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Xabi Alonso, el metrónomo del equipo, hizo los dos goles

España tumba a la Francia invisible

«La Roja» apenas encontró rival y sólo la fatiga retrasó la sentencia del «gallo». Xabi Alonso, el metrónomo del equipo, hizo los dos goles

  • España tumba a la Francia invisible
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Tiempo de lectura 4 min.

23 de junio de 2012. 19:31h

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23/6/2012

«La Roja» jugará la semifinal  contra Portugal el miércoles, después de tumbar a Francia por un angustioso 2-0, que se hizo esperar. España, muy cansada hacia el final, fue muy superior a «les bleus», derrotados por primera vez en un partido oficial por los vecinos del sur. Alonso, magistral, hizo los dos goles, el 1-0 al principio y el 2-0, de penalti, en el 91. ¡Aleluya!

Contra «La Roja» no se debe jugar dejando cabos sueltos, como no los dejó Italia, como lo intentó heroicamente Croacia y a Francia se le vieron las gualdrapas. Blanc quiso transformar una selección de toque y ofensiva en otra ultradefensiva, «cuatrivótica», y patinó. Purgó a los protagonistas de la bronca tras la derrota ante Suecia y alineó dos laterales derechos, Debuchy delante de Reveillere, y en la media a Malouda por Nasri, uno de los repudiados. Sacrificó su esencia, impresionado por el fútbol de España, por su estilo, que Del Bosque no alteró y que prolonga desde 2006 con los retoques oportunos. Esta Francia era invisible, tan floja que cuando terminó el primer tiempo, el 1-0 era un resultado timorato porque a los españoles les faltó velocidad, la que exhibe Alemania, para acogotar definitivamente al «gallo».

Del Bosque, seguro que por el peso y la púrpura de Francia, recuperó el once que alumbró contra Italia. ¿Miedo? Respeto; no renunciaba a su identidad. De nuevo, Cesc Fàbregas titular; de vuelta al falso 9, una manera de incrementar el físico en el centro del campo de un equipo al borde de la extenuación –demasiados jugadores por encima de los 50 partidos; rayanos en los 60, algunos–. El esquema no fija a los centrales contrarios con una pieza sustancial, el ariete, pero intenta distraerlos con tres elementos frente a ellos por delante del balón, Iniesta, Silva y Cesc, en este caso. Lo deseable, antes de que el árbitro Rizzoli indicara el comienzo, era que no se solaparan, que Silva y Cesc intercambiaran posiciones, pero que no confluyeran. En cualquier caso, la escenografía francesa debió satisfacer a Del Bosque, quien horas antes del partido había declarado: «Si Francia sale replegada, nos beneficia». Había que verlo... Y se vio. A los 19 minutos, gol de Xabi Alonso. Pase de Iniesta hacia la izquierda, se interna Jordi Alba, deja tumbado a Reveillere, ve al tolosarra desmarcado en el segundo palo, centra y el cabezazo de Alonso hace inútil la estirada de Lloris.

Ese gol debió llegar mucho antes, a los 6 minutos, si Rizzoli se hubiera atrevido a señalar el infantil penalti de Clichy sobre Cesc, a quien empujó como sin darse cuenta. Fue la primera señal de la debilidad francesa, de la Francia invisible y más floja que se recuerda; enganchada atrás con dos líneas de cuatro y encomendada a la inspiración de Ribery y Benzema, estrechamente vigilados.

Blanc montó un dispositivo defensivo al estilo de Croacia, pero sin aquella maldita, perturbadora y agobiante presión; esperaba a España, confiada en que se desgastara para, en el segundo tiempo, aprovechar su cansancio. La fatiga era evidente, y si David Silva hubiese estado tan acertado y preciso como Alba y Alonso, el metrónomo de la Selección –pasa, corta, coloca y hace gol–, la distancia entre los dos equipos habría sido abismal antes del descanso.

Tras el intervalo, calentaban Nasri, Giroud y Ménez. Blanc empezaba a acordarse del fútbol y Del Bosque respondía con Torres, Pedro y Albiol. Mientras, Arbeloa continuaba con la autopista abierta y Francia adelantaba líneas para aumentar la presión sobre el característico tiqui-taca español, aquejado de una preocupante falta de profundidad.

Pero Del Bosque no introdujo cambios hasta que los hizo Blanc, que retiró a Debuchy y a Malouda para jugar al ataque (4-2-3-1) con Nasri y Ménez. Pedro entró por Silva, agotado, y a continuación Torres por Cesc. Lo inmediato fue un centro del canario que terminó en córner porque Reveillere se adelantó al «Niño».

Francia ya quería el balón y lo conservaba; intentaba el asedio en busca del empate y el protagonismo de Sergio Ramos y Piqué, espléndidos, aumentaba en idéntica proporción a la ambición gala. Iniesta se echaba agua en las piernas, Arbeloa abría la boca, Xavi se quedaba arriba y la precisión en los pases, de Busquets, de Iniesta y de Alonso ya no era la del primer tiempo. No fue casual la acertada intervención de Casillas a tiro de Ribery. Blanc también lo vio y, como aquella Croacia que se jugó el todo por el todo en los últimos diez minutos, recurrió a un delantero más, Giroud, y retiró a M'Vila. «Les bleus» no habían hecho nada, sólo perdían 1-0 y los españoles no podían disimular el cansancio. Hacía falta oxígeno y el banquillo añadió una nueva porción: Cazorla por Iniesta. Pero era preciso terminar con la angustia, consecuencia de la leyenda que envuelve los encuentros oficiales entre España y Francia, y marcar el gol de la tranquilidad. Ocurrió. Pedro, con el 7 de Villa, pisó el área y Reveillere le derribó. Penalti en el minuto 90.

Xabi Alonso, en su centenario internacional con «La Roja», colocó el balón, cogió la carrerilla justa y marcó, divinamente, y sin aspavientos lo celebró. Este tanto sí valió, no como aquel que le anularon en Suráfrica contra Paraguay. Con el 2-0 ya no había vuelta atrás. España, con toda justicia, derrotaba por primera vez a Francia en partido oficial y estaba en semifinales. Por fin, justicia.


Pedro debuta y da velocidad al equipo

Si hay algo que le duele a Del Bosque es mirar al banquillo y ver a todos los jugadores –titulares en sus equipos– que se van a quedar sin debutar. Por eso ayer dio entrada a su jugador número 16: el 12 es Cesc o Torres, según el día; el 13, Navas; el 14, Cazorla; el 15, Negredo; y, ayer, Pedro, el decimosexto. Fue el más activo. Entró y aportó una marcha más al equipo.

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