Confinados pero asfixiando a Cataluña

Ni el Gobierno ha adoptado decisiones lesivas en la pandemia, ni Madrid les agobia culturalmente ni hay opresión económica contra los catalanes

Un ciudadano exhibe un cartel a favor de la libertad de los políticos presos, durante una concentración ayer en la plaza de Sant Jaume de Barcelona
Un ciudadano exhibe un cartel a favor de la libertad de los políticos presos, durante una concentración ayer en la plaza de Sant Jaume de BarcelonaAndreu DalmauEFE

Entre los datos que chocan en la tragedia del virus está el de que Cataluña tiene cuatro veces más de muertes que Andalucía en relación al número de habitantes y parecida distancia en relación a Murcia. Curioso y pasmoso, resulta que la tierra que los supremacistas catalanes consideraban la Dinamarca de nuestro mapa arroja, ¿que gestión han hecho?, unas cifras fatales comparadas a lo que ellos tildaban de zonas africanas subdesarrolladas, aquellas en las que vivía gente que Pujol, no en su día más afortunado, definió al hablar del andaluz como «hombre poco hecho, que vive en estado de ignorancia y de miseria intelectual». ¡ Que suspicaz ! El Honorable nos calcó, a mí, a mi padre el notario, a mi abuelo el político, a mi madre y a toda la gente del pueblo en que nací, Albox, y del que vivo, Vélez Blanco.

Estas cifras penosas deberían abrir los ojos a los ciudadanos catalanes, una parte de España hasta recientemente llena de sentido común, pero no estoy seguro de que vaya a ocurrir . Ya han surgido voces de descerebrados afirmando que «España nos mata» culpando al gobierno de Madrid de la catástrofe. La verdad es que el gobierno de Sánchez ha sido alternativamente incompetente, mentiroso, poco previsor y tendencioso –véanse las suicidas y jaleadas manifestaciones feministas– a la hora de precaverse. Sin embargo, es difícil ver que haya adoptado ninguna decisión lesiva para Cataluña. Esto lo podría argumentar Madrid. Como los maños en relación a los vascos en la libertad actual de circulación . Con todo, no pocos catalanes lo creerán.

Comulgarán con eso y con otras sandeces propaladas por los separatistas, el nacionalismo nubla la vista. Igualmente llamativo es difundir que la marcha de Nissan entra dentro de la estrategia de Madrid para hundir a Cataluña. Aunque el gobierno de Sanchez no tenga el peso internacional del que alardea parece evidente que la huida de la empresaria japonesa obedece a otras razones, imputables a la globalización, de un lado, y a la política de la Generalitat, de otro, el reajuste del mercado del automóvil, cierre de plantas en varios países, la delicada situación política catalana que no atrae sino que ahuyenta inversores, manifestaciones frecuentes de exaltados que crean perturbaciones en la vida empresarial, etc...

No menos demencial es la especie de que Madrid los asfixia culturalmente. No se acaba de entender cómo el catalán es la lengua omnipresente en la Comunidad, se editan cantidad de libros en esa lengua, si te entrevistan en la televisión el 90% de las preguntas son en catalán, es punible rotular en castellano,los artistas y autores de aquella tierra son aclamados en el resto de España, directores catalanes copan los teatros oficiales de la capital de España, las películas catalanas, unas buenas y otras no tanto, son llevadas constantemente a festivales en el extranjero por nuestro Ministerio de Cultura, la lista es larga . Aunque la ceguera en ciertos círculos sea absoluta. Hasta hemos oído que no habrá un premio Nobel catalán de literatura hasta que esa tierra no sea independiente. Es un argumento para bobos, Juan Ramon Jiménez, en el exilio, lo fue sin que el gobierno de Franco moviera un dedo, Cela no fue candidato oficialista sino promovido por profesores extranjeros, hay premios Nobel conseguidos ante el disgusto o la irritación de los gobiernos de sus países, etc...La sandez, como la mentira repetida constantemente, cala. Ya hemos oído que Cervantes y Teresa de Ávila eran catalanes. Es lógico, ¿cómo una persona polifacética como la Santa, una emprendedora nata podía ser de Ávila? No, hombre no, ha de ser del Ampurdán o de un pueblecito de Tarrasa.

Dentro de esta letanía casi la más fascinante es que los oprimimos económicamente. Tampoco me había dado cuenta. Yo, como diplomático, he consumido en mis destinos como unas 320 cajas de cava catalán, no he querido darles un euro a los franceses mientras que Cataluña es o era España, he consumido productos catalanes por un tubo sin mirar la etiqueta, lo sigo haciendo, he enviado desde el extranjero a familiares políticos y amigos a que visiten Cataluña, sin distinguirla de Asturias, Canarias o Andalucía que es mi tierra, tengo ahorros en un banco catalán, etc, etc. Entonces, ¿cómo los exploto? Debe ser por el masoquismo de mi raza andaluza, exploto a alguien, lo miro con mal de ojo, pero sigo llenándole los bolsillos. ¿Es que soy memo o que los catalanes están acostumbrados a ser niños mimados? Franco llevó allí la SEAT pudiendo haberla montado en Valencia, buen puerto, o en Madrid. Por eso lo ovacionaban cuando visitaba Cataluña y el Barcelona futbolístico le dio dos veces su medalla de oro. Singular opresión.

Ya lo escribió el genial autor francés Stendhal hace casi dos siglos: «Los catalanes que predican el beneficio social quieren leyes justas con la excepción de las de aduanas que deben ser hechas a su antojo. Es por eso por lo que el español de Granada o Coruña no puede comprar los tejidos ingleses que son excelentes y cuestan un franco la vara y ha de adquirir los catalanes muy inferiores y que cuestan tres francos la vara». El gran gallego Fernández Flores escribía algo parecido en sus crónicas parlamentarias un siglo después.

En estas fechas compruebo con asombro que confinado en el bello Vélez Blanco no he dejado, sin pestañear, de consumir productos catalanes. A más de 600 kilómetros de Barcelona, enclaustrado, en mis compras vuelvo con un 50% de cosas, hay días que 60%, producidas en Cataluña. Compro fuet catalán aunque también hay uno excelente de El Pozo de Murcia, el dentífrico es de Cataluña, muchas conservas, los productos de limpieza, dos libros y toneladas de medicinas y de cosméticos proceden de allí. Nosotros tragando sus cosas sin parar pero estamos explotándolos. Es sorprendente que tengan ese dominio del mercado de un pueblito de 1.800 habitantes a esa distancia y en el que habitan los desarticulados de Pujol, los seres con una tara que decía Torra. El hecho prueba que los catalanes son hábiles industriales y eficaces vendedores, sus artículos a menudo no son mejores que los de Cartagena o Alcobendas, pero es un desmentido rotundo al eslogan de que los explotamos.

Y eso nos lleva al turismo. En época de vacas flacas piden que vayamos y lo hace gente que escupe que «España es paro y muerte y Cataluña vida y futuro». Un tal Canadell que presumo nos considerará también bestias carroñeras mientras mantenemos su nivel de vida. Otro que nos debe estar llamando es el jerifalte turístico David Font, que tilda a España de «Estado opresor que anula derechos y libertades». Fantástico para la imagen de España ahora que estamos necesitados de extranjeros. Es algo a lo que se dedican las «Embaxaidetas» catalanas en el exterior, a marcar la diferencia con el resto de nuestro país y a desprestigiar a España. El doctor Sanchez les ha concedido tres más y en la próxima votación de confianza o de presupuestos les dará otra media docena. Eso para el es calderilla, dispara con pólvora del Rey, la imagen de España se desintegra, ¿pero qué le va a él en eso ?

Yo voy a seguir comprando indiscriminadamente cosas catalanas, es España y hay mucha gente sensata allí todavía, pero recomendar este año a amigos que hagan turismo en Cataluña y coman en un sitio donde hace veinte días campeaba una estelada gigantesca y un rótulo insultantemente antiespañol me cuesta más trabajo. También tenemos Cádiz, Galicia, Castilla Leon y hasta Almería, donde estoy.