Ángel Simón, presidente de AGBAR: “Hemos de plantear una nueva reindustrialización de España”

El presidente de AGBAR y vicepresidente de Suez asegura que «Barcelona, como España y Cataluña, necesita acuerdos» y llama a «arrimar el hombro pese a las discrepancias» para salir de esta crisis.

El presidente de AGBAR explica su propuesta para responder a la gran crisis que vendrá tras el virus. Ese «elefante en la habitación» que los políticos, con sus hechos, parece que ignoran.

–¿Cómo ve usted desde la responsabilidad que ocupa la España pos-pandemia?

–Veo con preocupación la crisis mundial que se avecina. La situación es muy compleja, pero hemos de aprender de la historia. Tras la Segunda Guerra Mundial se dio paso a la reconstrucción con medidas de todo tipo, sociales, económicas, políticas, institucionales... Ahora estamos en una situación similar, teniendo en cuenta que desconocemos dónde está el final porque no existe aún certeza científica de cómo se dará respuesta a esta pandemia.

–¿Y por dónde hay que empezar a trabajar para hacer frente con eficacia a esta «situación tan compleja»?

–Primero hemos de centrar nuestros esfuerzos en pensar cómo queremos que sea la España pos-pandemia. Lo único seguro es que no será igual. La pandemia tendrá consecuencias sociales, las estamos viendo, y económicas, culturales, sin olvidarnos de la emergencia climática. Toca ahora ponernos manos a la obra para reconstruirnos como país, como economía y, lo más importante, como sociedad.

–¿Hay manera de neutralizar las previsiones económicas que sitúan a España entre los países con mayor descalabro económico y social?

–Es verdad que las previsiones no son halagüeñas. El PIB europeo ha caído en su conjunto en un 3,8 por ciento en el primer trimestre. El segundo será mucho peor porque la actividad ha quedado muy reducida. Además, en España el sector turístico, la hostelería y la restauración, que tienen un peso específico en el «mix» económico, han quedado muy afectados y con un elevado nivel de incertidumbre en lo que se refiere a su recuperación. Los niveles de actividad y los consumos nos darán una idea de cómo evoluciona la reactivación.

–¿Pero cómo podríamos incentivar esa reactivación? ¿Habría que acelerar la desescalada y hacernos a la idea de que hay que convivir con el virus?

–Hay que ser realistas, y a corto y medio plazo será difícil ser capaces de neutralizar todos estos impactos. Y la salud pública hay que protegerla siempre. Ahora bien, si le digo que es esencial poder contar con medidas específicas para las empresas, elemento fundamental en la reactivación, y con un marco de actuación consensuado.

–Sin embargo, la primera respuesta a la crisis ha provocado críticas del tejido productivo, que se considera penalizado por la ideología de la parte morada del Gobierno. Ya sabe, la tesis de que primero hay que salvar a las familias, y luego a las empresas.

–Es una dicotomía innecesaria y que puede provocar graves errores. Se ha actuado en favor de las familias porque era una necesidad imperiosa. Sólo hay que ver los datos del aumento del paro, del aumento de familias vulnerables que acuden a las entidades solidarias para cubrir sus necesidades más básicas. Pero sin empresas el Estado del Bienestar sería una entelequia. Si el tejido empresarial no tiene el apoyo suficiente por parte de la Administración, si no se tejen complicidades, nos abocaremos al fracaso.

–¿El apoyo es suficiente?

–En lo que se refiere a las necesidades financieras para la reconstrucción, nos encontramos en un panorama de magnitudes históricas: una vez atendido el gasto social, el gasto público deberá destinarse a infraestructuras que mejoren la competitividad y la sostenibilidad.

–El vicepresidente Iglesias ha apuntado a la «nacionalización» de empresas. ¿Puede ser necesaria una mayor intervención del mercado para salir de esta crisis?

–La pandemia ha demostrado la debilidad de la estructura productiva y tendremos que dar respuesta y aplicarnos a buscar nuevos sectores que sean fuertes en el nuevo mundo que se avecina, que aporten valor añadido, creando empleo de calidad. Hemos de plantear una nueva reindustrialización de España, pero el modelo imprescindible es el de la colaboración público-privada, que debe ser el motor de la reconstrucción, que debe permitir movilizar recursos financieros y ejecutar las inversiones necesarias para garantizar los niveles de bienestar. Una colaboración eficaz en la que las empresas han sido fundamentales, y todavía con más fuerza durante estas semanas.

–¿Quiere decir que sin las empresas y los recursos que éstas han aportado, el «mando único» del Gobierno no habría podido hacer frente a esta emergencia nacional?

–Hemos sido aliados decisivos en la defensa del interés general. No somos ajenos a los efectos de la crisis, pero hemos mantenido la actividad, reforzado medidas para colectivos vulnerables y aplicado nuevas iniciativas para paliar el impacto en la comunidad, además de impulsar iniciativas solidarias.

–Con el nivel de deuda que ya tenemos, y las previsiones de déficit y deuda para este ejercicio, ¿cree que podemos superar esta situación sin un «rescate» o sin ayudas condicionadas de la Unión Europea?

–Europa debe reaccionar ante la crisis. No es sólo una crisis de España. Es del conjunto de la Unión. En Europa debe existir una voluntad, individual y colectiva, para superar esta crisis, con un clamor general de reconstrucción dentro del marco de valores que compartimos. Sean cuales sean las medidas que adopte la Unión, tienen que ser rápidas porque no nos sobra el tiempo.

–Le preguntaba por un posible «rescate», del que ya se habla en medios políticos por los problemas de financiación del Estado español, aunque el Gobierno lo niegue.

–Es evidente que lo que hagamos en España, y a nivel empresa, debe situarse dentro del marco de acciones conjuntas de la Unión, cumpliendo con las condiciones generales establecidas. ¿Nos tendremos que endeudar? Seguro. Hemos de salvar personas, empleos y empresas. En toda esta etapa es importante tomar las decisiones acertadas, desde el rigor, el conocimiento y el consenso.

–Para «acertar», ¿qué le pide al Gobierno?

–Es imprescindible el diálogo. Antes le decía que tenemos retos sociales, económicos, medioambientales, también culturales, que hemos de afrontar necesariamente desde el consenso, y el Gobierno tiene la obligación de liderarlo. Solo conseguiremos progresar como país y proteger los logros de nuestro Estado de Bienestar si todos los agentes, también la empresa, acordamos nuevas condiciones.

–Es curioso porque en esta serie de conversaciones con el tejido empresarial y la sociedad civil que hemos abierto en el periódico, para analizar el futuro de la Reconstrucción, las palabras diálogo y consenso siempre están muy presentes. ¿Resultan creíbles si se aplican a la política?

–Usted me pide mi opinión y yo le digo que apuesto por un gran pacto en el que la empresa sea fundamental, y en el que hay que ampliar el alcance del contrato social. Son requisitos esenciales para remontar esta situación.

–Y a la oposición, ¿qué le pediría?

–Lo mismo que al Gobierno. La oposición, legítimamente, quiere llegar al Gobierno. Pero estamos en un momento delicado. Los ciudadanos, los empresarios, los trabajadores, todos necesitamos que el consenso sea el común denominador de la política. Consensuar acuerdos económicos y sociales que nos permitan salir de la crisis nos suma, y no son óbice para que exista la sana crítica política.

–¿Cuál es el mayor riesgo al que España se enfrenta en estos momentos?

–La inoperancia. El perdernos en debates estériles. Pensar en el corto recorrido. Hemos de evitar ser nuestros propios enemigos y arrimar el hombro a pesar de las discrepancias.

–Hablaba antes de la necesidad de los grandes acuerdos. Desde fuera del ruido de la política, ¿qué prioridades les marcaría?

–Es verdad que la política española lleva muchos años inmersa en el ruido. Gobierno y oposición deben ayudar a silenciarlo. Los acuerdos de reconstrucción deben arbitrarse en todos los niveles de la administración, con seriedad y rigor, y no como elementos de propaganda. Las crisis siempre pueden generar oportunidades, pero hay que aprovecharlas. No hacerlo, perdiéndonos en estériles debates, nos puede abocar a situaciones indeseadas y a finiquitar el Estado de Bienestar. Somos Europa y compartimos valores comunes.

La actuación de la empresa y del Gobierno, de los partidos, debe situarse dentro del contexto de acciones conjuntas de la UE, con la atención puesta en las medidas que ayuden a dar respuesta a nuestra situación como país. Urge que a escala nacional establezcamos un gran pacto, con el acuerdo de todas las partes.

–Usted ha planteado y defendido un «pacto social» en Barcelona. En una Cataluña condicionada por el debate independentista. ¿Cuál es el objetivo de ese «pacto social»?

–Planteamos ese «pacto social» por responsabilidad. Aguas de Barcelona es una empresa ligada a la ciudad y a su área metropolitana. AGBAR es Barcelona. Barcelona debe refundar el espíritu del que ha sido durante décadas su modelo de éxito, el modelo de proyección global que siempre ha contado con el apoyo de nuestra compañía. Con esta propuesta, ponemos a disposición de la ciudad, y su conurbación, nuestra capacidad, experiencia y conocimiento.

–¿Pero cree que es posible impulsar una iniciativa de este tipo cuando el independentismo quiere seguir centrando la agenda en la «mesa de partidos» o en lo que llaman el «conflicto»?

–Ya le he dicho antes que nosotros actuamos por responsabilidad. Tenemos la voluntad y la disposición para acompañar y fortalecer cualquier iniciativa de reconstrucción. No es una actitud nueva. Nos acompaña en nuestra trayectoria la autoexigencia de actuar desde la anticipación y el rigor. Barcelona, como España y Cataluña, necesitan consensos y acuerdos. Por eso plantearemos un pacto social por la sostenibilidad, la ocupación y la reconstrucción. Lo estamos trabajando con diversos actores sociales, trabajadores y expertos, encargados de establecer las líneas para dar respuesta a los retos de futuro. Confío en que sea bien recibido.

–Para hacer esta radiografía de la Reconstrucción es necesario tener la radiografía correcta de cómo quedan todos los sectores. En el suyo, en las empresas de suministro de agua, ¿qué consecuencias deja la crisis? Y si me permite, ¿qué están aportando para hacerle frente?

–El Grupo Suez siempre ha actuado con la convicción de no dejar a nadie atrás. Nuestra estrategia está alineada con los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas y hemos implementado, sistemáticamente, desde hace años, medidas dirigidas a los colectivos más vulnerables. En esta crisis las hemos reforzado.

–¿Hasta dónde?

–Se lo digo de forma tajante: no cortamos, ni cortaremos, el suministro de agua a quien no lo pueda pagar. Sin embargo, el consumo de agua se ha reducido entre un 20% y un 40%, en función de las zonas. La industria y el sector turístico, grandes consumidores, han reducido drásticamente su actividad estas últimas semanas y así seguirán en muchos casos. Por tanto, la normativa debe adaptarse a esta situación para garantizar la seguridad jurídica. Los efectos del estado de alarma en el consumo de agua durarán años, y hemos de arbitrar medidas que no dejen desprotegidas a las empresas suministradoras, ya sean públicas o privadas.

–¿Los decretos aprobados hasta ahora por el Gobierno son insuficientes? ¿Debe haber cambios?

–Sí. Pedimos que se contemple esta situación. Y no sólo los empresarios del agua. También la UGT le ha pedido a la vicepresidenta Teresa Ribera que tenga este escenario en cuenta para evitar el impacto en la continuidad de más de 100.000 empleos que genera el sector del agua, clave y estratégico para abordar con éxito la transición ecológica. El Gobierno debe garantizar a las empresas seguridad para que puedan recuperarse, ayudar a proteger el empleo y continuar aplicando las medidas sociales.

–Por cierto, ¿cómo se han organizado en el estado de alarma para garantizar que no estuviera en riesgo la prestación de servicios?

–En todas las empresas del Grupo Suez en España nos pusimos manos a la obra mucho antes de que se decretara el estado de alarma. Nuestra prioridad era proteger a nuestros trabajadores y garantizar el suministro de agua. ¿Se imagina usted un confinamiento sin agua? Primero, suspendimos viajes, reuniones, y adaptamos medidas preventivas concretas en las instalaciones esenciales para el suministro y en las brigadas que afrontaban en primera línea las posibles incidencias para minimizar el riesgo.

–Si me permite la curiosidad, con la falta de medios de protección, de test, que ha habido durante muchas semanas, ¿cómo han garantizado ustedes que no entrase el virus en una empresa esencial, y que no puede teletrabajar ni parar?

–Tengo que agradecer el esfuerzo a nuestros trabajadores por su responsabilidad y compromiso. En las plantas se adaptó el modelo de operación con presencia permanente en las instalaciones para proteger la salud de los trabajadores y la de sus familias. Durante periodos de entre una y dos semanas se duerme en autocaravanas individuales en las instalaciones para garantizar el servicio.

–Entiendo que me está hablando de confinamientos particulares para garantizar el suministro del agua.

–Sí, y así ese suministro siempre ha estado garantizado. En España, empresas como la nuestra tienen la experiencia y el conocimiento, la profesionalidad de sus trabajadores y la tecnología más avanzada para garantizar el suministro. Aun así, es importante pensar en el futuro. El agua es un bien escaso que debe estar bien gestionado porque la presión demográfica es cada vez mayor, necesitamos más agua para la agricultura, para la industria y para la ciudad. Tenemos que involucrarnos en construir un modelo de ciclo integral de agua que garantice la cantidad y la calidad, aprovechando y protegiendo los recursos.

–¿La crisis ha puesto punto y final a los objetivos de desarrollo sostenible de la ONU?

–En absoluto, tienen todavía más relevancia en momentos como los actuales. Uno de los aprendizajes de la pandemia es que vivimos en una realidad cada vez más globalizada, y es importante, por eso, tener un lenguaje común, unos hitos que nos permitan hacer seguimiento y trazabilidad sobre los logros que estamos consiguiendo de manera colectiva. Las soluciones, más que nunca, tienen que ser conjuntas, construidas desde el impulso de las alianzas.