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¿Las marcas de bikini son bellas o una ordinariez?

Estas vacaciones se han convertido en las protagonistas del verano

Las marcas dejadas por el sol
Las marcas dejadas por el sol FOTO: Instagram larazon

De la reina del verano, Anabel Pantoja, a la influencer de familia numerosa Verdeliss a Victoria Federica Marichalar, todas postean en sus redes sociales son marcas de bikini. ¿Qué esto? ¿La marca es bella? El genial Adolfo Domínguez se hizo muy conocido en los 80 gracias a la frase ‘La arruga es bella’ que protagonizó, prácticamente, toda la moda de aquella década. En el siglo XXI, parece que podemos darle la vuelta a la afirmación del modisto gallego y, visto también el gusto por exhibir el cuerpo que nos acompaña, nos atreveríamos afirmar que ‘la marca es bella’. ¿O no? Porque también son incontables las personas que afirman que sobre gustos no hay nada escrito y yo solo tengo que girar la cabeza para encontrar en mi biblioteca más de 20 libros sobre ello. ¡Y estos solo son los publicados en los últimos cinco años! Vamos, hasta Balzac tuvo a bien dedicar unas líneas al estilo y a cómo nos vestimos.

Desde que la humanidad se comenzó a tapar se ha preocupado de cómo vestirse e, incluso, de cómo desvestirse. Lo de tomar el sol es algo más moderno, eso es cierto, ya que no fue hasta el siglo XX cuando las clases privilegiadas le encontraron la gracia a pasarse horas tumbados como lagartos. Y claro, cosas de la melanina, donde Lorenzo tiene a bien darnos fuerte, nos ponemos moreno. Donde sus rayos no tocan nuestra piel, seguimos blancos.

Hace no mucho tiempo se puso de moda la barbaridad de buscar crear formas con las quemaduras del sol. Gracias a Dios, aquella tontería nos duró poco. Lo que parece más complicado es abordar el problema de la marca del sol cuando el bikini tiene tirantes o cambiamos la braguita ancha por alguna más estrecha. ¿Resulta realmente elegante?

Por desgracia, no. No termina de resultar bonito lucir un escote al aire cuando nuestra piel todavía está marcada. La solución, todo hay que decirlo, no es muy complicada. La primera opción es buscar prendas que no se cierren al cuello, o sea, que no tengan escote halter. La segunda, más fácil todavía, darnos el gusto de mostrar el pecho al sol durante un rato. Vamos, hacer top less o dejar que se vean «las domingas», que diría con muchamás gracias que yo la inolvidable Sara Montiel. Otra cuestión es si sigue de moda los de mostrar el pecho en la playa (no, ya les avanzo la respuesta).

En esto parece que no se han aplicado todavía algunas de nuestras famosas. El más claro ejemplo estos días ha sido Anabel Pantoja, que no solo se ha atrevido con los senos (que también los mostró en la isla de Supervivientes) sino que también nos ha sorprendido a todos con un posado desnudo con la Puerta de Alcalá de fondo, una foto que seguramente hizo a muchos replantearse la canción de Víctor Manuel y no tenían muy claro para dónde mirar. Eso sí, ella las marcas las lleva en el trasero, y no tiene problemas a mostrarlas cuando se cambia de modelito. ¿Elegante? No mucho, pero al menos tiene la excusa de estar en la piscina.

Otro problema es el de la influencer navarra Verdeliss, que ha buscado reivindicar el derecho femenino a vestir como una quiera mostrando las marcas del bañador. Y, a ver, que nadie somos aquí nadie para decirle a otro lo que tiene o no que hacer, pero que si alguien viene a preguntarnos… Amiga, fino, lo que se dice fino, no resulta. Ahora, que lo haces porque así eres feliz, ole tú y tu descendencia. Te aplaudimos.

La que seguro que puede tener más problemas es Victoria Federica, la hija de la Infanta Elena y Jaime de Marichalar, que no se sabe si en un descuido o pensando que nadie lo iba a notar, uno de sus Stories revelaba recientemente la enorme marca que le habían dejado los tirantes de su bikini en el escote que lucía en una más de las fiestas a las que se está acostumbrando a acudir. Mucho se ha hablado estos días de lo que podía costar la foto de la Reina Letizia en bikini, pero visto el problema que pueden surgir con las marcas, para qué arriesgarse a una crítica más.