de la automoción supone una fracción muy pequeña de la producción de una fábrica de semiconductores, lo que ha hecho que el mercado de la automoción no sea visto como una prioridad, agravando aún más la crisis de este sector», señala Cornetta. A esto hay que añadirle una falta de previsión. «Cuando en la primavera de 2020 estalló la crisis de la COVID-19, el sector de la automoción, tratando de preservar su capital, paralizó los pedidos de componentes electrónicos, haciendo caer la demanda de semiconductores más de un 30% interanual en el periodo abril-mayo. Cuando la demanda de vehículos comenzó a despegar a finales de 2020, este sector se encontró a la cola en el mercado de semiconductores, viendo así amenazado el modelo de abastecimiento “just in time” (justo a tiempo), basado en la máxima eficiencia y reducción de stock utilizando previsiones a muy corto plazo. Por el contrario, otros sectores y algunos fabricantes de automoción asiáticos, que ya habían vivido con anterioridad la escasez de microchips, mantuvieron los pedidos y calendarios de entregas previstos a largo plazo, pese al riesgo de caída de demanda para sus productos», explica Begoña Cristeto. Una de las compañías más afectadas por este hecho ha sido General Motors que a principios de 2021 se vio obligada a paralizar la producción de algunas de sus fábricas, provocándole unas pérdidas de 2.000 millones de dólares.

Esta escasez de microchips se ha presentado de manera más temprana e intensa no solo en el sector de la automoción, sino también en la fabricación de material y equipo eléctrico, en la fabricación de productos informáticos y electrónicos, al tiempo que se fortalecía la demanda de algunos de estos dispositivos electrónicos de manera extraordinaria durante la pandemia. Por tanto, la tormenta perfecta ya estaba aquí, en un mundo cada vez más conectado, en el que infinidad de productos incorporan microchips, pero apenas hay empresas que los fabriquen. Aproximadamente el 75% de la capacidad mundial de producción de semiconductores se concentra en el Este asiático, una cifra que se espera que continúe creciendo. Corea del sur es una de las naciones que más semiconductores fabrica cada año, tiene más del 40% de la capacidad de fabricación global con Samsung como punta de lanza de semiconductores de ese país. Esta compañía ya ha dicho que invertirá 125.105 millones de euros hasta 2030 para acelerar su capacidad de desarrollo y producción de semiconductores, incluyendo la construcción de nuevas plantas de fabricación de microchips. Le sigue Taiwán con el 30% de la producción mundial de microchips. Allí tienen a TSMC, que solo se dedica a la fabricación de semiconductores. Entre ambos suman el 70%, y si a esto se suma el 15% que actualmente maneja China (en 2030 aspira a albergar aproximadamente el 25% de la fabricación de microchips) y el otro 15% de Japón, nos encontramos que más de 7 de cada 10 microchips salen de ese rincón del planeta. «Habría que preguntarse cómo ha llegado la industria de automoción europea a depender en un 60%-70% de unos chips que se producen en China y Taiwán, cuando Europa tiene unas capacidades relativamente elevadas en su diseño. La causa hay que buscarla en la pérdida de más de un 50% de su capacidad de fabricación en los últimos 10 años, poniendo de manifiesto la necesidad de revisar las dependencias en la cadena de suministro en el área crítica de la tecnología de semiconductores», señala Cristeto.

La tormenta que ha provocado la falta de suministro de los microchips ha despertado las inquietudes de Estados Unidos (sólo fabrica el 12% de los semiconductores utilizados en sus productos) y de Europa (más rezagada aún con el 10%) conscientes de la necesidad de diversificar la cadena de producción de microchips para limitar la dependencia de China, Taiwán y Corea del Sur. La administración de Joe Biden ha inyectado 50.000 millones de dólares para fomentar ese sector, mientras que Intel invertirá 20.000 millones de dólares para construir dos fábricas en Arizona y 80.000 millones de dólares en la apertura de un nuevo centro de producción en Irlanda, enfocado en la industria automovilística, y otras dos nuevas instalaciones en la UE, con Alemania y Francia como los países favoritos para acoger las nuevas factorías de la tecnológica. China está invirtiendo agresivamente para emerger como la potencia de fabricación mundial de microchips más grande en 2030. Lo estratégico de los semiconductores ya fue percibido por Pekín en 2015 cuando puso en marcha un ambicioso plan llamado “Made in China 2025″. Con él pretendía dejar de ser “la fábrica del mundo” que produce bienes baratos y de baja calidad, a aumentar hasta un 70% el contenido nacional chino de los materiales básicos, incluidos los semiconductores. Esta carrera por la hegemonía de los semiconductores también ha profundizado en la falta de oferta. “En 2020 el gobierno americano impuso restricciones muy severas sobre los productos del mayor fabricante de microchips chino SMIC, lo que obligó a los productores americanos a realizar pedidos a fabricantes de Taiwan (TSMC) o coreanos (Samsung), pero que ya estaban al máximo de su capacidad productiva”, explica Gianluca Cornetta.

Hegemonía

En medio de esta pelea entre China y Estados Unidos por la hegemonía de los semiconductores, se coloca la UE, que en los últimos diez ha perdido más del 50% de su capacidad de fabricación de chips. Recientemente la presidenta de la Comisión Europea Ursula Von der Leyen anunciaba que la Comisión Europea presentará una ley comunitaria de microchips para afrontar su escasez de chips. “No es solo una asunto de competitividad, es también una cuestión de soberanía tecnológica”, defendió. La UE ya ha puesto en marcha una alianza para potenciar la fabricación de semiconductores con el objetivo de elevar hasta el 20% la fabricación europea de semiconductores en todo el mundo en 2030. Von der Leyen, que no detalló la nueva normativa, subrayó que “el objetivo es crear conjuntamente un ecosistema de chips europeos de última generación, incluida la producción para garantizar nuestra seguridad de suministro y desarrollar nuevos mercados para la tecnología europea”. Pero crear una planta que fabrique chips no está al alcance de todos. “Se necesita una inversión potente de 10.000 millones de euros. Además una fábrica de esta envergadura puede hasta tres años en estar operativa. ¿Quién puede aguantar esta inversión con tecnologías tan cambiantes?”, se pregunta Alberto de Torres, CEO de Nektiu y profesor de ESIC. La paradoja está en que las máquinas que hacen esta tecnología puntera solo están en Europa, concretamente en Holanda. Pedro Mier, presidente de la industria digital Ametic, sostiene que los planes de Europa son buenos e intentan corregir su falta de visión estratégica a lo largo de los años y “ahora lo estamos pagando”. “Europa se ha equivocado creyendo que el mercado lo arregla todo y cuando cometes la torpeza de externalizar tu capacidad industrial y de no invertir pasan estas cosas”, añade Mier. España también intenta reengancharse a esta industria de la mano de esta patronal. Colabora con el Ministerio de Industria para que las empresas españolas puedan diseñar sus procesadores con tecnologías ya maduras que siguen estando muy demandadas.

¿Qué empresas se dedican a la fabricación de microchips?

Europa no está sumida en la más absoluta irrelevancia. Un ejemplo de ello es la empresa holandesa ASML, el mayor fabricante de las máquinas que permiten fabricar microchips y en Alemania, Robert Bosh inauguró el pasado julio una planta de chips cerca de la ciudad de Dresde que aumentará su capacidad para servir directamente a los fabricantes de automóviles, dependiendo menos de terceros. Por otro lado, está la taiwanesa TSMC que solo fabrica chips, mientras que Samsung e Intel hacen todo el proceso. La otra gran empresa es Global Foundries, una empresa de fundición de semiconductores.