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Cien días de gobierno de Tsipras: 30.000 millones de euros menos

  • Cien días de gobierno de Tsipras: 30.000 millones de euros menos
Atenas.

Tiempo de lectura 8 min.

03 de mayo de 2015. 20:29h

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Atenas. 3/5/2015

La «caja de Pandora» es un artefacto de la mitología griega. La historia cuenta que Zeus entregó a Pandora un misterioso «pithos» –actualmente se cita como una caja– con instrucciones de no abrirlo bajo ninguna circunstancia. Sin embargo, la gran curiosidad de Pandora la llevó a abrir la caja. Cuando lo hizo, escaparon de su interior todos los males.

Salvando las distancias, el mito podría extrapolarse a lo que le ha sucedido a Syriza en estos cien primeros días de Gobierno, que se cumplirán el miércoles. Los acreedores (Zeus) entregaron ayuda financiera a los gobiernos griegos de turno (Pandora) a través de dos rescates sujetos a estrictas exigencias (caja), con la condición de respetar lo acordado. No obstante, el deseo y la falta de experiencia de Syriza en el Gobierno (curiosidad) han provocado el choque con los acreedores y, por consiguiente, han hundido todavía más la frágil economía helena.

Los datos son demoledores. Las arcas públicas han caído de los 2.000 millones de euros en enero hasta un agujero fiscal de 400 millones, según reconoció el Ministerio de Finanzas griego la semana pasada. Ello se debe, en parte, al incremento del impago de impuestos tras el anuncio de elecciones anticipadas a finales de diciembre. En el primer mes del año, la recaudación del Estado fue un 23% inferior a los 4.500 millones previstos. En febrero, el recorte se mantuvo a un ritmo parecido y en marzo se pudo contener a tan sólo 400 millones menos de lo esperado, gracias al cobro de los Fondos Financieros de Estabilidad (HFSF). En abril, según cálculos de «Kathimerini», esa pérdida de ingresos se elevó a 700 millones. En total, el Gobierno griego habría dejado de ingresar 3.500 millones desde su llegada al poder.

Para hacer frente a la creciente sequía de sus cuentas y cumplir con sus compromisos de deuda y pagos domésticos, el Ejecutivo izquierdista se ha sumido en una contrarreloj en la que ha tenido que recurrir en los últimos dos meses a los fondos de empresas públicas. Esta maniobra le ha permitido recaudar 500 millones de euros, según los datos oficiales. Entre otros, del Metro de Atenas (150 millones), la Prefectura de Atenas (110), la Agencia de Empleo (80) y de los gobiernos locales (160); estos últimos obtenidos a través de un polémico decreto ley que generó un aluvión de críticas por parte de los alcaldes.

La incertidumbre política durante los primeros meses del Gobierno izquierdista ha provocado el pánico entre los inversores. El bono soberano a 10 años ha subido hasta el 10,68% desde el 8,73% antes de los comicios, mientras que la prima de riesgo ha alcanzado los 1.033 puntos respecto a los 797 de mediados de diciembre. La bolsa de Atenas también lo ha sufrido en sus índices. Sólo en los tres primeros días de Gobierno el índice cayó un 16,13%.

La liquidez agoniza

No obstante, los mayores perjudicados por las turbulencias políticas han sido los bancos griegos, que caminan al borde del abismo. Según estimaciones, desde el anuncio de los comicios anticipados la fuga de capitales ha ascendido a 27.000 millones de euros, un 15% del PIB. Sumado a los 3.500 millones que se han dejado de ingresar en impuestos, Grecia ha perdido más de 30.000 millones. En marzo, el volumen de los depósitos en bancos griegos alcanzó los 145.000 millones, el nivel más bajo en 10 años.

Para evitar la bancarrota del sector bancario de Grecia, el BCE ha aumentado hasta los 76.900 millones la línea de emergencia a la liquidez (ELA) para los bancos griegos. No obstante, las entidades helenas tan sólo disponen de un margen de 3.000 millones de esos créditos, pues ya han utilizado el resto. El ELA es la única vía de financiación –y con unos intereses más elevados– de los bancos griegos desde que el BCE dejara de aceptar bonos como garantía en operaciones monetarias.

Esa decisión marcó el inicio de la asfixia de Grecia y del Gobierno de Syriza, que, por otro lado, ha fracasado en su intento de desbloquear los 7.200 millones pendientes del último tramo del rescate, que permanecen sujetos a la aprobación de una lista de reformas por parte de los acreedores.

En esas negociaciones, Atenas sólo ha logrado ganarse la desconfianza de los socios. «Cuando Syriza salió elegido, hubo una sensación en la eurozona de que las políticas implantadas en Grecia tenían que empezar a cambiar. En lugar de aprovechar ese pensamiento y ganarse poco a poco apoyos, el nuevo Gobierno actuó torpemente, debido a su falta de experiencia y al hecho de estar atrapado en una burbuja ideológica. Este hecho giró los ánimos en contra de Grecia y ahora es muy difícil cambiarlo», dice Nick Malkoutzis, director adjunto de la edición inglesa de «Kathimerini», en declaraciones a este diario.

El Ejecutivo izquierdista siempre ha achacado el empeoramiento de la situación económica del país a una presión de los acreedores, que «no nos lo ponen fácil», como reitera la viceministra de Solidaridad Social, Theano Fotiu, aunque coincide en que el nuevo Gobierno ha pecado de inexperiencia. La estrategia de la parte griega ha chocado frontalmente con los socios y ha servido para ganarse su animadversión. «Estas negociaciones requieren un lenguaje especial, políticamente correcto, y los miembros de Syriza hablan diferente; quieren ser claros, y eso enfurece al resto», explica Fotiu a LA RAZÓN para justificar los continuos desencuentros.

La viceministra de Solidaridad Social defiende que Syriza ha puesto en marcha un plan contra la crisis humanitaria para ofrecer electricidad y alimentos a las familias más afectadas por la crisis. La medida, que se aprobó a mediados de marzo, ha sido una de las pocas iniciativas legislativas del Gobierno izquierdista en estos más de tres meses.

Aunque todavía sea pronto para juzgar la actuación del Gobierno, los avances de las conversaciones en Bruselas parecen indicar que el Ejecutivo de Alexis Tsipras podrá cumplir apenas una pequeña porción de su ambicioso programa. El analista político, Omiros Tsapalos, considera que el fracaso en las negociaciones se debe a «una falta de voluntad por cambiar la estrategia hacia posiciones más realistas» y «posponer algunas promesas electorales».

Cisma en el «Podemos» griego

La necesidad de adaptar algunas propuestas a las exigencias de los acreedores ha provocado cierta división en el seno de Syriza. «El miedo a una separación de Syriza en dos partes, una de extrema-izquierda encabezada por Panayiotis Lafazanis (el representante del ala más dura y ministro de Reconstrucción Productiva, Medio Ambiente y Energía), y otra de centro-izquierda, es uno de los motivos por los que el Gobierno griego no ha presentado medidas fiscales más realistas y serias», asegura Tsapalos.

Ante la incapacidad de retroceder en algunos de sus postulados iniciales, el Gobierno heleno ha jugado las bazas del acercamiento a Rusia y de reparaciones de guerra para presionar a los socios. Sin embargo, estas amenazas sólo han avivado las tensiones con los socios europeos y han retrasado la llegada de un acuerdo que Grecia necesita con urgencia.

Esa lentitud ha dinamitado la paciencia de los griegos. Mientras que en febrero la estrategia negociadora del Gobierno sumaba un 70% de apoyos, ahora sólo alcanza el 45,5%. Además, el miedo a una salida del euro o un «default» se ha disparado entre más de la mitad de la población. Pese a que la intención de voto de Syriza se mantiene casi intacta, la potencial pérdida de popularidad ha llevado a Alexis Tsipras a barajar la opción de un referéndum, en el caso de que la firma de un tercer rescate contraríe el mandato popular obtenido en las urnas. De hecho, su intención continúa siendo «discutir la imposibilidad de pagar la deuda, a partir de junio», según Fotiu.

En el mito de la «caja de Pandora», una vez todos los males han sido liberados, sólo queda uno en el fondo del recipiente: Elpis, el espíritu de la esperanza. Precisamente, ni Atenas ni los griegos han perdido esa esperanza. Y según la «Ilíada», en la casa de Zeus –léase los acreedores– había dos cajas, una encerraba los bienes, y la otra encerraba los males. No obstante, todo eso es solamente un mito. Esas cajas ni siquiera eran cajas, sino tinajas ovaladas. Y la historia del Gobierno griego no es la de Pandora, sino la de la realidad, de la que ya se han consumido 100 días desde aquel «histórico» 25 de enero.

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