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Por qué hacer yoga con niños es una magnífica idea

  • Por qué hacer yoga con niños es una magnífica idea

Tiempo de lectura 4 min.

11 de diciembre de 2017. 13:20h

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28/4/2018

Sabemos que el yoga tiene muchísimos beneficios pero ¿nos hemos planteado alguna vez que lo practiquen los más pequeños de la casa? Pues tiene las mismas ventajas que para los adultos con el añadido de que, además, conseguiremos que se aficionen a una práctica de lo más saludable, beneficiosa y divertida que hay. Cristina Reyes Crespo, profesora de Yoga en Centro Cuerpo y Mente, lo cuenta.

El yoga es una disciplina originaria de la India que nos ayuda a conseguir un gran bienestar físico y mental. Cada día tiene más adeptos y no solamente adultos, también los niños pueden obtener múltiples beneficios con la práctica de yoga infantil.

Con el ritmo de vida cada vez más acelerado, el estrés ha pasado a formar parte habitual de la vida de los niños, de forma directa o indirecta a través de nosotros los adultos, que se lo transmitimos. El yoga es un conjunto de técnicas que ayudan en el equilibrio cuerpo y mente. Yoga significa unión. Los niños aprenden a encontrar un equilibrio entre la parte física y emocional, favoreciendo la salud de ambas y su repercusión en la vida diaria. La edad que se recomienda para comenzar la práctica, es en torno a los tres o cuatro años, dependiendo de la madurez y aficiones del niño, sin forzar. Normalmente a partir de los diez, ya pueden acompañarnos en las clases de adultos.

En una clase de yoga infantil nos vamos a encontrar a nivel físico, con las posturas o asanas. Suelen tener nombres relacionados con la naturaleza, animales y plantas, lo que nos permite como profesores, plantearlas a base de cuentos y juegos, favoreciendo la gran creatividad e imaginación infantil, haciendo el trabajo corporal de una forma lúdica, para que se sientan motivados, con ganas de aprender y disfrutar con la práctica. Hay que dejar claro que el yoga va más allá del físico, no es necesario ser flexible o estar en buena forma. Enseñamos a construir una autoimagen positiva que va más allá de nuestras cualidades y aptitudes físicas.

Las asanas o posturas que engloban la parte más corporal del yoga, aumentan la flexibilidad de las articulaciones y columna vertebral, evitando dolores de espalda, ayudando en la corrección postural. Beneficia el desarrollo de la musculatura y la lateralidad, siendo un complemento muy beneficioso para otros deportes que practique nuestro hijo.

A nivel emocional trabajamos con técnicas de respiración, atención plena, meditación y relajaciones guiadas.

Los niños aprenden a apreciar el silencio, mejorando la concentración y memoria. Con esta escucha interna reconocen sus emociones, las observan y si es necesario las trabajan. Son más conscientes y empáticos con ellos mismos y con su entorno. Por esta razón cada vez más colegios están llevando el yoga a sus aulas. Se ha demostrado que mejora mucho el rendimiento académico, y la convivencia en el aula.

Por qué hacer yoga con niños es una magnífica idea

La respiración es la clave para la relajación

Una de las partes más importantes dentro de una clase de yoga tanto infantil como de adultos, es la respiración. Lo primero que enseñamos a los niños es a respirar de forma correcta. Todos los bebés nacen con un patrón respiratorio que se llama respiración abdominal o diafragmática. Si nos paramos a observar a un recién nacido, veremos que en la inhalación el abdomen se infla. Ahora tomemos unos segundos para observarnos u observar a nuestros hijos sin modificar el patrón y veremos que tenemos una respiración más superficial, esa respiración que tienen los bebés se pierde con la edad.

Dentro del sistema nervioso nos encontramos con el simpático y el parasimpático. El primero se encarga de poner el cuerpo en alerta, acelera el pulso, activa la adrenalina y la noradrenalina, altera el ritmo respiratorio y lo vuelve más superficial entre otras muchas cosas. El parasimpático favorece la relajación y ralentiza la frecuencia respiratoria, disminuye la frecuencia cardiaca etc...

Cuando los niños aprenden a respirar de forma abdominal o diafragmática, activan el sistema nervioso parasimpático (encargado de la respuesta de relajación). Hay una gran variedad de juegos para que los niños aprendan la respiración abdominal y puedan relajarse tanto en el hogar como en la escuela, uno de ellos es El Globo, Indicamos al niño que se siente en el suelo o en una silla, muy importante que la espalda se mantenga derecha, le decimos que lleve las manos a la zona del ombligo y de forma pausada sin forzar, lo hinche a medida que inhala y lo vacíe con la exhalación, como si de un globo se tratara. Otra técnica muy sencilla para realizar en casa, es la de El Barco, tumbados en una superficie plana, ponemos un barquito de papel sobre el ombligo del pequeño y le animamos a mecerlo simulando las olas del mar, con el movimiento del abdomen al inflarlo con la inhalación y vaciándolo al exhalar.

No olvidemos observar y escuchar a nuestros hijos, están llenos de una gran sabiduría y en esto del yoga son grandes maestros.

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