Salvador Illa preocupado por los besos de Tamara Falcó sin mascarilla

El ministro de Sanidad, Salvador Illa, interviene durante la presentación de la campaña publicitaria del Ministerio de Sanidad para esta Navidad, en Madrid (España), a 7 de diciembre de 2020.
7 DICIEMBRE 2020;SANIDAD;MINISTERIO DE SANIDAD;NAVIDAD;SALVADOR ILLA;PUBLICIDAD;CORONAVIRUS;CONTAGIOS;CELEBRACIONES
EUROPA PRESS/R.Rubio.POOL
07/12/2020
El ministro de Sanidad, Salvador Illa, interviene durante la presentación de la campaña publicitaria del Ministerio de Sanidad para esta Navidad, en Madrid (España), a 7 de diciembre de 2020. 7 DICIEMBRE 2020;SANIDAD;MINISTERIO DE SANIDAD;NAVIDAD;SALVADOR ILLA;PUBLICIDAD;CORONAVIRUS;CONTAGIOS;CELEBRACIONES EUROPA PRESS/R.Rubio.POOL 07/12/2020EUROPA PRESS/R.Rubio.POOL Europa Press

No es que le tengan viviendo sin vivir en él, pero al ministro de Sanidad le preocupan, dicen, los besos sin mascarilla de Tamara Falcó a su bien amado Íñigo Onieva, sobre todo por el mal ejemplo de una mujer e «influencer» hasta ahora considerada ejemplar y tirando a meapilas. Pero ya sabemos que cuando la pasión aprieta, ni los virus se respetan. La marquesa cocinera y repostera ha visto aproximarse la cuarentena (no la del coronavirus, la de la edad) y le han entrado los sofocos de las urgencias, máxime cuando mamá Isabel le ha dado un toque sutil sobre su llamativa soltería, algo insólito en Casa Preysler, donde los maridos han desfilado, desfilan y desfilarán tan rumbosos como Él por la pasarela de los pactos con Bildu y ERC. La propia Tamara lo ha confesado: «Para mi madre es raro que con mi edad no esté casada, ella a mis años ya lo había hecho tres veces». O sea, que mamá le ha debido decir algo así como «hija, para una ganadora de ’'MasterChef’' es absolutamente impropio que se le pase el arroz». Y ahí tenemos a la Falcó demostrando que sabe pasar del calor de los focos a la pasión a todo horno en un pispás, de la Campanilla de Peter Pan a la Penélope Cruz de «Jamón, jamón», del catecismo a «Las 50 sombras de Grey», que ella dejará en 49 en consideración a su fe. Vio que de seguir rechazando anillos de pedida podía quedarse para vestir santos (ella los vestiría de Armani, claro), destino altamente probable de toda repostera no aficionada a la bollería fina, y se puso a besar a mascarilla quitada y arrimando material sin piedad al maromo de turno, cosa llamativa en mujer tan piadosa.

Como en estas fechas las pasiones estallan con el champán, Illa está tentado, dicen, de prohibir los besos con lengua hasta la campanilla incluso entre convivientes, a no ser que las lenguas sean catalana o vasca. Pablo Motos debería pedir a Tamara que cantara en «El Hormiguero» aquello de «la española cuando besa/ es que besa de verdad/ y a ninguna le interesa/ besar por frivolidad…». En fin, que a Illa solo le falta prohibir el «Satisfyer». Y ahí quiero ver yo a Irene Montero.