Amancio Ortega: De irse a la cama sin cenar a crear un imperio

La autora del libro «Así es Amancio Ortega», en el que se basa la serie de televisión de Amazon, nos cuenta cómo es y los entresijos de su biografía

En este mundo complejo, difícil, equivocado tantas veces, materialista, duro, pienso que tenemos mucho que aprender de una trayectoria como la de Amancio Ortega, en la que el éxito no ha empañado, sino todo lo contrario, los ideales y los objetivos que le han llevado a trabajar sin descanso, «como un burro», me decía en una ocasión, y tampoco ha cambiado su verdadera personalidad.

Es un personaje extraordinario, el gran personaje del S.XXI, a nivel mundial, me atrevo a decir, precisamente por una serie de valores que le definen como un ser humano muy por encima de la media: su humildad, su solidaridad, su respeto por los demás, su capacidad de trabajo, su sencillez le dan una grandeza indiscutible. Mi opinión, que se hace más sólida con los años, es que estos rasgos han sido, y siguen siendo, la música de fondo de este hombre genial, tanto en su faceta más humana y personal, como en su trayectoria empresarial; en sus momentos duros, en sus penas, como en sus alegrías. Siempre ha luchado por ser fiel a sus valores, y a sus objetivos.

Para mantener a su madre

¿Quién es este personaje? ¿Este hombre tan mundialmente conocido, como totalmente desconocido? Un niño, nacido un 28 de marzo de 1936, en un pequeño pueblo de León, Busdongo de Arbas, (donde su padre trabajaba como ferroviario). Un chico que, viviendo ya en La Coruña, dejó de estudiar, a la edad de 13 años, porque escuchó, en un ultramarinos, que a su madre no le fiaban más dinero y, me lo contaba él, muchos años después, con lágrimas en los ojos: «Eso quería decir que nos íbamos a la cama sin cenar». En ese instante decidió que a su madre, a su familia, nunca le volvería a ocurrir aquello.

La consecuencia de aquella bofetada que recibió, siendo un niño, ha sido la creación de una de las más importantes empresas españolas, con una presencia global en el mundo que se estudia en las mejores Escuelas de Negocios y que sigue creciendo a un ritmo imparable. Son muchos los retazos de su vida, nada fácil, que este hombre, triunfador, ha desgranado en estas largas conversaciones que he tenido la suerte de compartir con él a lo largo de los años, recordando su infancia, los tiempos duros de la postguerra, su forma «salvaje» de trabajar en los comienzos, su manera de seguir al pie del cañón sin dejar de trabajar un solo día, a lo largo de sus 84 años (acaba de cumplirlos en marzo); su visión del negocio; su pasión «por el trapo»; su forma de observar, de buscar y de comprender al cliente; al que trató de niño cuando se puso a trabajar, y que sigue estudiando hoy por las calles de cualquier ciudad a la que viaja y donde capta lo que quieren la mujer y el hombre del siglo XXI.

Para escribir el libro traté de descubrir lo que supone desde su inicio, el trabajo de esta empresa y qué papel ha jugado Amancio Ortega en ella, y cuál ha sido el motor que le ha animado a mantenerse en la brecha. He entresacado de mis conversaciones con él alguna de sus frases que dejan al descubierto (que nos dan algún brochazo) los valores que le han movido en la vida: «Tengo el convencimiento de que todos estamos en el mundo para cumplir una misión. Aquí ninguno estamos por casualidad», me dijo en más de una ocasión. «No vale la pena ser empresario sólo para ser rico».

Ideas muy necesarias en el mundo actual en las que ha profundizado a lo largo de su vida. En los últimos años, cuando tuve la inmensa suerte de hablar con él con calma, con ese sueño conseguido -¡por fin!- y la suerte de tener su ok para escribir el libro, me contó con la máxima sencillez, una serie de detalles de su vida, como que ha hecho el Camino de Santiago seis veces, y me comentaba que «en un mundo tan materialista como el que tenemos, el vivir unos días casi en precario, en contacto con la naturaleza, y sin más apoyos, te hace reflexionar a fondo, te ayuda a ser tú mismo. Comprendes con qué poco puedes vivir y te demuestras a ti mismo lo poco que eres. Se encuentra un significado a la vida que no descubres en ningún otro entorno».

Amancio Ortega, al que he tenido la inmensa suerte de conocer y de tratar gracias a mi trabajo, es un gran soñador, es un visionario, pero no es un iluso y menos un teórico. Lo ha demostrado a lo largo de su vida profesional. Tiene un sentido práctico y una lógica aplastante. «La moda arranca del conocimiento del cliente y del servicio que hacemos a ese cliente». Por otra parte, él contempla lo que ha pasado estos años como algo imposible. «Hoy costaría mucho poner en marcha esta compañía -me dijo en una de las últimas conversaciones que tuve con él- y esto me abruma. Tenemos una empresa que es una joya, pero yo quiero una empresa con alma».

Dios le regaló talentos

Sigue en su empeño por inculcar a todos los que le rodean esos mismos principios que a él le han movido: afán de superación, pasión por el trabajo, respeto a la competencia y, por encima de todo, querer mucho a la gente. Aunque es consciente de que la empresa tiene hoy unas dimensiones inabarcables, este personaje siente la misma obligación de hacer que ese modo de ver y de enfocar la empresa llegue al mayor número de personas. «El gran derecho que todos tenemos es la educación -me dijo Amancio-, porque nos permite desarrollar ese don que recibimos». Es consciente de que Dios le regaló unos talentos que suplieron esa educación, pero consciente del valor que supone, consigue becas para jóvenes empresarios en las mejores escuelas del mundo.

Ha llegado el momento de que mi libro llegue a todo el mundo a través del lenguaje actual de la comunicación, la gran serie de Amancio Ortega.