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Todo abierto hasta el “segundo round” de esta noche

Casado se sostiene en un perfil más institucional y en la economía; Rivera avanza al ir al ataque; Sánchez, nervioso, encalla en Cataluña y fracasa en su abrazo a Iglesias, eficaz al plantarle cara.

  • Los cuatros candidatos, anoche, en el saludo previo a que diera comienzo el debate electoral de RTVE / Foto: Rubén Mondelo
    Los cuatros candidatos, anoche, en el saludo previo a que diera comienzo el debate electoral de RTVE / Foto: Rubén Mondelo

Tiempo de lectura 4 min.

23 de abril de 2019. 09:23h

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Carmen Morodo 23/4/2019

La campaña electoral empezó realmente anoche en el debate a cuatro de TVE y tendrá hoy su momento más decisivo en el «partido de vuelta», la última confrontación entre los principales candidatos a la Presidencia del Gobierno. Hasta ahora todo ha sido una larga y poco imaginativa precampaña. Hoy los cuatro candidatos saben que en el debate de Atresmedia se puede acabar de decidir lo que salga de las urnas el próximo domingo. Después de haber medido cada gesto y cada palabra de estas largas semanas electorales, esta noche se enfrentan al reto de comprobar si son capaces de corregir sus errores de anoche y aprovechar mejor las debilidades de sus adversarios. Se lo juegan a todo o nada. Los moderadores, Ana Pastor y Vicente Vallés, les tienen bien cogidas las medidas y buscarán que no se escapen a sus preguntas. No tendrán para refugiarse ni la comodidad del formato de anoche ni la facilidad para limitarse a desarrollar sus argumentarios de partido.

La antigua y sin sentido ley del silencio demoscópico entra en vigor en el momento en el que tienen que decidirse los millones de indecisos que determinarán cómo se resuelve la partida. Y estos indecisos serán los que condicionarán esta noche el «examen» final. Ayer, al cobijo del cruce de turnos de palabra, lo que dominó fue la confrontación de mensajes electorales, con riesgos mínimos, y en el que muchos de los argumentos sonaban a palabras ya escuchadas en los debates parlamentarios que se han intercambiado en los últimos meses. Nuevo, casi todo muy previsible.

Pedro Sánchez no ganó. Más nervioso, muy incómodo en el tema catalán, e ineficaz en el abrazo al oso que intentó hacerle a Pablo Iglesias. El líder de Podemos, en su papel, fue hábil, a pesar de contradicciones como su reivindicación de la Constitución que quiere derogar o que discuta a Sánchez las políticas de las que fue socio hasta antes de ayer.

Casado llega hoy al debate final después de haberse centrado únicamente en Sánchez, buscando el «cara a cara» que le negó el candidato socialista. Primó el tono institucional, presidencial, muchas buenas cifras y datos económicos de los Gobiernos del PP y del «paro» de los Ejecutivos socialistas, insistentemente. Bajó a intentar discutirle al candidato del PSOE lo que éste entiende que es su principal fortaleza, sus políticas sociales sin presupuesto. Pero dejó al descubierto el flanco por el que le atacó Albert Rivera, que intentó buscar su sitio golpeando a izquierda y a derecha, como en 2015, la «vieja izquierda» y la «vieja derecha», a la que recordó incluso la corrupción y la foto de Rodrigo Rato detenido, solo que en estas elecciones ya ha dicho que sus socios son la «vieja derecha».

Anoche Sánchez flaqueó al no contar con la muleta de cuerpo presente de Vox en su estrategia de presentarse como el supuesto salvador de España frente «a las tres derechas». Aunque las citó. Buscó anular a Iglesias, que se revolvió con habilidad para discutirle desde su política social hasta su falta de valentía en el problema catalán. Le vuelve a ofrecer un Gobierno conjunto, pero fue el primero en poner en aprietos a Sánchez al exigirle que aclare si pactará o no con Rivera. O al echarle en cara que uno de sus colaboradores esté imputado por la investigación de las «cloacas del Estado». Sánchez no contestó sobre su política de pactos.

Su punto más débil fue, sin duda, su relación con los partidos independentistas y las consecuencias que pueden derivarse de un nuevo Gobierno que dependa de sus votos en Madrid. Desde el arranque entraron en la agenda los «golpistas de Puigdemont», los «indultos» y la amenaza para España que representa, según PP y Ciudadanos, un nuevo Gobierno socialista. «Los independentistas y los batasunos están representados aquí por el señor Sánchez», se estrenó Casado.

El debate fue un todos contra el candidato socialista, que intentó no abandonar el tono moderado de campaña para tapar con una imagen centrista sus pactos con los radicales de izquierda y con el PdCAT y ERC. En ese capítulo, Casado y Rivera sí hicieron frente común. Sánchez no contestó a la pregunta de si indultará a los «golpistas independentistas», y en este punto sacó su tono más agrio para defenderse con acusaciones de «mentira» para no entrar en el fondo del debate. «Llevan diez meses mintiendo las dos derechas», fue su principal argumento cuando le increparon sobre qué va a hacer con los indultos o si volverá a pactar con Quim Torra. Además de soltarse con el «golpe» de echarle en cara a Casado que su partido acordó «127 iniciativas con Bildu en el Parlamento vasco». «¿De qué tiene manchadas las manos usted?», le increpó. Hoy se pasará a examen lo dicho ayer.

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