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El regreso de Kiko Rivera a Cantora

La convalecencia de su abuela le impedía avanzar en la venta de su parte de la finca

Kiko Rivera llega a Cantora para despedirse de su abuela Ana
Kiko Rivera llega a Cantora para despedirse de su abuela Ana FOTO: Gtres Gtres

Kiko Rivera ha vuelto a Cantora un año y dos meses después de su última visita, en aquel traumático cumpleaños de su madre que significó un giro en su vida. Lo que vio le quitó la venda de los ojos y comenzó a escarbar en un pasado que recordaba nebulosamente por las insanas circunstancias que vivía. Firmas siendo menor, visitas a notarías en los recreos del internado, poderes notariales a un codicioso familiar... Kiko ha vuelto a pisar esa tierra que le pertenece. Aunque su corazón estaba con su abuela Ana, su mente discurría por otros derroteros. El Dj ha tenido una frenética actividad en notarías y despachos de abogados. Estaba en conversación con un grupo inversor interesado en su parte de la finca, pero la presencia de su «yaya» y su convalecencia suponía el único freno para las negociaciones. El abrazo que buscaba en su madre, tras el fallecimiento de su abuela, podría ser el que se dan dos contendientes antes de un combate. Kiko ni perdona ni olvida. Para él su única familia son su mujer, Irene Rosales y sus hijos. Su hermana está en un limbo y su prima Anabel, en cuarentena. Ahora tendrán que decantarse por uno u otro lado. Él se muestra seguro. La vida le sonríe, tras años buceando en la sordidez de los excesos. Ha recuperado la pasión por su música, ha vuelto a los escenarios y cosecha éxitos en la red «twitch» e incluso, ha abierto una nueva de negocio de su propio problema. Hablamos de kantoraismine.es, un portal de venta de «merchandaising» relacionado con la finca que le separa irónicamente de su madre.

Malas compañías

Pero para mantener esa buena sintonía, debe evitar malas influencias. Irene ha sido su tabla de salvación, la persona que más ha sacrificado y perdonado. Su entorno no tiene tanta confianza. Un familiar de Irene la aconsejó que buscase asesoramiento con Pepe Gómez «el Marismeño», que está al frente del Instituto Galeno, especializado adicciones. Los terapeutas sugirieron que Kiko se aislara durante un tiempo, pero el Dj no ha seguido estos consejos. Irene Rosales sigue confiando en Kiko, pero no ciegamente, no le perdonará más. Ya ha agotado todos sus comodines y no podría perdonarle una nueva recaída o una infidelidad. Ahora que por fin va a tomar posesión de lo que queda de la herencia de su padre y mira a un futuro profesional con optimismo, un error le podría llevar al abismo de un pasado que está a punto de enterrar.