Reforma

El Congreso reescribe su Reglamento en lenguaje inclusivo, con "diputados y diputadas"

La reforma se mandató al regular el uso de lenguas cooficiales y la idea es tenerla aprobada antes del verano

Francina Armengol en el Congreso de los Diputados
Francina Armengol en el Congreso de los Diputados. David Jar David JarFotógrafos

El Congreso ya tiene preparada una versión de su Reglamento escrita en lenguaje inclusivo, un texto en el que se elimina el masculino genérico combinando el desdoble --'diputados y diputadas'-- con el uso de palabras como 'miembros' de la Cámara y se incluyen otros términos 'neutros', como 'presidencia', en lugar del actual 'el presidente'.

Esta 'traducción' a un lenguaje no sexista, que llegará el martes a la Mesa de la Cámara, afecta al propio título de las normas parlamentarias, que perderá la coletilla 'de los diputados' pasando a llamarse simplemente 'Reglamento del Congreso', según han precisado a Europa Press fuentes de la Cámara.

La reforma reglamentaria que se aprobó del pasado mes de septiembre para regular el uso de las lenguas cooficiales ya se aprovechó para suprimir el masculino genérico de los artículos que se cambiaron, en los que ya no se habla de la lengua que podrán usar "los diputados", sino de "los diputados y las diputadas".

Además, en esa ley se añadió una disposición adicional que ordenaba que, en el plazo más breve posible se acometiera una revisión del texto del Reglamento del Congreso "para adecuarlo al lenguaje inclusivo de género".

Casi seis meses después, coincidiendo con la semana del 8 de marzo, la Mesa de la Cámara prevé dar el visto bueno a la nueva versión no sexista de las normas de la institución, que datan de 1982 y que, desde entonces, sólo se han sometido a reformas puntuales, porque todos los intentos de reformas integrales para actualizarlo han fracasado.

El nuevo Reglamento sin discriminación de género ha sido supervisado por un grupo de trabajo en el que han participado la propia presidenta de la Cámara, Francina Armengol, y otras tres miembros de la Mesa: la vicepresidenta tercera, Esther Gil de Reboledo (Sumar); y las secretarias segunda, Isaura Leal (PSOE), y cuarta, Carmen Navarro (PP).

Después de que este borrador reciba el aval del órgano de gobierno, en el que el PSOE y Sumar tienen mayoría, se le dará forma de proposición de ley para que pueda ser tramitado. Una vez se registre, tendrá que tomarse en consideración por el Pleno y después remitirse a la Comisión de Reglamento con idea de que la reforma sea una realidad antes del verano.

Para llevar a cabo esta reescritura en lenguaje igualitario se ha tenido que tocar el grueso de los 207 artículos del Reglamento y también algunas de sus disposiciones.

Por ejemplo, el artículo 3.1 ahora reza: "El Presidente declarará abierta la sesión y por uno de los Secretarios se dará lectura al Real Decreto de convocatoria, a la relación de Diputados electos y a los recursos contencioso-electorales interpuestos, con indicación de los Diputados electos que pudieran quedar afectados por la resolución de los mismos".

Quedará así: "La Presidencia declarará abierta la sesión y una de las personas que ocupe la Secretaría dará lectura al Real Decreto de convocatoria, a la relación de cargos electos y a los recursos contencioso-electorales interpuestos, indicando a quiénes pudiera afectar la resolución de los mismos".

"Sabemos que aquello que no se nombra no existe y sabemos también que las instituciones tienen que avanzar al mismo ritmo que avanza la sociedad, dando ejemplo y mostrando compromiso con las reivindicaciones en favor de la igualdad", argumenta Armengol, en declaraciones a Europa Press.

De su lado, la vicepresidenta tercera, Esther Gil de Reboledo, enfatiza que la reforma "supone un impulso necesario para la transformación feminista" de las instituciones. "El lenguaje sexista es una fuente de perpetuación de estereotipos y desigualdades de género", recalca, incidiendo que esta revisión "refuerza los principios constitucionales del artículo 14" de la Constitución", que, además de la igualdad ante la ley, remarca que no puede prevalecer "discriminación alguna" por razón de sexo.

Como recuerda la presidenta de la Cámara, la introducción en el Reglamento del lenguaje con perspectiva de género es una más de las medidas desplegadas por la Mesa del Congreso en aplicación del Plan de Igualdad de las Cortes Generales, que cumple ahora cuatro años en vigor, y que trae causa de la Ley de Igualdad de 2007.

En este contexto, el pasado mes de diciembre la Mesa del Congreso ya aprobó las 'Recomendaciones para un uso no sexista del lenguaje en la Administración parlamentaria', una guía, asumida también por el Senado, en la que, como se ha hecho ahora, se aconseja huir del masculino genérico y utilizar nombres colectivos como "personal" en vez de "empleados" o "ciudadanía" en lugar de "ciudadanos".

Además, se desaconseja "utilizar expresiones o palabras que incurran en incorrecciones gramaticales, falta de legibilidad o que no estén recogidas en el Diccionario de la Real Academia Española (RAE)". Para la redacción de estas recomendaciones se utilizaron como base las guías sobre la materia elaboradas por otras instituciones públicas, así como las reglas gramaticales vigentes y las recomendaciones sobre lenguaje inclusivo de la RAE.

Aunque la academia celebró que el Congreso hubiera tenido en cuenta algunas de sus recomendaciones --como que se evite la arroba o las letras 'e' o 'x'--, emitió una nota sobre el documento aprobado por la Mesa en la que rebatía a las "autoridades" que denuncian el sexismo de muchos usos gramaticales y léxicos y avisaba de que "forzar de manera artificial" la gramática y el léxico no implica avanzar en la igualdad.

"No se apoya la igualdad de los hombres y las mujeres pidiendo a los ciudadanos (sean parlamentarios o no) que hagan constantes equilibrios sintácticos, morfológicos y léxicos para evitar opciones lingüísticas que pertenecen a su forma natural de expresarse", sentenció la academia, dejando claro que, más que de cambios lingüísticos, es partidaria de que se hagan leyes que "conduzcan a la equiparación de derechos".

Es más, la RAE "sospecha" que tras los planteamientos que hace la guía parlamentaria se esconde "el deseo implícito de acrecentar la distancia, ya considerable en la actualidad, entre el universo oficial y el mundo real". "Si bien sería de esperar que las administraciones trabajaran para acortarla, parecen más interesadas en aplicar una y otra vez las dobles varas de medir que tan patentemente la ponen de manifiesto", denunció la RAE.