Colas

Calma tensa en la frontera con Ceuta

Los vecinos de Castillejos ven aumentar las llegadas de jóvenes y aseguran que «nadie sabe qué puede pasar mañana»

Varios inmigrantes procedentes de Marruecos hacen cola en las puertas de la frontera de Ceuta
Varios inmigrantes procedentes de Marruecos hacen cola en las puertas de la frontera de CeutaAntonio SempereEuropa Press

La entrada de más de 8.000 personas a la ciudad autónoma de Ceuta desde Marruecos ha convertido al municipio de Castillejos –oficialmente y en árabe Fnideq, aunque los marroquíes de la zona sigan empleando el topónimo español– en uno de los termómetros de la crisis entre Marruecos y España. Tras cada comunicado o declaración de los representantes de uno y otro país, y dado que el tono sigue incrementándose, las miradas se vuelven a poner en esta ciudad fronteriza de 80.000 habitantes, que languidece desde el cierre de la frontera con Ceuta en marzo del año pasado como consecuencia de la pandemia. Por el momento, la tranquilidad reina en las calles del municipio ajena a la tensión «in crescendo» entre Rabat y Madrid, pero como los vecinos admiten, «nadie sabe qué puede pasar esta noche o mañana».

Lo cierto es que desde que, en torno a la tarde del martes 18 de mayo, las fuerzas de seguridad marroquíes restablecían el orden y volvían a controlar férreamente la carretera que conduce a la frontera con Ceuta y las playas del municipio. No sin emplearse a fondo para disolver los grupos de jóvenes que, horas después de la multitudinaria entrada y posteriores expulsiones, seguían deambulando por las calles de la ciudad en espera de volver a intentarlo. En la noche del miércoles 19 al jueves 20 de mayo, la desesperación de los jóvenes acabó derivando en choques violentos con las fuerzas de seguridad en las calles de Castillejos. Conscientes del riesgo para el orden público, las fuerzas auxiliares y policiales disolvieron exitosamente aquella noche y jornada posterior los grupos de muchachos.

Al cumplirse las dos semanas de la avalancha de entradas a suelo español, las redes sociales volvieron a difundir nuevos bulos sobre una supuesta apertura de fronteras de ambos lados, lo que hizo que este mismo lunes volvieran a la ciudad fronteriza a acercarse desde los municipios de la región centenares de personas, en su mayoría muchachos de nacionalidad marroquí.

A diferencia de lo ocurrido entre el lunes 17 y el martes 18 de mayo, esta vez la policía y las fuerzas auxiliares marroquíes impidieron toda tentativa de entrada a la playa ceutí del Tarajal. Un cordón impide el acceso al tramo de algo menos de un kilómetro y medio que dista entre la última rotonda de Castillejos y la frontera. Hasta diez tentativas de acceso a nado a la playa del Tarajal fueron abortadas por los agentes marroquíes.

Consciente del daño para su imagen procurado por lo ocurrido en el paso fronterizo con Ceuta hace algo más de dos semanas, Marruecos no quiere que vuelvan a repetirse aquellas escenas. En la tercera de las notas difundidas desde Rabat este martes, los ministerios de Exteriores e Interior hicieron especial hincapié en que no hay una crisis migratoria, a pesar de que las autoridades marroquíes han manifestado públicamente que no le gusta nada ese papel de «gendarme de Europa» y que las razones del desencuentro con España son políticas y tienen que ver con la cuestión del Sáhara.

En un anuncio sorpresivo, la segunda comunicación de las autoridades marroquíes en la jornada del martes, Exteriores e Interior hacían públicas las instrucciones del propio rey Mohamed VI de readmitir a los menores marroquíes no acompañados que se encuentran hoy en territorio de los Estados de la UE. En torno a un millar de menas siguen en estos momentos en Ceuta aguardando noticias sobre su futuro.

A la espera de conocer cómo se concretan los procedimientos de repatriación, los expertos en la realidad de estos menores en España saludan el anuncio de las autoridades marroquíes y albergan esperanzas en que se sienten las bases de una cooperación transfronteriza en la materia. Entretanto, como informaba El Faro de Ceuta, cientos de marroquíes continuaban en las últimas horas acercándose a la oficina del Tarajal para solicitar asilo en España y evitar su devolución a Marruecos.

No solo Castillejos sufre las consecuencias del cierre de fronteras y la depresión económica derivada de la pandemia. La situación es difícil en toda la populosa región de Tánger-Tetuán-Alhucemas, en la cual varias decenas de miles de personas dependían directamente de los ingresos generados por la actividad económica –legal o ilegal– en torno a la ciudad autónoma española. No en vano, aunque hasta la frontera se acercaron personas llegadas de todos los rincones de Marruecos –magrebíes y también subsaharianos–, una gran parte reside en los municipios de la región, tales como Tánger, Martil, Rincón o Tetuán.