El espejismo de Madrid

Una crisis de enorme complejidad como la actual, requiere ser afrontada desde la unidad y alimentando la esperanza. Por ello invitábamos a que el «acuerdo de las banderas» de la Puerta del Sol entre Sánchez y Ayuso podía y debía significar el comienzo de un tiempo nuevo en la política española, dejando atrás el enfrentamiento y la descalificación, frutos de la moción de censura y del insólito Gobierno que de ella surgió. El rebrote de la pandemia debía ser encarado desde la cooperación para hacer realidad eso de que #unidos salimos más fuertes.

Pero el espejismo de la unidad institucional ha tardado menos de cinco días en desvanecerse, con una rueda de prensa de Illa contraprogramando la anunciada con anterioridad desde la Puerta del Sol, y el lamentable espectáculo de ver al Gobierno descalificando en directo y por televisión las medidas que anunciaba Madrid. Si a esto añadimos que la cumbre del lunes pasado había creado un grupo de trabajo bilateral, y el portavoz científico ya ha dimitido, el espectáculo es desolador.

A estas alturas no podemos llamarnos a engaño sobre las intenciones del Gobierno: construir el relato de que la incapacidad de Ayuso para gestionar la situación hace necesaria primero la intervención del Gobierno, y su destitución después mediante la moción de censura anunciada meses atrás. «Hay que politizar el dolor» –decía Iglesias–, y parece que Sánchez le ha comprado el argumento. No importa si los que sufren son los ciudadanos: «París bien vale una misa, y Madrid una epidemia».