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Fin del «efecto Rubalcaba»

Tiempo de lectura 4 min.

19 de noviembre de 2010. 00:51h

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19/11/2010

El impulso político y electoral que prometía el llamado «Gobierno Rubalcaba» se ha esfumado en apenas un mes. La velocidad a la que se ha deteriorado la credibilidad del nuevo gabinete ha sorprendido a propios y extraños y ha sumido, de nuevo, a la militancia socialista en una postración melancólica, como reflejan nítidamente las últimas encuestas. Nada queda ya de la euforia que suscitó en el PSOE aquella remodelación de Zapatero, al que los barones del partido apremiaron como catársis interna y con el propósito de remontar ante los próximos comicios. Si hace quince días algunos sondeos detectaban una cierta recuperación del voto socialista, el difundido ayer por Antena 3 y Onda Cero otorga una ventaja de 13 puntos al PP sobre el PSOE; es decir, Rajoy recupera la ventaja previa al cambio de Gobierno. De celebrarse ahora las generales, los populares obtendrían mayoría absoluta, con el 45,1% de los votos, frente al 32,1% de los socialistas. Del barómetro se desprende que el partido de Zapatero sufre un doble castigo: en forma de abstención de su votante tradicional y mediante una fuga hacia IU y UP y D. En suma, las expectativas electorales de los dirigentes socialistas sufren un duro revés, tanto más doloroso para ellos cuanto se había hecho ilusiones sobre su pronta recuperación. No cabe duda de que la crisis del Sáhara es la causa principal de un hundimiento que es mucho más profundo que un simple traspié. Ya no se trata sólo de que el Gobierno la haya gestionado con torpeza y a rebufo de Rabat, de forma humillante y deplorable. Además, tres peones clave, como Pérez Rubalcaba, Trinidad Jiménez y Ramón Jáuregui, han salido abrasados de las arenas saharauis: el primero, por extender la alfombra roja al responsable de la represión en El Aaiún; la segunda, por no haber dado la talla ante el primer envite serio que se le ha planteado como titular de Exteriores; y el tercero, por su conocimiento superficial del contencioso. Pero lo más dañino de todo, lo que traerá funestas consecuencias electorales para los socialistas es la deslealtad del Gobierno hacia  la causa saharaui, que durante décadas ha sido una referencia moral de la izquierda y un icono de sus reivindicaciones, un acicate del voto y una bandera aglutinadora. Al afirmar Zapatero que en las relaciones con Marruecos priman los intereses sobre los principios, el secretario general del PSOE descargó una paletada de tierra sobre los moribundos anhelos del pueblo saharaui. Para la activa militancia socialista ha sido otra decepción más que añadir a la lista de frustraciones que encabezan el recorte de los derechos sociales, la huelga general y el aumento del desempleo. El conflicto del Sáhara ha reducido a cenizas el «efecto Rubalcaba» y ha puesto en fuga a los hombres fuertes del PSOE, empezando por José Blanco y terminando por Leire Pajín. Pero el vicepresidente primero es el peor parado y su prestigio acumulado, que en buena medida trae aparejado la cartera de Interior, ha sufrido un severa merma. La foto con su homólogo marroquí sin haberse esclarecido los hechos no será inocua. Es verdad que ha hecho de parapeto de Zapatero, pero eso no cotiza en política.
 

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