Sánchez copia el plasma de Rajoy y ya lleva 5 meses sin ruedas de prensa

Sólo comparece fuera de España o en visitas de otros jefes de Estado. Moncloa rebusca en la «basura» del expresidente popular para manchar a Feijóo

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ayer, en el Centro de Formación Profesional de Valencia
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ayer, en el Centro de Formación Profesional de Valencia FOTO: Rober Solsona Europa Press

El presidente del Gobierno ha cogido fobia a las ruedas de prensa. En su sentido estricto, no ha dado ni una en lo que va de año. Sólo ha hecho comparecencias en el extranjero, donde parece que ante la Prensa se siente mucho más cómodo que en España. Y las pocas apariciones en Moncloa han sido siempre relacionadas con visitas de otros jefes de Gobierno, lo que permite controlar la agenda del cuestionario y limitar las preguntas. Son obligadas, además.

Por mucho que en Moncloa presuman de transparencia, la realidad es que en «casa» no ha habido respuesta del jefe del Ejecutivo para la mayoría de los problemas domésticos a los que se enfrenta el Gobierno. Esta laguna de control de la Prensa tampoco la cubre el Parlamento. Pedro Sánchez acude al Senado cuando lo considera oportuno, y en el Congreso acaba de demostrar que es capaz de cambiar las normas cuando no se ajustan a sus intereses, como ha pasado con la composición de la comisión de secretos oficiales, sobre la que ha improvisado una reforma de las mayorías necesarias para su constitución a fin de cumplir con la exigencia independentista de convocarla, y con ERC y Bildu formando parte de ella. Pero, mientras, no hay fecha oficial para la comparecencia de Sánchez ante el Pleno de la Cámara, aprobada con los votos de su socios y de la oposición, para que dé explicaciones sobre la crisis abierta en el Centro Nacional de Inteligencia (CNI) por el caso Pegasus y la exigencia independentista de que se les ofreciera la cabeza de su máxima responsable, Paz Esteban.

La relación de las comparecencias que ha tenido en casi medio año habla por sí sola, y deja en evidencia a aquel Sánchez que en 2015, en la oposición, afeaba al entonces presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, que utilizara el plasma para no responder sobre la corrupción. La misma estrategia que ahora sigue él para no silenciar los mensajes que quiere vender con las respuestas a preguntas incómodas para la propaganda oficial.

En enero, el presidente compareció junto al canciller alemán (4 preguntas) y a la ministra de Finlandia (otras 4). En febrero, compareció en el Pabellón de España en la Expo Dubai 2020 (6 preguntas), tras la VI Cumbre UE-Unión Africana y el Consejo Europeo informal (4 preguntas), junto a la primera ministra de Dinamarca (5 preguntas) y tras el Consejo Europeo Extraordinario (4 preguntas). En este contexto internacional e institucional las ruedas de prensa son obligadas porque es el protocolo establecido y que siguen los demás jefes de Estado, y el turno de preguntas se reparte proporcionalmente con los corresponsales de otros países.

Ya en marzo, el presidente del Gobierno circunscribió todas sus comparecencias a su intensa agenda internacional: Riga, junto con el primer ministro de Letonia y el secretario general de la OTAN (2 preguntas); Versalles, cumbre de jefes de Estado y de Gobierno (9 preguntas en lo dos días que duró la reunión); Berlín, «canutazo» antes de la reunión con el canciller alemán; y Bruselas, declaraciones a la llegada al Consejo Europeo (cinco preguntas) y en una comparecencia con Antonio Costa. En Moncloa sólo se dejó ver en todo el mes en una comparecencia conjunta con el primer ministro de Croacia.

Ya en abril, su exposición quedó limitada a la comparecencia en Rabat, tras anunciar el cambio de postura de España sobre el Sáhara, y aquella fue la rueda de prensa en la que aceptó más preguntas, siete; en Kiev, y en el Congreso de los Diputados, donde hizo unas declaraciones tras aprobarse el decreto de medidas urgentes (atendió solo dos preguntas).

No pocas críticas recibió el ex presidente Mariano Rajoy por su costumbre de hacer sus comparecencias sin presencia de periodistas. Se emitían a través de circuito cerrado de televisión y los informadores las seguían a través de pantallas. Sin embargo, los datos confirman que estas críticas no han impedido que los líderes socialistas, con Pedro Sánchez a su cabeza, se hayan apuntado también a esta práctica que tiene como principal objetivo blindar al líder para que no tenga que dar explicaciones sobre las cuestiones de las que no quiere hablar.

Cuanto más se complica el escenario político más se reduce ese principio de la transparencia del que hacen gala en el Gobierno, y que incluso fue la justificación para intentar explicar por qué se ha dado a conocer ahora el hackeo a los dispositivos del presidente del Gobierno, de la ministra de Defensa y del ministro del Interior que se produjeron hace un año.

La limitación de las explicaciones corre paralela al interés creciente por rebuscar en las «alcantarillas» del Estado para remover la corrupción de la etapa de Mariano Rajoy y colocarla de nuevo en el frontispicio de la actualidad. Moncloa está preocupada por la buena valoración de Alberto Núñez Feijóo en la Presidencia del PP, y, a falta de resultados propios que puedan rentabilizar a su favor, la estrategia se dirige a desempolvar la «basura» que compromete al ex presidente Rajoy para echársela en cara a Feijóo.