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Isabel Pantoja: los 65 años de una diva encerrada

Mucho ha cambiado la situación familiar desde su anterior cumpleaños. Hoy no está para fiestas en «Cantora»

Isabel Pantoja
Isabel PantojaMARIO RUIZEFE

Este dos de agosto nadie entonará el «Cumpleaños feliz»en la casa de Isabel Pantoja, alejada de todo y de casi todos celebrará los 65 sin el ánimo ni la ilusión de antaño. En «Cantora» se acabaron las fiestas desde hace un año, los desafueros familiares y los problemas económicos le quitan las ganas de juergas y reuniones. Ya no se mete en la cocina como antes, el pollo a la Pantoja es un mero recuerdo de épocas mejores, ni una simple paella en la mesa, un día más sin ver a sus cuatro nietos, alejada de sus dos hijos y confinada casi por completo en una propiedad de la que asume, le guste o no, que no es la única propietaria.

Qué distinto este cumpleaños del anterior. En 2020 hubo comida, merienda y cena camperas, juegos náuticos en la piscina, cánticos, risas y flamenquito del bueno. Pero las sevillanas brillan por su ausencia empañando aún más si cabe el drama pantojil. Doce meses después, el silencio. Los cara a cara se transforman en simples llamadas telefónicas, los regalos, si los hay, llegan por correo o por mensajero. Los hijos y nietos de la tonadillera no pisan «Cantora», su madre les ignora, con Kiko se comunica, cuando es necesario, por medio de abogados, y a Chabelita, víctima colateral del enfrentamiento materno filial, ni tan siquiera le contesta las llamadas telefónicas.

Comentan los allegados que el hermanísimo Agustín, con el que mantienen malas relaciones sus dos sobrinos, ejerce una gran influencia en Isabel y puede haberle puesto en una dura tesitura: o Kiko o yo. De Isabelita ni le habla. Y la cantante, como se vio en el juzgado cuando hace unas semanas Agustín tuvo que contestar a la demanda puesta contra él por Kiko, por «estafa, apropiación indebida y administración desleal», se ha decantado por su hermano.

En el momento de escribir estas líneas estaba muy claro que Kiko y su hermana Isa no aparecerían por «Cantora», que la segunda sí felicitaría telefónicamente a su madre, y que al segundo ni se le ha pasado por la cabeza. De hecho, el dj, su esposa Irene, y sus tres hijos, los dos de su actual pareja y el primogénito nacido durante su relación con Jessica Bueno, estuvieron disfrutando de unos días de vacaciones en tierras gallegas y no regresaron hasta su domicilio de Castilleja de la Cuesta hasta el domingo por la noche. Kiko, según comenta su entorno, está a punto de vender por un millón y medio de euros la parte que le corresponde de la finca. Un problema añadido para su madre. La tensión es tan fuerte entre ambos que Rivera le reprochó a la exviuda de España que «en mi infancia me faltó más amor que juguetes… ». Hace unos días, durante el programa «La última cena», en el que la antaño Chabelita y su novio Asraf concursaban, las lágrimas afloraban en los ojos de la hispanoperuana al hablar de su mediática mamá.

Isabel Pantoja no está para celebraciones FOTO: Daniel Gonzalez GTRES

«Me emociono porque me gustaría que mi madre estuviera aquí. Es que no me coge el teléfono. Ya sabéis que en realidad no tiene que ver conmigo sino con mi hermano. Pero mi madre, cuando se enfada, lo hace con todos, incluso conmigo…». En mitad de la cena Isa se fundió en un abrazo con Silvia Pantoja, la prima de su madre, enemiga pública de la cantante. Una fuente cercana a la semi dueña de la finca, cuenta que «ella considera ese gesto de su hija como una afrenta».

Isabel se aferra a «Cantora», no quiere marcharse de allí hasta que falte su progenitora, doña Ana, enferma de Alzheimer. Pero quién sabe si tras esa venta habrá algún tipo de movimiento mercantil que le aconseje abandonarla. La última vez que este periódico habló con Pantoja nos dejó muy claro que quería dejar el mundo de la música y jubilarse, cuando cumpliera los sesenta y cinco años. Pero, por lo que se ve, ya lo tiene muy olvidado. Ha firmado tres conciertos de ahora a noviembre, el primero, el 7 de agosto en el Festival Tío Pepe de Jerez, y el 5 y 6 de noviembre en el casino de la localidad chilena de Montazal. El resto de fechas están libres.

Mal bagaje para quien sigue sintiéndose una diva, diríamos que en decadencia, tanto que hasta se ha convertido en deudora de antiguos amigos, como es el caso de un empresario que le prestó una buena suma y cuando acudió a reclamarla le cerraron la puerta en las narices. Más llamativa es la actitud de la artista con la quiosquera jubilada Loli, que a sus ochenta y dos años de edad sigue sin cobrar los más de setenta mil euros que le prestó para que solucionara sus problemas legales. La vida de Isabel es un caos, hasta su propia hija ha dejado entrever que «está muy mal». Evidentemente, alguien se lo tuvo que decir, porque ya hemos aclarado que no se comunican desde hace meses.