Los socios de investidura del PSOE ven ya como un lastre al «sanchismo»

ERC y Podemos no volverán a garantizar la estabilidad parlamentaria. En el partido socialista se preguntan si compensa agotar «sólo» para que Sánchez presida la UE

El secretario general del PSOE y presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, da un discurso mientras acompaña al candidato socialista a la presidencia de la Junta de Andalucía y secretario general del PSOE-A, Juan Espadas en un acto de la precampaña para las elecciones autonómicas del 19 de junio este sábado en la localidad jiennense de Torredelcampo
El secretario general del PSOE y presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, da un discurso mientras acompaña al candidato socialista a la presidencia de la Junta de Andalucía y secretario general del PSOE-A, Juan Espadas en un acto de la precampaña para las elecciones autonómicas del 19 de junio este sábado en la localidad jiennense de Torredelcampo FOTO: Jose Manuel Pedrosa EFE

Los socios de investidura ya no volverán a facilitarle a Pedro Sánchez la estabilidad parlamentaria hasta que pasen las generales, por más cesiones que haga. ERC y Podemos compiten en Cataluña, pero a los dos les suma marcar distancias con el «sanchismo». El ciclo electoral pesa más que todos los gestos y concesiones que realice el presidente del Gobierno, y ya hay voces dentro del socialismo que empiezan a plantearse hasta qué punto puede llegar a compensar al interés del partido el plan de Sánchez de terminar este mandato como presidente de la Unión Europea (UE). El camino que se vislumbra es un fin de Legislatura que se anticipa «agónico» e «improductivo».

De hecho, en ERC ya están «a otra cosa», su prioridad son las elecciones municipales de dentro de un año y, sobre todo, la Alcaldía de Barcelona. Han hecho números y su conclusión es que ya no hay nada que pueda darles Sánchez que valga más que rentabilizar la táctica de marcar distancias con Madrid. Ni siquiera la reunión de la «mesa» bilateral porque, a fin de cuentas, las dos partes siempre han sido conscientes que de ahí no podían sacar nada más que ganar tiempo, y el tiempo es lo que ya está en modo descuento para el examen electoral.

Las encuestas están confirmando en estos últimos días al partido de Oriol Junqueras cuánto les está sumando en su cuenta de resultados la crisis Pegasus, el victimismo y la ofensiva mediática en Cataluña bajo la bandera de que han sido espiados por el Gobierno de Sánchez. TV3 ha puesto todos sus recursos a dar aire a la tesis de la conspiración, y en Cataluña ha prendido, y así lo confirman los sondeos, la idea de que Sánchez y su equipo estaban espiando a los líderes independentistas catalanes mientras, al mismo tiempo, negociaban con ellos sus apoyos políticos. El presidente Sánchez tiene muy difícil anular un clima de opinión en el que se ha impuesto la conclusión de que las órdenes del CNI son políticas, y en el que se considera que no es compatible decir al mismo tiempo que las escuchas estaban autorizadas judicialmente, porque se temía que representasen una amenaza para el Estado español, y buscar, a la vez, el apoyo de estos partidos para sostener al Gobierno de España. En esta crisis, el independentismo ha ganado por goleada a Sánchez, no al Gobierno de coalición, porque Podemos está en la misma estrategia de ERC de complicarle la existencia al PSOE, con la diferencia de que ellos tienen dos «peones», las ministras Irene Montero e Ione Belarra, en el Consejo de Ministros.

En este contexto, la decisión de entregar la cabeza de la directora del CNI, Paz Esteban, cada vez se ve como un error más grave, una cesión gratuita, porque ni ese cese ni nada de lo que pueda hacer Sánchez de aquí a las elecciones le va a garantizar la paz que necesita para desplegar al menos su proyecto político más ideológico. Una vez que las previsiones económicas han saltado por los aires por la invasión de Ucrania.

Esta semana ha estallado la guerra entre Podemos y el PSOE en el debate sobre la abolición de la prostitución. Y también por la visita de Don Juan Carlos a España. Mientras bajo cuerda ha seguido cociéndose el enfrentamiento por la reforma de las pensiones, que está en el Congreso pendiente de tramitar, y que se ha ido retrasando, semana tras semana, a pesar de que es una exigencia de Bruselas, por la falta de acuerdo entre los socios de investidura. Mucho tiene que cambiar la situación para que Sánchez pueda sacarla con el apoyo de Podemos y de ERC, y el centro derecha reclama algún estimulo fiscal, que Moncloa se niega a ofrecer. Ahora bien, la reforma tiene que ser aprobada porque es una de las condiciones del grifo de los fondos de reconstrucción.

En la gestión del regreso de Don Juan Carlos a España el PSOE también ha hecho alguna cesión, con el deseo de calmar a sus socios, que no ha servido para silenciar el ruido de sables contra la Monarquía y tampoco ha ayudado a gestionar con la máxima eficiencia y racionalidad un tema de Estado.

Y, a futuro, lo que se temen en el partido es que los socios entren en la dinámica de aprovechar su debilidad para fortalecerse ellos. ERC, en su competición con Junts. Podemos, dentro de su pulso con la vicepresidenta y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz. Ahí tiene otro agujero el líder socialista que le obliga a destaparse de un lado para taparse por otro, sin tener asegurado lo único que le preocupa, y es que la plataforma de Yolanda Díaz resista, pero no en los niveles de la vieja Izquierda Unida, sino en los que tuvo en su mejor momento la formación morada. Es condición imprescindible para que el PSOE tenga posibilidades de sumar una mayoría con nacionalistas e independentistas.

Sánchez puede seguir siendo presidente sin apoyos parlamentarios. Pero no puede gobernar, y la imagen de debilidad frente a sus socios conlleva el riesgo de laminar al PSOE en las citas electorales que antecederán a las generales. Esta semana el Congreso será otro infierno para el jefe del Ejecutivo con la comparecencia por Pegasus y la sesión de control antimonárquica organizada por sus apoyos.