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El país más rico del mundo en mesas

Dicen que Él está muy contento porque, en su última visita a la Generalidad.

Margarita Robles, ministra de Defensa
Margarita Robles, ministra de DefensaLa Razón

Dicen que Él está muy contento porque, en su última visita a la Generalidad, Aragonès no le pidió tras su intervención que se llevara bajo el brazo la bandera de España para que después, en su turno, solo quedarán a su espalda, como siempre, la catalana y la de UE. No le dijo «Pere, tocayo, agarra el palo y llévate ese trapo a España», lo que se ha interpretado en Moncloa como un considerable avance en la convivencia hispanocatalana. Muerto 2023, observamos el panorama y vemos un país repleto de mesas, pero no serán mesas petitorias, como corresponde a un país lleno de pobres, sino de negociación política. A los políticos les chiflan las mesas casi tanto como nombrar comisiones: ambas sirven para simular que hacen algo. Hay mesas de diálogo de Él con Puchi, ERC, PNV, BNG, Bildu y Sumar. Luego, quizá también Sumar abra mesa con Pablo Iglesias a ver si por casualidad hay una posibilidad de apaño en el futuro o la guerra es definitiva. Mientras, Podemos celebra mesas con ERC, Bildu y BNG para aunar estrategias.

Está la mesa entre Gobierno y PP, con la UE como supervisora, para renovar el CGPJ; la que abrirá Bolaños con los jueces y fiscales, y la de la Yoli con las fuerzas progresistas gallegas para mangarle la cartera a Rueda. Más: está la mesa de diálogo entre Margarita Robles y Sumar para ver cómo arreglan la presencia de la Armada española en el Mar Rojo para defender el tráfico marítimo de los ataques de los hutíes. La Yoli no quiere ir contra los terroristas proiraníes, amigos de Hamas. Cuentan las lenguas viperinas que Margarita le insiste cada día: «Pero Yoli, mujer, si es el Mar Rojo, ¡Rojo!».

No quiere mesa ni aunque Margarita pague los percebes.