Gente

Tamara Falcó: el divino motivo por el que ha atraído al resto de mortales

Coronada como la «marquesa del pueblo», la mediática ruptura de la marquesa de Griñón e Íñigo Onieva ha acaparado la atención de toda España. ¿Por qué?

Es el amor y con qué intensidad nos lo está haciendo vivir Tamara Falcó. En un santiamén ha mudado de novia remilgada a maestra del ilusionismo y artífice de una improvisada campaña de imagen cuya mayor astucia es su espontaneidad. Durante años se tomó el placer de ser cursi para decir cuánto amaba a Íñigo Onieva. Desde la uña hasta el alma y sin recortar por ningún lado. Tenía que amarle y lo hizo con infantilismo, locura y pasión. Pero apareció el vídeo de la traición y, cuando España se disponía a presenciar Capuletos y Montescos 3.0, Julieta cambió el segundo acto de la tragedia por una sátira moralizante en la que el novio acaba resultando el burlador burlado.

Podría haber sido un déjà vu -¿acaso la infidelidad no es un clásico?-, pero la marquesa de Griñón, vestida de elegante blanco y negro, consiguió que el novio tuviera que purgar por todos los cornudos de España. Y el avestruz, que alcanza la altura de un jinete montado a caballo, acabó hincando la cabeza en la tierra. «Fueron seis segundos o un nanosegundo en el metaverso», replicó Onieva. ¿Qué importaba ya el metaverso en su mundo reducido al demonio y a la carne? Y ella, muy devota, vino a decir que cada uno tiene la parte que Dios le da, que para palabrejos ya está el que esta vez ha salido en su auxilio: la sororidad, una alianza que ha caído sobre él con todo su peso.

Es una de las razones que explican el huracán que ha desatado la ruptura de Tamara Falcó, coronada nueva reina de corazones 3.0. Javier López Menacho, especialista en comunicación y reputación digital, lo analiza para LA RAZÓN. «La sociedad ha cambiado y hay un ambiente muy sensible con el padecimiento de la mujer, en general. Es una especie de lección social aprendida que contrasta con la reacción que encontró Chenoa, cuando mostró su dolor por la ruptura con Bisbal de aquella manera y en chándal. Entonces se la ridiculizó».

López Menacho encuentra que la gestión emocional de su crisis, quitando la foto y eliminándole de su vida virtual, como haría cualquier ciudadano, no puede ser más favorable de cara a elevar su imagen. «Las marcas que tienen un target fundamentalmente femenino buscarán este icono que está despertando tanta atención en la sociedad», dice. Pone en valor el hecho de que no sea una gestión de marca estudiada y la propia viralidad, algo que no le extraña teniendo en cuenta que ha sido un noviazgo nacido y vivido en las redes sociales, de principio a fin. «Es una relación de espíritu viral. Se fundamenta y organiza públicamente y no se entendería de otro modo. Al ser viral toda la narrativa de la pareja, es también jugosa y muy apetecible para las marcas».

Tamara Falcó junto a Íñigo Onieva.
Tamara Falcó junto a Íñigo Onieva. FOTO: GAA GTRES

El huracán Tamara

Más allá del enfoque comercial, está la fascinación que provoca el desengaño amoroso de una aristócrata. «El sufrimiento la humaniza y cualquier persona engañada puede ver en esta chica su espejo. La comunidad en internet juzga de acuerdo con sus valores y han tomado partido por ella porque empatiza con el dolor de una ruptura inmediatamente después del compromiso. De nuevo, a las marcas les parece seductor tener una figura de relevancia que cuenta con la empatía de una comunidad».

Rosa Navarro, psicóloga de Diversual, ve normal esta tendencia a conectar con celebridades y personalidades públicas. «La infidelidad y los límites que la enmarcan -explica- es una circunstancia por la que un gran porcentaje hemos transitado. Además, este suceso abre el debate sobre una situación que genera bastante polémica, como es la monogamia, sus límites y nuevos tipos de relaciones sexoafectivas. Tanto si se elige un estilo de vida sexualmente abierto como una relación monógama, ser sincero contigo y con el resto de personas con las que te vinculas es vital para alcanzar relaciones afectivas sanas y satisfactorias».

Sus lágrimas han revolucionado incluso a la prensa extranjera, pero el «Daily Mail» ha estado más acertado refiriéndose a ella como «la hermana aristocrática de Enrique Iglesias» que como la Kim Kardashian española. Igual que en el caso de Tamara, se sospecha que la matriarca del clan, Kris Jenner, pudo filtrar unos vídeos. Ni en el contenido ni en la intención se le parecen. Lo que sí se puede decir es que Tamara ha dejado de ser la heredera de Isabel Preysler. Cada una tiene su trono en el reino de corazones y su proyección pública es diferente.

El huracán Tamara, que ahora ha pasado a una escala mayor, empezó en MasterChef Celebrity, aunque ya nos había enganchado. Por su sonrisa tontuela, sus titubeos al hablar, por su pijerío, porque quiso ser monja o por su calamitosa manera de amar. Juan Salazar, que participó con ella, cuenta a LA RAZÓN que a él mismo le ayudó a romper prejuicios. «Es generosa, cercana, divertida y excelente persona. No me extraña que todo el mundo saque el pañuelo para llorar porque tiene una bondad que ojalá se viese en mucha gente. En el concurso nos encandiló a todos».

Desde entonces, no ha dejado de cerrar contratos publicitarios y tiene saturada su agenda hasta finales de 2023. Es en Instagram, donde suma 1,4 millones de seguidores, donde mejor se apreciará el interés de las marcas. Desde el anuncio de su compromiso, no ha dejado de sumar audiencia, lo que hace pensar que, si antes ya cobraba por publicación un mínimo de 3.000 o 4.000 euros, su popularidad disparada le podría permitir sumar algún cero más. Seguramente también verá crecer su propia marca de moda, TFP, de la que ella es su mejor embajadora, y serán muchas las celebridades que querrán lucir sus diseños. Hasta ahora, mujeres como Blanca Padilla y Eugenia Silva han lucido trajes de su colección. Como creadora de moda, aplica la filosofía de Dona Karan, consistente en crear prendas que combinan fácilmente, y su particular concepción divina de la belleza, como reflejo de Dios. El fenómeno está muy lejos de tener fecha de caducidad. Ha demostrado que tiene fuerza en sí misma, sin necesidad de seguir la estela de su madre. Sin su refinamiento o saber estar. Así, en estado puro, sin filtro y sin medir nada, es como se la quiere. Son, como dijo su madre, «las cosas de Tamara». Y tienen tirón.